Autor: Fernando Alexis Jiménez

  • ¿Dos años más de Duque? Líbranos Dios de esa pesadilla

    ¿Dos años más de Duque? Líbranos Dios de esa pesadilla


    La propuesta de ampliar períodos no es nueva, pero en momentos como el actual cuando el ambiente político comienza a calentarse, nada mejor para la derecha que promoverlo de nuevo.

     

    ¿Cómo reaccionar frente a la propuesta de unificar los períodos del presidente con el del  Congreso, alcaldes y gobernadores en Colombia? Uno no sabe si recibir la propuesta con risa pensando que se trata de un mal chiste, con desconcierto en un país que montó un teatro con el tema de las vacunas o, sencillamente, con rabia ante la posibilidad de que tengamos que soportar al presidente Iván Duque Márquez otros dos años.

    El mandatario, aunque fuera de foco salvo cuando presenta el telemagazin diario sobre el covid -19, ha favorecido los intereses económicos de quienes están detrás de la Federación Colombiana de Municipios. Se trata de la amalgama de politiqueros y un grupo reducido que maneja la economía del país, en su anhelo de seguir con un presidente de bolsillo y, de paso, mantener en sus posiciones a los alcaldes y congresistas que golpean a la clase popular mientras esgrimen discursos populistas para engañar incautos, igual que el culebrero de Vijes.

    Detrás de la propuesta está un demagogo y arribista como Gilberto Toro, quien ocupa desde 1996 el cargo directivo en la Federación. A fuerza de argucias se ha convertido en el puente entre el gobierno nacional y los gobernadores y alcaldes. Concentra poder.

    Este abogado fue alcalde de un modesto municipio, Jericó. Luego paso a la gobernación de Antioquia en representación del partido conservador. Y gracias al respaldo de un amplio sector político, fue elegido presidente de esa organización, en la que se encuentra atornillado. Por supuesto, la continuidad de Duque, favorece su pensamiento afín al uribismo.

    Pensar en tener en el horizonte a Duque dos años más, es una pesadilla por varias razones. Primero, porque no ha sido buen presidente; segundo, porque ni siquiera como político es hábil, y tercero, porque al igual de Álvaro Uribe Vélez, ha golpeado a la clase trabajadora y ahora pretende sacar una reforma al sistema de salud, al sistema pensional y una reforma tributaria.

    El argumento de la Federación Colombiana de Municipios es, por supuesto, que el país no tiene para el financiamiento de un proceso de elecciones. ¿Y qué decir de los millones que se perdieron durante la pandemia c0mo por la magia de birlibirloque? ¿Y de los medicamentos con los que se especuló o los mercados humanitarios que jamás llegaron a los beneficiarios? Al menos los órganos de control no han dicho en qué han parado las investigaciones.

    La propuesta de ampliar períodos no es nueva, pero en momentos como el actual cuando el ambiente político comienza a calentarse, nada mejor para la derecha que promoverlo de nuevo con la esperanza de que el gran grueso de Colombianos, que todavía sigue creyéndole a Uribe, contemplen la posibilidad de apoyar al expresidente y ex senador como también al presidente de las canas teñidas, de alimentar su ego mesiánico en un país que se hunde en la miseria.

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  • Los secretos que revela la guerra

    Los secretos que revela la guerra


    Las declaraciones de Timochenko lo que dejan entrever, como parte de los secretos de la guerra, es que, al interior de algunas organizaciones, cada comandante actúa de forma autónoma.

     

    Las declaraciones de Timochenko ante la JEP, pusieron en evidencia un fenómeno que igual se presenta hoy en el ELN y es que, en su momento, las FARC no tenían control ni conocimiento sobre las acciones de algunos de sus frentes. Eso es grave porque, entonces, cada comando podría actuar al margen de las órdenes que se impartían desde el nivel central.

    Sobre esa base, y si partimos del principio de la buena fe, en el Secretariado no conocían el plan que se urdió encaminado a “ajusticiar” al político, Álvaro Gómez Hurtado.

