
Es inevitable la agonía de lo escríbanos. Preocupa el destino de estos queridos viejos.
A Juan Ernesto Alomía “la edad se le vino encima sin carnaval ni comparsa” como la letra de la canción “Mi viejo”, de Piero. Y algo más: “El dolor lo lleva dentro y tiene historias sin tiempo.”
Tal cual, pensé, cuando lo encontré en la parte baja del Parque de los Poetas, frente al Teatro Municipal, allí donde termina la Calle Real que conecta con el Bulevar del Río.
Tiene 65 años mal contados, de los cuales lleva 37 trabajando como escribano. Se inició en el oficio en Buenaventura, a donde emigró proveniente de López de Micay.
Su afición por las leyes comenzó cuando era mensajero de Hernando Cartagena Gil, un abogado legendario del puerto que igual sacaba de la cárcel al borrachito que agredió a otro parroquiano después de embrutecerse con ron, un atardecer de domingo en El Caney, que al irresponsable que abandonó a su esposa y cinco hijos cuando conoció a una morena de caminar cadencioso y mirada perturbadora, cerca del emblemático faro de la ciudad portuaria.

De camino al juzgado, leía los documentos y se aprendió la jurisprudencia que, tiempo después, utilizaría en los documentos y memoriales que transcribe en su máquina de escribir, de las Olivetti viejas. Luego los transcriben, en un negocio del frente, en computador.
¿Cuánto se gana? Poco, apenas para sobrevivir y pagar el alquiler y los servicios básicos en un rancho de Los Naranjos, en el Distrito de Aguablanca, oriente de Cali. Vive solo con su esposa. Los tres hijos ya se fueron de casa y se rebuscan en lo que sale.
Juan Alomía conoce mil y una historias y me quedé escuchándolo por minutos que se volvieron horas al punto que llegué tarde a la oficina. ¿Hasta cuándo trabajará? Hasta el día que pueda, porque las cataratas lo están cegando y tiene artritis. Con su esposa tienen expectativa de que el gobierno nacional aumente el aporte a las personas de la tercera edad.
“Anhelo que, quien llegue a la Presidencia, no se olvide nosotros los viejos”, me dijo cuando nos despedimos.
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