
Miles de hombres y mujeres arriesgaron su vida en la guerrilla, a la que ingresaron jóvenes o adolescentes. Hoy tienen un futuro incierto.
Piedrahíta. Simplemente Piedrahíta. Permítame que lo llame así. Además, si le cuento que su nombre es José Alberto y que en el colegio Eustaquio Palacios era una pepa para el álgebra y la trigonometría y que las muchachas quedaban prendadas de él apenas lo miraban, para usted no significará mucho. Así que llamarle Piedrahíta está bien.
Volví a verlo hace una semana. Atravesando la Plaza de Caycedo con la sonrisa de siempre, como si el mundo le resultara fácil, sin problemas. No tenía noticias de él desde cuando, faltándole un año para terminar el bachillerato, se fue para la guerrilla. Lo supimos porque sus padres llegaron al colegio a preguntar qué sabíamos de él. Nada, absolutamente nada, les dijimos todos.
Luego nos contaron que se enguerrilleró en la época de los ochenta y que estaba dando plomo en las montañas del Cauca, con la ilusión de cambiar a Colombia. De generar igualdad de clases. Una ilusión por la que él y decenas de jóvenes entraron a las filas insurgentes. Ilusión, repito.
Vio morir a muchos en combates que nunca se sabía cómo, en dónde y cuándo iniciaban, pero que concluían con dos o tres muertos. O más. De lado y lado.
Cuando la dirección general de su movimiento decidió la desmovilización, comenzó su viacrucis. Sin siquiera una secundaria, le tocó tentar suerte en todo. Vender chucherías en la calle, emprender varios negocios entre ellos una cacharrería en su cuadra, del barrio Cristóbal Colón, y montar un puestico de comidas rápidas.
Ha ensayado de todo, no le ha ido bien, pero sobrevive.
¿Y los comandantes? Quedaron bien. Terminaron estudios y tienen hasta doctorados. Algunos trabajan con el gobierno. ¿Y Piedrahíta? Azotando el asfalto caleño, viviendo del rebusque y recordando la época en que se fue para la montaña soñando con un país diferente. “Pero aquí seguimos, viejo Fernando, dándole a la vida”, me dijo en esa larga conversación en pleno centro de Cali.
Fernando Alexis Jiménez es periodista y publica su columna, Crónicas de Macondo en medios impresos y digitales. @CrónicasdeMacondo
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