SINDICATO UNITARIO DE LA GOBERNACIÓN DEL VALLE DEL CAUCA
NOSOTROSCONTACTO 07 Ene, 2026

Un mango y unas moñitas

Navidad de los pobres

Por Jhon Silvio Bohórquez C. – Colaboración especial


Había terminado la novena, con sus oraciones aprendidas de memoria y una fe sostenida más por la costumbre que por la certeza de nuevos y mejores tiempos. Afuera, la calle igual que siempre, la iluminación más bien floja, un par de huecos y mucho ruido, recordándonos que la Navidad no alcanza a maquillarlo todo.

Mientras la muchachada del barrio comía perritos calientes, la bicicleta apoyada en el andén parecía fuera de lugar, demasiado nueva para un entorno acostumbrado a repararlo todo.

La rifamos al final, los niños ya estaban cansados pero la esperanza de llevársela para su casa los mantenía atentos y felices. Después de muchas rondas por fin una niña dijo el animal ganador… ¡Caballo!

Cuando se supo ganadora se levantó con timidez, como si incluso la suerte tuviera que pedirse permiso. Caminó hacia su premio despacio, con una mezcla de alegría y desconfianza, como quien no termina de creer que algo bueno pueda ser para uno.

Hubo aplausos breves, sonrisas rápidas, entre grandes y pequeños brotó una emoción sincera, todos la conocían y se alegraron por que hubiera ganado. Pero la vida por allí no se detiene demasiado en las celebraciones.

Mientras recogíamos las sillas una señora (quizá su madre) se acercó, agradeció sin solemnidad ni discursos, sin ninguna pretensión de adulería barata, digna como la que más.

Luego me dijo, como quien cuenta un secreto sin importancia, que la niña nunca se habría imaginado que el niño dios le traería una bicicleta, que sólo estaba pidiendo… “un mango y unas moñitas pa’l pelo”.

La frase me quebró. Lo poco que pedía esa niña me hizo pensar en que nos precarizan hasta el deseo. En cómo la desigualdad no sólo organiza lo que se tiene, sino también lo que se imagina.

Hay niños que aprenden a pedir poco, no por humildad, sino por defensa: para que la realidad no les quede grande. Que una niña le pida al niño dios apenas una fruta y un adorno dice más de la desigualdad que cualquier informe o discurso.

La bicicleta no resolvía nada de fondo.

No cambiaba el barrio, ni las oportunidades, ni las ausencias, pero dejó al descubierto una herida vieja: en un país donde algunos niños aprenden a pedir poco para no decepcionarse, cualquier mínimo gesto de solidaridad parece desproporcionadamente grande.

Pero en el fondo surge una verdad de a puño, y es que en una sociedad estructuralmente desigual, nadie salva a nadie desde la caridad.

Por eso la tarea no puede limitarse a hacer fiestecitas y llevar regalitos en navidad, el día de las madres, o el día del niño, sino avanzar en garantía de derechos económicos, sociales y culturales, en el fortalecimiento de las economías populares, en un crecimiento económico con enfoque redistributivo, y justicia tributaria que tenga como base el principio de progresividad, y no la capacidad de lobby de empresarios que buscan beneficiarse con gabelas; para que nunca más una niña en cualquier barrio de Colombia tenga que conformarse, al rezar, con pedir sólo un mango y unas moñitas.



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