
Son más de cien las personas desaparecidas en Cali tras el sismo de 7.4 grados que sacudió al país y que, en la capital, se sintió como si fuera el fin del mundo.
A don Armando Lopera Ulcué todos lo conocen en Brisas de los Álamos, en el norte de Cali. Invariablemente tenía una rutina de lunes y jueves de reciclar lo que encontraba. Pero no ha vuelto. De hecho, su hijo menor y dos de los nietos estuvieron recorriendo calles y pasajes preguntando por su paradero. Tiene 72 años, fortaleza a pesar de su edad y es muy lúcido. Pero no aparece.
Todos viven en El Pondaje, en el Distrito de Aguablanca, cuando llegaron como consecuencia de un desplazamiento forzado tras la agudización del conflicto armado, hace veinte años, en el noroccidente del Cauca.
Lo han buscado por todas partes, pero nada. Incluso, han pegado afiches elaborados artesanalmente con dos fotos suyas, imágenes que han fotocopiado junto a un número de teléfono grande y un letrero en la parte superior: “Desaparecido. Cualquier información es valiosa”
Los familiares creen que pudo ser víctima en una de las 45 edificaciones que colapsaron en la ciudad. “Él recogía material de reciclaje donde le dieran esa oportunidad.”, me contó su hijo y relató que se ganaba a los vigilantes de los conjuntos llevándoles pandebonos o buñuelos para el café. Nunca caen mal para merendar y le abrían puertas para llevarse el papel, plástico y aluminio que encontrara.

Con don Armando son casi 120 los desaparecidos en la ciudad. Algunos han ido apareciendo bajo los escombros. Pero la cifra antes que disminuir, tiende a aumentar.
Un drama que se torna interminable.
Cada vez más doloroso.
Como dijo en televisión una mujer a la que entrevistaron tras hallar el cuerpo de padre en un edificio que otrora era de los más elegantes y costosos en El Limonar, un sector privilegiado de la ciudad, junto a una autopista: “Descansé porque por fin tengo su cuerpo” Comprensible. Ahora podía terminar el ciclo del duelo.
Lo que no se comprende es que a la ciudad hayan llegado topos, que son rescatistas, provenientes de México y Venezuela y lo primero que les preguntaron es si tenían un seguro de vida. “De lo contrario no podrán estar aquí”, les advirtió un oficial de los bomberos de Cali, como lo denunció Héctor Méndez, un hombre de 80 años que, junto con más de cuarenta voluntarios, aparecen como ángeles de la guarda para extraer víctimas de los escombros.
Tienen su técnica, aprendida por muchos años, con fundamento científico y en otros casos, con aprendizaje empírico. Pero son eficaces.
@CrónicasdeMacondo
Fernando Alexis Jiménez es periodista y publica la columna Crónicas de Macondo en medios impresos y digitales.
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