
Hasta tanto consideremos enemigos a quienes piensan distinto, no podremos superar el ambiente de agresividad que nos rodea y que empaña con dolor nuestra cotidianidad.
El paso del tiempo no ha permitido olvidar la página dolorosa de la historia cuando 16 indígenas cuibas fueron asesinados por llaneros del Arauca, en una jornada que se prolongó por varias horas y que los autores consideraron una proeza porque habían acabado con el “enemigo” o bichos, como les llamaban.
Los hechos ocurrieron en las riberas del río Capanaparo, el 27 de diciembre de 1967, y los protagonizaron quienes se consideraban dueños del territorio y veían en los hombres, mujeres y niños procedentes de un caserío, a invasores que solo vivían para comer los animales y los cultivos ajenos.
Los invitaron a una vivienda, les sirvieron comida en un platón grande y, al verlos ocupados, el capataz asistido por varios trabajadores emprendió la masacre con ayuda de armas, garrotes y machetes.

Múltiples crímenes se han cometido contra los indígenas en Colombia.
Entre las víctimas había al menos cinco niños. Uno fue estrellado contra una roca.
Lo más escalofriante no fue solo la brutalidad, sino la naturalidad con la que los asesinos lo relataron ante el juez en Villavicencio años después. “Yo no sabía que era malo matar indios”, dijo uno de los autores. Para ellos, y para generaciones de colonos en la frontera con Venezuela, sumida en el olvido del Estado, el indígena no era persona, sino un enemigo.
Los etiquetaron como peligros y, por ese motivo, matarlos era lo más natural. De hecho, creían hacerle un favor a la sociedad.

Históricamente los indígenas han sido blanco de ataques y estigmatización.
Esta tragedia viene a mi memoria al reflexionar en la costumbre que no hemos logrado superar, de etiquetar como enemigos a quienes no piensan igual, a quienes votan por alguien distinto al candidato que apoyamos o, simplemente, que piensan diferente.

Por las etiquetas se rechaza, ofende, agrede, asesina. Y de cara a nuestro inmediato futuro, la necesidad de desescalonar la violencia y el lenguaje, borrando de una vez para siempre, los rótulos que le ponemos a las personas alrededor.
Los enemigos los construimos usted y yo, están en nuestro corazón, no en el entorno…
@CrónicasdeMacondo
Fernando Alexis Jiménez es periodista y publica su columna Crónicas de Macondo en medios impresos y digitales.





