
El diálogo sencillo y desprevenido, con Lucía, una mujer que lo perdió todo en el atentado terrorista, evidencia la preocupación que asiste a los caleños.
A Lucía se le volteó el Cristo el día en que uno de los dos carros bomba instalado frente a la Base Aérea “Marco Fidel Suárez”, explotó. Claro, fue doloroso ver los cuerpos, al menos dos de ellos desmembrados, anticipo de lo que fuera el saldo final: seis muertos y más de setenta heridos. Para ella, una tragedia.
¿La razón? No es una, sino dos. Las imágenes que le tocó ver y que no ha podido olvidar y, en segundo lugar, su puesto rodante de venta de jugo de naranja, pastelitos y otras chucherías. Quedó destruido. De milagro, no se murió ella.
Llevaba más de siete años ganándose la vida, en la calle.
La zona que escogió, la pareció muy buena ubicación. Frente a la escuela de aviación. “Por aquí pasa mucha gente”, me dijo.
Estaba atendiendo a una persona cuando se produjo el estallido. Y aunque estaba lejos, la onda explosiva la tiró al suelo, desbarató su negocio con ruedas y causó tanto estupor al cliente, que salió corriendo con desespero.
Gritaba: “Mamá, mamá…”, como un niño pequeño y desvalido.
Recuerda el humo, los gritos, sonidos como de alarmas y sangre, de quienes recibieron el impacto de frente.
“Jamás había visto nada igual. Doloroso. Y de los causantes, decirles terroristas es poco. No parecen humanos,”, explica, trayendo a la memoria, como en una película, las imágenes de lo ocurrido la tarde del 21 de agosto.
El cielo le pareció ensombrecido. Luego comprendió que era por el humo.
Lucía no sabe qué será de su futuro. Con esos ingresos, se sostenía ella y le daba estudio en el SENA a uno de sus hijos. Ya diligenció una solicitud a la Alcaldía, pidiendo ayuda.
Pero otra cosa que para ella es vital es el traslado de las instalaciones de la Base Aérea.
Desde su perspectiva, hace mucho tiempo debió llevarse a otro lugar. Y no entiende por qué, aunque se ha hablado bastante de moverla a un espacio fuera, en la periferia, todavía continúa allí.
El debate está encendido en Cali. Unos a favor, otros en contra. Pero el que, en dos ocasiones, se hayan realizado allí atentados terroristas, amerita que cobre fuerza la sensatez.
La población civil corre peligro. Y no lo saben únicamente Lucía, sino los millares de transeúntes y quienes se movilizan por la zona en vehículos. Prefirieron escoger otra ruta.
No es solamente un tema importante, sino una prioridad.
Fernando Alexis Jiménez es directivo del Sindicato Unitario de la Gobernación del Valle del Cauca—SUGOV–. Escribe la columna “Crónicas de Macondo” que publica en diarios impresos y portales de Internet.