
Muchas de estas organizaciones emergentes, debilitan la lucha de los trabajadores. Las promueven los empresarios para dividir o acabar con los sindicatos que ya existen. Señales de alarma.
La apuesta es sencilla. Consígase veinticinco parroquianos, haga una reunión, levante un acta y, listo, rumbo al Ministerio del Trabajo.
Haga depósito de los documentos, incluyendo unos estatutos básicos.
En pocos días recibirá la notificación. Ya está creado un sindicato.
En Colombia hay más de doce mil. De ese volumen, comprometidos con la causa de los trabajadores, se estima que hay cerca de 600. No más.
Eche lápiz.
La tasa de trabajadores y empleados sindicalizados es mínima, pero lo que sí pululan como la yuca o la papa, son los sindicatos de papel.
Los hay de todos los talantes. Unos argumentan una cosa y otros otra. Los hay con ideología uribista, los afines a Vargas Lleras, los que dicen que Abelardo de la Espriella es el mesías y los que están a favor de Federico Gutiérrez.
Y los hay que permanecen en el tiempo, sin crecer y, por el contrario, disminuyendo, pero siguen ahí. Vivos, debilitando a quienes luchan por la defensa de los trabajadores, sean estatales o del sector privado.
Esas organizaciones de papel terminan haciéndole el juego al sistema.
En el caso del Valle del Cauca, algunos de esos sindicatos promueven comunicados veintijulieros apoyando a los mandatarios. ¡Lo que nos faltaba! No sacan la cara por los empleados, pero sí por quienes fungen de patronos.
Todo en nombre de la lucha obrera. Lobos vestidos de ovejas. Rapaces. Aprovechados. Se favorecen con el fuero sindical y de las arandelas que han conquistado los trabajadores organizados.
Las luchas reales no son de ahora, sino de muchos años.
Pero llegan los paracaidistas y sacan provecho.
Escuché de un sindicato que nacería con la pretensión de participar en los petitorios, posicionando las peticiones que amparan los derechos de género.
¿Acaso las reivindicaciones laborales no acogen y benefician por igual a hombres, mujeres y lgtbi?
Puro cuento para dividir. Los trabajadores somos todos en Colombia, indistintamente de su género y las conquistas laborales, son para todos.
Pero esa estrategia que divide y busca deslegitimar a los sindicatos históricos, está tomando fuerza.
Legalmente no se puede impedir que se multipliquen como papa en cualquier terreno. Pero sí podemos crear conciencia del enorme perjuicio que provocan.
Y, para terminar, una frase del filósofo de Vijes: “Mi madre es una santa y cualquier madrazo, me resbala”
Traigo a colación estas palabras de un parroquiano que se hizo famoso en el atrio de nuestra parroquia local, por si alguien me acaba de recordar a mi progenitora.
Había que decirlo y se dijo. Simplemente. @CrónicasdeMacondo
Fernando Alexis Jiménez es periodista. Publica la Columna “Crónicas de Macondo” en medios impresos y digitales. @CrónicasdeMacondo
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