
Liliana del Carmen Campos Puello, la Madame de Cartagena, fue capturada el 28 de julio de 2018. Ocupó la primera plana de los diarios, revistas y titulares de noticieros de televisión. Conozca su historia.
Por mucho tiempo su nombre circuló en un ambiente cerrado, principalmente de empresarios y hombres pudientes. Tener acceso a su número de celular era, para muchos de ellos, como si llegaran al pináculo del monte Everest y, aún así, les quedara aliento para descender tan campantes como cuando iniciaron la aventura.
En el listado de beneficiarios de sus servicios, se encontraban también artistas, deportistas y personas con amplio reconocimiento nacional e internacional.
Al referirse a la altura de las fiestas que armaba, principalmente en yates y viviendas lujosas, dijo: “En un evento no se aceptaba vulgaridad… Si te destapabas de esta parte para acá, tenías que taparte todita. Exigía mucha clase.”
Liliana del Carmen Campos Puello, conocida como “La Madame” habló sobre las tremendas rumbas que organizaba y en las cuales la noche se confundía con el amanecer y con el mediodía y otra vez con la noche.
Los detalles los entregó al Programa “Más allá del silencio” del periodista y escritor colombiano, Rafael Poveda.
Para conseguir una amplia variedad de “oferta” para sus clientes, reclutó alrededor de 3000 jovencitas, a muchas de las cuales inició en el negocio de la prostitución. Por supuesto, ella niega que fuera proxenetismo.
Dice que simplemente vinculaba a las muchachas en el “negocio del acompañamiento” a hombres. Un eufemismo para ocultar que por una noche con los clientes, recibían $3 millones o más. Todo dependia de lo cotizada que estuviera.
Y entre sus compromisos, estaba el atender fantasías como la de un millonario y su asistente que pidieron armar un harén. Era su fantasía y a cada una de las participantes, les dio alrededor de $2.5 millones. Una cifra astronómica, para la época en la que se realizó el jolgorio.

EL COMIENZO
Liliana Campos pasó cinco años en prisión. Y recuerda que sus inicios en Colombia, fueron, ante todo, mostrando apariencia de mujer adinerada. Los recursos se los agenció tras vender una casa de su propiedad y trabajando con la distribución de mercancía. “Llegué hasta a vender zapatos. Lo que fuera, confiesa, lo que necesitaba era plata”
Conoció todas las discotecas de la ciudad amurallada. Fue en el 2005.
Su primer contacto fue con unos turistas norteamericanos. “Les organicé una fiesta para once de ellos, que andaban de gira por el Caribe”
Fue el origen de su red de entretenimiento y servicios de compañía en Cartagena.
“Yo soy de armas tomar… Me hice pasar por empresaria y empecé a caminar las calles de Cartagena bien vestida y a tocar puertas.”, relató en la entrevista.
Un negocio próspero. De vendedora de diversos productos, pasó a ser empresaria de fiestas privadas. Un ascenso meteórico.

UN EMPRENDIMIENTO MUY PARTICULAR
Primero conseguía casas, luego yates y botes. Tenía un abanico muy grande para ofertar. Recibían el 10% de todo negocio.
Los primeros contactos los hizo en discotecas. Salía a la caza de jovencitas. También en bares y cabarets.
Liliana adecuó casas para que las jóvenes vivieran o descansaran de forma segura, cobrándoles un cupo semanal. “Allí no podían entrar hombres; era solo para las muchachas. Semanalmente les cobraba $250 mil”.
–¿Incurrió usted en la explotación de menores de edad?
–Para nada. Fue un show mediático de la Fiscalía–, asegura.
Su padre, de más de setenta años, pasó varios meses en la cárcel, acusado de ser cómplice de proxenetismo.

UN NEGOCIO RENTABLE
Liliana señala que jamás tuvo socios. Ella trabajaba por su cuenta.
“El negocio era muy rentable. Por cada grupo podía ganarme $500 mil diarios. Yo no promovía la prostitución, generaba empleo que es distinto”, asegura.
Niega enfáticamente que reclutara mujeres para la prostitución.
—Muchas de las chicas ganaban dinero sin prostituirse. Un buen número de los clientes sólo querían compañía, hablar, bailar.
¿La cárcel? Desde la perspectiva de Liliana fue un proceso de transformación personal y asegura tajantemente que nunca volvería a dedicarse a esa actividad.
—No sabía de identidades ni me interesaba porque podían ser empresarios o traquetos o guerrilleros. Qué se yo. Por eso, lo mejor era no preguntar.
Nunca tuvo páginas ni ofreció catálogos. Todo eran recomendaciones, tanto las jovencitas como los clientes. Un círculo muy cerrado. Por esa razón, se mantuvo mucho tiempo en el mercado.
—No pagaban en pesos colombianos, sino en moneda extranjera. Por cada servicio les quedaba alrededor de $2 millones.
Semanalmente organizaba entre diez y trece eventos.

NO UNO, SINO VARIOS SERCIOS
Liliana asegura que ofrecía de todo, menos prostitución. La Madame recibía solicitudes de clientes recomendados. Les ofrecía recorridos turísticos, visitar restaurantes caros, irse de compras. En fin.
Organizaba la logística completa, desde la selección de las jóvenes hasta la contratación del chef, DJs, transporte náutico, motos acuáticas (jetskis) y banquetes en mar abierto o en zonas como Cholón.
“Muchos de los clientes no buscaban sexo, sino hablar. Algunos, bailar. Y, otros sí, consumían drogas. Y les gustaba que ellas los acompañaran”.
Operaban paquetes de 3, 6, 12 y 24 horas. Para 3 horas se establecía una sola relación; para eventos de 12 a 24 horas, un máximo de tres. Si los clientes requerían más interacciones o estar con otra chica adicional contratada por un tercero, debían pagar un cobro adicional denominado «extra».
La Madame exigía a las jóvenes un vestuario elegante y sobrio (como vestidos largos o pantalones de bota ancha), prohibía prendas consideradas de baja categoría o excesivamente informales (shorts de jean cortos, tenis o atuendos desprolijos)
En la entrevista con “Más allá del silencio”, aseguró que sostenía normas estrictas de conducta para proteger a las mujeres; no permitía agresiones físicas, maltratos o exigencias por fuera de lo pactado.

“Muchas de las madres de las jovencitas sabían. De las 3000 que contraté, diga que solo diez de ellas no conocían a qué se dedicaban sus hijas”.
Todas tenían entre 19 y los 25 años. “A cada una de las participantes se le pagó una tarifa base de $2.500.000. Además, recibieron propinas adicionales, regalos, comida de alto nivel y cócteles durante el evento”, asegura.
Reconoce que se enredó con un cliente. Pero generalmente no lo hacía.
Liliana del Carmen Campos Puello se dedica hoy a la venta de mercancía y, asegura, jamás volvería al negocio que la llevó tras las rejas.
Liliana pagó su condena en las cárceles de La Vega, en Sincelejo El Buen Pastor, en Bogotá, en la Picaleña, en Ibagué. Recobró su libertad el 26 de mayo de 2023. “Colombia es un país de doble moral”, asegura.
A la mujer no le pudieron probar el delito de incitación a la prostitución o trata internacional de personas. Las jovencitas que estuvieron involucradas en el negocio, declararon a su favor.
Fernando Alexis Jiménez – @CrónicasdeMacondo