    Justamente esa autonomía de los militantes de las organizaciones insurgentes fue lo que llevó al rompimiento de los diálogos entre el gobierno nacional y el Comando Central del ELN en La Habana. El punto crítico se desencadenó cuando se produjo el atentado en la Escuela de Cadetes General Santander, en Bogotá, por parte del frente oriental de guerra, lo que dejó un saldo de 21 personas muertas y 68 heridas.

    ¿Por qué este planteamiento ante la JEP es preocupante? Porque no se puede asegurar que toda acción tiene un fin político. Es algo elemental dentro del accionar de toda organización insurgente.

    Escuela de Cadetes General Santander – Foto El Tiempo

    Sobre esa base, si el CoCe no tenía conocimiento en La Habana sobre el atentado a la Academia en la capital de la República, lo que pretendió ser una “acción político militar”, produjo el desmoronamiento de los acercamientos y proceso de sentar las bases con el ELN. Todo diálogo se rompió y se hicieron trizas las aspiraciones de los colombianos, entre los que me encuentro yo, de que la guerra terminara de una vez por todas y que, si persiste el anhelo de que Colombia experimente una transformación en su modelo económico y político, se busque por la vía electoral.

    Ahora está sobre la palestra el anuncio de un atentado eleno en Santa Fé de Bogotá o cualquier otra capital del país, hecho por el embajador cubano.

    La “autonomía” de quienes permanecen alzados en armas, hace prever dos cosas: en primer lugar, que puede configurarse una anarquía entre las organizaciones guerrilleras y, la segunda, que esa mal llamada autonomía lo que abre paso es a divisiones en futuros procesos de negociación.

    No se puede desconocer que las injusticias y el desequilibrio social han alimentado por años la insurgencia, y ahora el asesinato sistemático de líderes sociales, pero es necesario que una aspiración de retomar acercamientos de cara a un acuerdo de paz con los elenos, esté rodeado de la unificación de criterios. No se puede estar planeando un atentado, cuando millares de colombianos lo que queremos es que “termine la horrible noche”.

    Las declaraciones de Rodrigo Londoño Echeverri, Timochenko, lo que dejan entrever, como parte de los secretos de la guerra, es que, al interior de algunas organizaciones, cada comandante actúa bajo el convencimiento de que todo redundará alrededor de unos objetivos. Insisto, grave, porque si hay una directriz de avanzar hacia la paz, esa pretendida autonomía llevará a que haya quienes no reciban las orientaciones.

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  • Duque le está haciendo competencia al culebrero de Vijes

    Duque le está haciendo competencia al culebrero de Vijes


    No es por ofender a Matías, el culebrero de Vijes, pero el presidente Duque le está haciendo competencia con tantos anuncios, al tiempo que pone un velo de misterio alrededor del proceso de compra, bajo el argumento de cierto grado confidencialidad que no se puede violar por acuerdo tácito con las multinacionales que las producen.

    Llegaba a Vijes los domingos en la tarde en el bus intermunicipal. Todos sabían que arribaba alrededor de las dos de la tarde con su enorme maleta café, bastante trajinada, a la que le hacía falta la manija; por eso siempre la llevaba sobre el hombro. De él solo se sabía que su nombre era Matías. ¿La edad? Indeterminaba. Bien podría tener cincuenta años que setenta.

    Apenas reunía parroquianos, comenzaba a darle órdenes a la peligrosa serpiente que traía en la valija. Tan mortífera era, que jamás la abrió. Solo le gritaba: “Quieta, Margarita, que primero fue el niño Dios que vos”.

    Y aunque las cabezas de varios curiosos se asomaban al ruedo, jamás quisieron descubrir que había adentro, porque él los amenazaba. “La mordida de este animal es mortal, así es que, si no quiere ver a sus deudos tomando tinto en un velorio, mejor ni se acerque”, advertía, para –con sutileza—desempacar de una bolsa toda suerte de ungüentos que servían para curar la artritis, el mal de ojo, el asma, el cáncer, las cefaleas y hasta los dolores de un amor incomprendido.

