
Dos cosas inevitables: que se acabaran los pañitos para limpiar las lágrimas de los Congresistas y que colapsaran los servicios médicos, porque el Decreto les produjo taquicardia.
Les ha dolido en el alma. Las clínicas de la clase alta, estaban colapsadas esta mañana. ¿Los enfermos? Congresistas y personas vinculadas como UTL. Tienen taquicardia. Y episodios de ira incontenible.
“Que se muera Petro”, murmuran entre dientes. Ofendidos.
Y una monita toda exuberante que trabaja conmigo y que es fiel a una congresista vallecaucana, muy cercana ella al tema de la salud, me dijo: “Lo peor que le pudo ocurrir a Colombia, fue ese ojbrotado”
Me quedé pensando y abordé de nuevo a la chamaca que me hace evocar a la Caponera, con su pelo largo y suelto. Sí, adivinó. La protagonista de la novela “El gallo de oro”, Juan Rulfo.
–¿Cuál ojibrotado, Claudita? De La Espriella…
–No, ese Petro.
–¿Y por qué lo dice, mi Clau?
–Por perjudicar a los Congresistas. Es un infame–, me respondió, con los ojos inyectados en sangre.
Furiosa. Ella que anda en el transporte masivo de Cali…
¿Y cuál es el motivo de su indignación? El más reciente Decreto de la Nación.
El Gobierno del presidente Gustavo Petro expidió el Decreto 0030 del 19 de enero de 2026 mediante el cual se deroga el Decreto 2170 de 2013 que estableció la prima especial de servicios para los congresistas (senadores y representantes a la Cámara) equivalente a $16’914.540 mensuales.
Este nuevo decreto deroga el que dio origen a esta prima de servicios, el Decreto 2170 del 4 de octubre de 2013, expedido durante el gobierno del expresidente Juan Manuel Santos, cuando el actual precandidato a la Presidencia, Mauricio Cárdenas, se desempeñaba como ministro de Hacienda.
¿Y qué argumenta Petro?
Ya le cuento…
El decreto concluyó que “la remuneración percibida por los congresistas resulta desproporcionada en relación con el ingreso promedio de la población y con la realidad económica del país”.

Por ejemplo, Claudia, la caponera criolla. Es PS (prestadora de servicios) y ese contratico lo tiene hace años. Muchos.
Debe conseguir cincuenta votos para cada proceso eleccionario.
Tras los votos, te renovamos el contrato.
Así de sencillo.
Gana casi $4 millones, menos los deducibles, la seguridad social y el “diezmo” que le paga a su político.
Y es ella e infinidad de parroquianos de a pie, que no entienden bien el asunto, los que andan indignados.
Los Congresistas, furiosos. Sin embargo, se muestran prudentes. Aplican aquello que solía repetir el filósofo de Vijes: “El que tenga rabo de paja, que no se arrime a la candela”
¿Y será que tumban ese Decreto?
Pues no. Al menos así apunta todo. Le cuento:
En anteriores ocasiones, el Gobierno manifestó que puede amparar esta medida en la interpretación jurídica de la Ley 4 de 1992 y de la Sentencia C-608 de 1999 de la Corte Constitucional, que señala que el Ejecutivo no está obligado a reconocer este tipo de primas, sino que puede hacerlo dependiendo de las circunstancias.
Así las cosas, ya se anticiparon a echar lápiz. Esa platica—los $16 millones—no volverán a percibirlos.
Aun así, insistirán en la teta del Senado y de la Cámara de Representantes. Una buena teta—ojo, que esto no es ofensivo, sino muy criollo, muy colombiano–. Una ubre que exprimirán al máximo.
No sé por qué vino a la memoria la actriz, Dolly Parton, en sus mejores años, cuando debía mandar a fabricar los sostenes.
¿Y el “decreto de Llorente”? Como parroquianos, debemos apoyarlo, así a Otilio Tumbeleque le duela en el alma, sin ser congresista, pero es fiel seguidor de Uribe de quien dice, es el futuro salvador de Colombia.
Fernando Alexis Jiménez es periodista y publica las columnas “Crónicas de Macondo” en medios impresos y digitales. @CrónicasdeMacondo
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