
Una persona con discapacidad visual, en Cali, le enseña a todos los que lo ven y lo escuchan que, pese a las enormes dificultades, la vida es bella…
Usted puede estar haciendo lo que sea, que sin duda le prestará atención. Es más, no va a quedar indiferente. No es un coach de vida, pero como si lo fuera. En cuestión de segundos habrá llamando su atención y, pese al afán que tenga, escuchará su mensaje.
Un mensaje de fe, de esperanza, de superación.
“Me llamo Mario Gil Vallejo, soy invidente y con la venta de estas bananitas y mentas, me rebusco la vida”, dice con una sonrisa y una actitud entusiasta que esconde tras unas gafas oscuras. Una caja plástica transparente con la variedad de sus productos y el infaltable bastón blanco, con el que se afianza y se guía.
Mario ha convertido el transporte masivo de la ciudad en su oficina. El espacio donde pasa más de ocho horas. Y nadie se queja. Nadie. Por el contrario, lo animan.
“A las personas con discapacidad visual nos dan pocas oportunidades laborales en Colombia, por eso y para no ser carga para nadie, busco generar mis propios recursos con ayuda de todos ustedes”, explica.
Conoce la ciudad como la palma de su mano y sabe que, frente a la iglesia de La Ermita, venden los dulces que luego ofrece al público. Prueba cada uno. “¿Y este cómo se llama?”, pregunta. El dependiente del almacén le explica y Mario se graba toda la descripción, que repite al pie de la letra en los buses.
Un día cualquiera, de tránsito hacia la oficina, iba pensando en los mil y un problemas que a veces salen al paso y para los que, en apariencia, no hay solución inmediata. Solo queda pedirle ayuda a Dios. Y justo cuando estamos a la expectativa de una contestación… “Me llamo Mario Gil Vallejo, soy invidente y… “. Ahí estaba la respuesta, cuando menos lo esperaba.
La vida no es tan dura como a veces pensamos. Se pueden superar las dificultades. Y hay personas como Mario que nos enseñan, con una sonrisa, que la vida es bella…
@CronicasdeMacondo

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