
Anualmente se discute de cuánto será el salario mínimo. En este espectáculo, participan los actores principales: el presentador, los bufones y los malabaristas. Esta vez se excusaron las trapecistas.
Por estas calendas viajo en el tiempo a la lejana adolescencia cuando, diciembre que se respetara, era diciembre en que íbamos al circo. Lo montaban frente a Cosmocentro, sobre el costado oriente del Colegio Eustaquio Palacios.
Todo un acontecimiento. Los tres hijos íbamos felices para disfrutar del espectáculo en el que había un presentador, los malabaristas y los infaltables bufones. Permítame decirlo así, para no llamarles payasos. Ya entenderá por qué.
También por este tiempo se instala la Comisión Permanente de Concertación de Políticas Salariales y Laborales (CPCPSL). La integran gobierno, empresarios y centrales obreras.
¿Recuerda el circo? Pues pongamos en su orden, como en una metáfora, a los participantes de ese escenario.
El presentador, los bufones y los malabaristas.
Le explico: quien sale a presentar el espectáculo es el gobierno nacional, con el Ministro del Trabajo, Antonio Sanguino y su saludo: “Eche, vaina, tremenda mondá esa de negociar el aumento salarial”.
Luego, con vestidos coloridos, corbatín, zapatos muy grandes, una bola roja como nariz y peluca alborotada, entran los bufones. Sí, adivinó. Me refiero a los empresarios y dirigentes gremiales.
“No hay plata”, dicen a carcajadas, pretendiendo que los demás se contagien de su entusiasmo.
Como en mi otrora adolescencia, en los circos siempre tenían los mismos chistes. No variaban el discurso.
Y, por último, los malabaristas. En este caso, dirigentes obreros que procuran, con estadísticas y análisis sobre el comportamiento financiero, explicar la importancia de hacer un buen aumento a la remuneración de los trabajadores.
Ah, pero espere, se nos coló… ¿A ver? Sí, el señor de barbita medio cana que vende las manzanas acarameladas. ¿Lo recuerda? Sí, ya también adivinó: Armando Benedetti.
Este buen hombre que no se puede comer unas empanadas vallecaucanas acompañadas con champús o masato porque le da diarrea, está terciando en el espectáculo.
Por su origen estrato diez (jamás entenderé en qué momento aterrizó en la izquierda), les explica a los gremios que, si se sube el salario, se dinamiza la economía.
Los bufones se hacen señas. Parecen no entender. Como si les estuvieran hablando en lenguaje marciano.
Pero ya todos los asistentes saben en qué terminará este circo, en el que hay de todo: llanto, alegría, risas, desconcierto, expectativas, rabia. De todo.
El circo termina en que el presentador, en este caso el gobierno nacional, deberá decretar el salario mínimo para el 2026.
Será al final, cuando los malabaristas estén cansados y los bufones cambien su sonrisa pintada, por un gesto de desagrado.
“Van a quebrar el circo”, dicen mientras se alejan con rabia.
Así las cosas, mi expectativa y estoy seguro, también la suya: que este año el ajuste sea de dos dígitos. La clase trabajadora lo necesita.
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