
Un caso excepcional en medio de una juventud que casi no lee libros, esclavos de las redes sociales.
El café es sabroso, cerrero, y lo tomo sin azúcar, despacio. Ese fue el escenario. La joven que me atendió, formal. Se quedó viendo con detenimiento la bolsa de libros que acababa de comprar. Olvidó que venía a tomarme el pedido. Sonrió al ver los ejemplares. ¿Puedo verlos?, me preguntó. Por supuesto, le respondí.
Los desempacó con cuidado, leyó los títulos, los autores en la solapa y, luego, los capítulos en el índice. De cada uno de los cuatro libros. Sonreía. Disfrutaba ese momento y yo, al verla. Ella tiene más de veinte años, pero disfruta de los libros. Algo difícil hoy día cuando la juventud está pegada de los celulares.

“Me gusta leer”, se excusó y se dispuso a tomar el pedido. Se llama Érika. Trabaja en esa cafetería, diagonal al parque de los Poetas, en Cali, para pagar sus estudios de manicurista. “Luego ganaré más para estudiar negocios internacionales”, comentó. Convencida, con decisión.
Sabroso el café, pero más aquella escena. De una joven con sueños, que no se detiene ante las luchas de la vida, pero más aún, que le gusta leer. Recuerda a Kafka, Milán Kundera, Edgar Allan Poe, Vargas Llosa, Alejandro Dumas y a García Márquez. “Me gusta Gabo porque sus relatos son llenos de imaginación.” Me identifico con Érika. Nuestro Nóbel pasó a la historia como uno de los genios de la literatura.

“Quédate con uno de los libros. Te lo regalo con gusto”, le ofrecí. No me creía, aunque le estaba extendiendo la bolsa. Finalmente aceptó “La peste”, de Albert Camus. Feliz, como un niño con un juguete nuevo. Distinta de los jóvenes que andan preocupados por tener el último celular, el de moda.
Pensé en mi nieto y en tantos jóvenes. Aquellos que sueñan con terminar una carrera.
Rayaba el mediodía. Un calor fuerte en la Sultana del Valle. Un sol inclemente. Pero salí feliz. Erika es de los pocos jóvenes que leen. Ojalá siga cultivando su afición. Y el deseo de decirle al filósofo Iván: “Si ganás, no te olvides que hay juventud con ganas de estudiar, pero sin un peso en el bolsillo”
@CrónicasdeMacondo
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