    Logró interesar así a un buen número de personas que le compraban la mercancía hasta que un día, sin mayor explicación, desapareció. No volvieron a ver al culebrero que amenazaba con la temible serpiente, de no se sabe cuántos metros, a la que jamás vieron y que el misterioso hombre portaba en su maleta.

    La historia vino a mi memoria ahora que el presidente anda con el cuento de que la vacunación masiva comenzara el próximo 20 de febrero y que la meta, a diciembre, es haber inoculado con la “mágica poción”, a por o menos el 70% de la población colombiana.

    En las ruedas de prensa y en sus intervenciones en el aburrido telemagazín que transmite todos los días el asunto suena interesante. Sin embargo, el gran interrogante es: ¿en este país, que ocupa un deshonroso puesto entre los más corruptos del mundo, será posible que esas dosis biológicas lleguen a la gente que las necesita? Al margen de si son efectivas o no, la cuestión es si el volumen de vacunas, muy costosas, por cierto, no se pierden en el camino por la magia de birlibirloque y lo más probable es que nunca terminen entre los más vulnerables.

    Para nadie es desconocida la serie de escándalos que se produjeron en el 2020 por malversación de fondos en la compra de medicamentos o la destinación inapropiada de ayudas humanitarias. Los roedores de siempre, aquellos que no faltan en el sector público o privado, se encargaron de que desaparecieran y, en la mayoría de los casos, se desconoce cuál ha sido el curso de esas investigaciones.

    No es por ofender a Matías, el culebrero de Vijes, pero el presidente Duque le está haciendo competencia con tantos anuncios, al tiempo que pone un velo de misterio alrededor del proceso de compra, bajo el argumento de cierto grado confidencialidad que no se puede violar por acuerdo tácito con las multinacionales que las producen.

    Como decía el eterno notario del pueblo, don Angelino Barco, tomando tinto en la cafetería de doña Josefa García: “Amanecerá y veremos”. Esa expresión resumía la incredulidad, la misma que nos asiste como parroquianos del común, frente a los anuncios rimbombantes del presidente Duque en torno a la vacunación, y el temor de que la mano gigante y tenebrosa de la corrupción no vuelva a hacer su aparición ante la indiferencia de los entes de control.

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  • Los errores y contradicciones de Claudia López en Bogotá

