
Publicada en 1982, la novela de Germán Castro Caycedo cobra hoy más vigencia que nunca, particularmente en regiones donde persisten el olvido y la explotación humana.
De Germán Castro Caycedo tengo los mejores recuerdos: como conferencista, como periodista, como cronista y, por supuesto, como escritor. Y una de sus narrativas sin parangón literario en Latinoamérica es “Mi alma se la dejo al diablo”. Por muchas razones. Una de ellas, porque denuncia las condiciones de esclavitud y explotación social que perviven en el tiempo. Sí, aquí, en nuestra Colombia.
Son dos historias paralelas que convergen en un final sorprendente. Sobre las travesías del aserrador Óscar Rivera y del campesino Benjamín Cubillos.
Describe paisajes selváticos extraordinarios e inverosímiles en los ríos Apaporis y del Yari y el Araracuara donde hubo un penal de los más inhumanos del mundo. Denuncia entre líneas a quienes se enriquecen a partir del sufrimiento de los más vulnerables.

Los hechos ocurrieron en 1971 pero la novela, como tal, se publicó en 1982 después de un dispendioso proceso de reconstrucción de los hechos.
Hay historias de dolor, sufrimiento y muertes que se pudieron evitar. Y en medio de todo esto, las caucherías y la explotación humana a partir de generar ilusiones entre los desempleados. La otra Colombia que necesita un desarrollo sostenible.
Si no ha leído esta novela, se la recomiendo. “Mi alma se la dejo al diablo” es cruda, real e inolvidable. No es solo el relato de una expedición fallida; es la crónica de un choque brutal entre la ambición humana y la soberanía de una naturaleza que no perdona errores.

La novela nos recuerda que el “progreso” y el ego se desintegran rápidamente bajo la cortina de la selva.
La búsqueda de una riqueza esquiva (el oro, las tierras) suele ser el espejo de un vacío interno. El título mismo de la novela es una sentencia: cuando el hombre entrega su voluntad a la obsesión, el desenlace es la deshumanización. Una novela para leer y releer. Y para recordar que no puede pervivir la explotación del hombre por el hombre.
Fernando Alexis Jiménez – @CrónicasdeMacondo
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