
Los habitantes en situación de calle, quienes enfrentan problemas de salud mental y adictos a alguna sustancia, un problema que el Estado debe asumir.
Pleno mediodía. El cielo plomizo amenazaba lluvia. Ni un atisbo de brisa, pero muchos coincidían: “Va a llover”. Un anhelo común en una ciudad como Cali, donde el calor torna difícil salir como otrora a caminar y no falta quien tema que el asfalto comience a derretirse y a pegarse en la suela de los zapatos.
Con un escenario así y el afán de unos y otros por encontrar un restaurante con mesa disponible, casi pasa desapercibido que un hombre de unos treinta años, cabello lacio, largo y grasoso, ropa con varios días sin lavar, calzando unas pantuflas y en la mano un tarrito con pegante de zapatos, fuera agredido a la salida de una librería.
Una señora le dio varios garrotazos con una escoba, un joven le propinó puntapiés ante la evidente aprobación de varios parroquianos que le gritaban: “Dale, dale”. ¿Y la víctima? Impasible. Estaba drogado. Alucinaba. Parecía no sentir nada, pero sin duda, la agresión era no solamente dolorosa, sino que dejaría secuelas en su espalda, brazos y el rostro.
Él solo atinaba a mirar a todos lados sin comprender lo que ocurría, sin la pretensión de huir, aunque lo estaban agrediendo. Insisto, estaba drogado.
¿Y el delito? Sustrajo un juego plástico para niños que, Luz Adriana—la propietaria del negocio—, me dijo que costaba quince mil pesos porque lo tenían en promoción.
El hombre entró con algo de disimulo; veía y a la vez no veía los titulares de los libros y, en un descuido, metió el artículo en una bolsa negra. Luego salió corriendo. Ahí fue donde comenzó todo…
Y la pregunta: ¿Es válido tomarse la justicia por mano propia? Y otra más: ¿De quién es la responsabilidad de velar por los ciudadanos que habitan la calle, los que tienen problemas mentales y de quienes son adicto a alguna sustancia, la que sea?
Sin duda, es un problema de Estado. Y deben incluirlo en sus agendas los aspirantes al Congreso, a la Presidencia de la República, a las Gobernaciones y a las Alcaldías. Y ayudar a resolverlo…