    Los errores y contradicciones de Claudia López en Bogotá

    Por Fernando Alexis Jiménez| @misnotasdeldia
    Llegó al cargo de alcaldesa argumentando una posición de centro izquierda a la que, por supuesto es ajena. Y lo digo porque sus actuaciones riñen con lo que pregona. Su más reciente “metida de pata” en la larga cadena de errores y contradicciones, fue la orden de ordenar que 90 mil empleados de la Alcaldía retornaran a sus puestos, sin haber tomado ninguna medida de bioseguridad para asegurar el regreso.
    No es coherente porque ella misma ha asumido posiciones radicales en contravía del también errático presidente, Iván Duque, en cuanto a aperturar espacios de trabajo. Y el mandatario le jaló las orejas y dejó claro que no es procedente, tras recordarle que ella  ha insistido en el riesgo que representa para la ciudad la utilización de muchas personas en el sistema de transporte público.
    Francisco Maltés Tello, miembro del Ejecutivo Nacional de la Central Unitaria de Trabajadores, consideró este un gran equívoco de varias formas. “En primera instancia, pedir al gobierno nacional que amplíe el confinamiento y ella disponer que los empleados salgan a trabajar. No ha dispuesto medidas de bioseguridad. Este tipo de medidas, se deben concertar con el movimiento sindical que representa a la base de trabajadores los protocolos para que luego los avalara la Secretaría de Salud. Igualmente concertar qué tipo de elementos son necesarios y, si para garantizar el desplazamiento, se pondrán rutas de buses. Las decisiones deben ser concertadas”, insistió.
    De hecho, el director del Departamento Administrativo de la Presidencia, Diego Molano, cuestionó, sin mencionar a la funcionaria su decisión al trinar lo siguiente:  “Las entidades públicas del orden nacional, de acuerdo con Directiva Presidencial 02 del 12 de marzo 2020, durante esta emergencia deben privilegiar el teletrabajo para proteger su vida, seguir cumpliendo sus funciones y no congestionar transporte público”.​
    Por supuesto, no es la única medida en la que dice y no hace, en una ciudad donde el Escuadrón Móvil Antidisturbio (ESMAD) ha respondido en varias ocasiones conrepresión a quienes salen a pedir comida porque, o se contagian de coronavirus o se mueren de hambre.
    Claudia López que restringió la salida a la calle para adquirir alimentos, por esas contradicciones que le asisten, salió junto con su esposa de “compras”, fue en procura de víveres pasando por alto las mismas instrucciones que había impartido.
    Sin que haya sido jamás ni vaya a ser el santo de mi devoción por su posición neoliberal, uno entendería que la oposición de Claudia a Iván Duque, obedece a que está haciendo campaña para, en un futuro, cobrar los réditos y pretender materializar su aspiración de llegar a la presidencia.
    Dice muchas cosas, con ese prurito populista que la caracteriza, pero sus palabras distan mucho de los hechos.
    Los que votaron por ella, en los barrios populares, creyendo en sus discursos mesiánicos, han descubierto muy tarde, que ella va por lo suyo. En pocas palabras, los tres PY: “Primero yo, segundo yo y, tercero yo”.
    No ha llegado a sus primeros seis meses de gobierno y ya ha brillado el cobre. ¡Santo Dios, todavía faltan algo más de tres años y medio de desgobierno! Cada día uno se pregunta: ¿Con qué nuevas saldrá hoy?

     

  • La desfachatez del empresariado colombiano no tiene límites

    La desfachatez del empresariado colombiano no tiene límites

    Cuando estábamos en los tiempos de las “vacas gordas” jamás propusieron un buen aumento salarial, ni siquiera una bonificación extra para los empleados colombianos. Pero ahora que llegaron las “vacas flacas” y están al borde de la quiebra, quieren socializar las pérdidas.


    Por Fernando Alexis Jiménez | @misnotasdeldia
    Ironías de la vida. Por años y cuando se sentaban en la mesa tripartita con el gobierno y las centrales obreras a acordar el incremento salarial de cada año, los empresarios asumieron históricamente una posición mezquina aduciendo escasez económica.
    Así las cosas, los ajustes en los ingresos han sido miserables por mucho tiempo, seguidos por un índice de precios al consumidor despiadado al cerrar cada vigencia anual, aun cuando el Departamento Administrativo Nacional de Estadística –DANE–se encargaba de maquillar informes con la anuencia del sector privado, que aplaudía el circo en el que convirtieron ese espacio. Generalmente terminaban sacando el nuevo valor del salario por decreto “ante la imposibilidad de llegar a un acuerdo con los trabajadores”
    Por supuesto, en un tinglado como ese, todos sabemos quiénes eran los espectadores—los que viven de un empleo—y los payasos, que con sonrisas amplias salían en los noticiarios a pronosticar un nuevo año lleno de posibilidades financieras, ya que no se había permitido el desborde económico, como lo pretendían las centrales de trabajadores.
    Amasaron fortunas a costa de los explotados y de profesionales, que tras invertir cuantiosas sumas en su formación universitaria, reciben hoy ingresos que están un poco más allá de un mínimo en Colombia, el país macondiano donde ocurren cosas inverosímiles.
    Y precisamente, fruto de esa realidad mágica que sólo puede concebir un escritor de ciencia ficción, la Asociación Colombiana de Micro, Pequeñas y Medianas Empresas (Acopi) a través de su presidenta, Rosmery Quintero Castro propuso bajar los salarios hasta en un 30% y el presidente de la Federación Nacional de Comerciantes (Fenalco), Jaime Alberto Cabal, hizo lo propio conjugando entre los dos, una “brillante idea” que busca conservar su patrimonio y que ese salvamento lo pague la clase trabajadora.
    Desde mi modesto computador y al ver las noticias, me pregunté –y aún no despejo mi interrogante–, si de lo que se contagiaron no fue del Covid 19 sino de una suerte de síndrome de cretinismo, para el que jamás se ha podido encontrar vacuna entre quienes los padecen.

