
Los colombianos andan sorprendidos por los therians sino los capitalians. Esos son más comunes y pasan desapercibidos en la sociedad.
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No, no me preocupan los therians, unos muchachos alocados que se identifican con un perro o un gato u otro espécimen de la fauna. Su obsesión se les termina cuando, al mediodía, se sientan a la mesa esperando la sopa y los padres les dicen que sus alimentos están en el patio, a pleno solazo, en un platico azul de plástico. Pepitas remojadas con agua.
Palabras mágicas. Se quitan la máscara que suelen usar y la cola, y reclaman sus derechos como humanos. Los que no se pueden quitar la cola, algunas de varios metros, son los lagartos de la política que en una campaña se identifican con un partido y, cuatro años después, son de una orilla diferente.
Los benditos tienen la cola adherida al coxis y si se las operan, les sale de nuevo, completica, cuatro años después.
En la política, Petro se identifica con el Jaguar, Abelardo de la Espriella con el Tigre, Paloma Valencia con esa ave de corto vuelo que resulta hasta tierna y el expresidente Álvaro Uribe con… bueno, dejémoslo así…
¿Quiénes me preocupan? Ahora sí vamos al grano, como los dermatólogos. Les confieso, me preocupan los Capitalians.
¿Desperté su interés? Fabuloso. ¿Es usted uno de ellos? Bueno, ya le doy la descripción. Quizá sea uno de esos raros personajes que históricamente han permanecido y de los que nadie habla.
Los capitalians son los que, aunque ganan poquito, se quejan de los sindicatos y comparten la narrativa de los patronos, en el sentido de que en las organizaciones obreras “cada quien va por lo suyo”. Prefieren seguir sometidos, antes que apoyar la causa de los trabajadores.
Llegan al trabajo en tremendo carro, generalmente fiado y, para hacerse notar, les comentan a todos en la oficina que les “salió carísimo el arreglo”. De hecho, a finales de mes, andan consiguiendo plata prestada para la gasolina. Algunas veces “tiran quimba”, es decir se van a pie, desde su casa hasta la oficina. Si los pillan, argumentan que es por salud o que tienen pico y placa.
Los capitalians hablan pestes del gobierno de turno, pero jamás salen a marchar.
Cuando reúnen plata para celebrarles los cumpleaños a sus jefes inmediatos, dicen “cuánto hay que poner”, pero ocultan que el resto de la semana, al mediodía, toman gaseosa con dos empanadas en un negocito a la vuelta de la esquina. Se gastaron sus pesitos tratando de impresionar a los compañeros.
Cuando hablan de ropa, muestran sus zapatillas “originales” compradas en Chipichape, aunque provengan del almacén agáchese, allí en el centro. Los otros capitalians se pillan que esos “pisos” son de los baratos, pero se hacen los sorprendidos porque ellos también usan “tenis chivos”, es decir, marca gato.
¿Y en diciembre? No se diga más. No me toques ese vals porque me matan. Los capitalians se gastan el billete en trago fino, las mejores comidas, la ropa que encuentran en los sitios más reconocidos. Se toman selfies, las muestran en las redes sociales y venden la imagen de que “la poseen”. Es decir, son más pudientes que rico MacPato.
Lo triste es que los capitalians no llegan a fin de mes con un peso en el bolsillo. Andan saltando matojos para sobrevivir. Y algunos, les hacen coquitos a los “gota-a-gota”. Sin embargo, por vivir de las apariencias, todos están convencidos que tienen platica…
¿Ya comprende por qué no me preocupan los therians?
@CrónicasdeMacondo
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