    Con la propuesta del empresariado colombiano, uno no sabe si reír no sentir rabia, por lo descabellada.


    Y lo digo porque cuando estábamos en los tiempos de las “vacas gordas” jamás propusieron un buen aumento salarial, ni siquiera una bonificación extra para los empleados colombianos. Pero ahora que llegaron las “vacas flacas” y están al borde de la quiebra, quieren socializar las pérdidas. ¡Eso solo se le ocurre al reducido grupo de empresarios que concentran la riqueza en Colombia!
    Ojalá y el presidente Iván Duque, cuya falta de liderazgo salta a la vista, no se deje presionar más por la clase otrora rica y privilegiada  que lo llevó al poder, y haciendo acopio de la sensatez se evite que, con todo y medidas restrictivas, se reaviven las manifestaciones en las calles de todo el país por parte de trabajadores que prefieren morirse de coronavirus y no de hambre y explotación.
    Ay Dios, las cosas que le toca ver a los colombianos, con una clase gobernante que se aprovecha de los mercados que reparten a la gente necesitada para sacar ventaja económica, los que están haciendo política tomándose selfies cuando entregan ayudas y luego las suben a sus redes sociales con una sonrisa mesiánica e impostada, y ahora los empresarios con su pretensión de  que el pueblo pague para  que ellos puedan superar un mal momento económico.
  • ¿Qué sentido político tiene el vandalismo en las marchas?

    Los actos vandálicos no están ligados a un objetivo político y, por tanto, despiertan animadversión y, antes que acercar a personas a la causa del Paro Nacional, los aleja.

    El vandalismo en las movilizaciones que se realizan en Colombia, antes que aportar genera animadversión. Esas prácticas protagonizadas por grupos muy reducidos, resultan perjudiciales porque no suman sino que restan. Antes que convencer a una gran mayoría que permanece indiferente, para que se sume a la causa, los aleja. Una realidad a la que no podemos ser ajenos y que amerita una autocrítica constructiva de cara a futuras actividades.
    Las protestas se desarrollaron principalmente en Bogotá, Medellín, Cali y Bucaramanga conjugando la calma, la creatividad y los desmanes. Los primeros ingredientes alimentados por parte de quienes reivindican el derecho a expresarse sin generar violencia y, los segundos actores, quienes se amparan en una capucha para desbaratar lo que se quiere construir en las calles, un nuevo país con más conciencia de clase.
    Nadie desconoce que agentes del Estado se han infiltrado en marchas y que, incluso, se denunció que algunos de ellos participaron en la destrucción del edificio del Icetex, en Bogotá. Los hechos son materia de investigación. Pero eso no justifica la utilización de capuchas.
    Anarquía es diferente de vandalismo
    Una cosa es la anarquía entendida en términos políticos como el establecimiento de una sociedad organizada sin estructuras jerárquicas de un Estado, y en la cual el direccionamiento es colectivo, y otra el vandalismo que se trata de asociar con anarquismo.
    Los anarquistas como tal, y en Colombia hay corrientes que se identifican con esos planteamientos, no se encapuchan. No necesitan hacerlo. Tienen claro que destruir los vidrios de una entidad bancaria o acabar una estación o  un bus de transporte masivo, no hace otra cosa que desvirtuar el sentido de las movilizaciones.
    La toma de calles, los plantones y cacerolazos, entre otras expresiones de inconformidad, no puede convertirse en escenario de batallas campales entre quienes destruyen sin que su accionar tenga ningún objetivo político, y quienes pretenden evitarlo.
    El Paro Nacional busca generar transformaciones
    Cuando se desencadenan acciones destructivas, se desvirtúa el objetivo de generar reflexiones y cambios. Es contrario a lo que desde un comienzo se concibió al interior del Comando Unificado de Paro.
    Francisco Maltés Tello, dirigente nacional de la Central Unitaria de Trabajadores. CUT, con quien dialogué mientras escribía la nota, se identificó con la preocupación que asiste a sinnúmero de participantes de las movilizaciones. “La violencia es perjudicial para este proceso”, me dijo, al tiempo que confió en el fortalecimiento de las actividades futuras en las cuales resulta fundamental desmarcar a los vándalos de la protesta social.

    Ya se abrió una puerta para que el Esmad como fuerza represiva no intervenga hasta que se considere verdaderamente necesario. La decisión se tomó inicialmente en Bogotá pero la adoptaron otras ciudades como Medellín y Cali. En cierta medida es un avance.


    “Estamos cansados del paro”
    Sobre la medianoche del 21 de enero, en el resumen de noticias, entrevistaron a una trabajadora que raya los cincuenta años. Se quejó porque debió caminar alrededor de tres horas, como consecuencia de algunos hechos vandálicos en Bogotá.
    “Nos están perjudicando. Estamos cansados del paro.”, le dijo al periodista de uno de los medios amarillistas afectos al gobierno que aprovechan estos lunares para irse lanza en ristre contra el Paro Nacional que inició el 21 de noviembre y que se retomó en las últimas horas.
    Ese tipo de reacciones válidas, son las que precisamente hay que conjurar poniendo freno a quienes han hecho de la destrucción de cuanto encuentran a su paso, una forma fugaz de protagonismo que mancha el objetivo político de la protesta social.
    Un llamado a la reflexión
    Tanto los organizadores del Paro Nacional, quienes participamos y aún, quienes son simpatizantes y pueden aportar su punto de vista, estamos llamados a una reflexión alrededor de las estrategias que se deben adoptar para que el vandalismo no siga empañando las actividades.
    Ya se abrió una puerta para que el Esmad como fuerza represiva no intervenga hasta que se considere verdaderamente necesario. La decisión se tomó inicialmente en Bogotá pero la adoptaron otras ciudades como Medellín y Cali. En cierta medida es un avance. Lo que no podemos es dejar que las prácticas destructivas de unos pocos, sirvan de argumento para que el presidente Iván Duque, el ministro de Defensa, Carlos Holmes Trujillo y el uribismo, encuentren argumentos para seguir golpeando a los manifestantes.
    Para terminar la nota… a María Paula, buen viento y buena mar… y que las nuevas aguas le lleven a un puerto que siga trayendo enriquecimiento a su vida personal y profesional…
    Por Fernando Alexis Jiménez | @misnotasdeldia
  • Es necesario erradicar la corrupción en el sindicalismo Colombiano

    Urge una cruzada para poner en evidencia a quienes, siendo parte del movimiento sindical, traicionan a la clase trabajadora. 

    El movimiento sindical histórico, el que tiene trayectoria y se ha posicionado por una postura beligerante, de lucha, debe promover una depuración de los sindicalistas que traicionan la causa, evidenciándolos


    Por Fernando Alexis Jiménez | @misnotasdeldia
    Colombia ocupa un deshonroso lugar en materia de corrupción. Para nadie es un secreto. Pero de lo que poco se habla, y es ineludible, es que esta descomposición ha infiltrado el movimiento sindical.
    En nuestro país hay una clara diferenciación entre las organizaciones que representan a los trabajadores—muy pocas y blanco de persecución y amenazas—, y aquellas que son proclives a los empleadores, bien sea en el sector público o privado.
    Lamentablemente distamos mucho del sindicalismo vigoroso que dio vida a la huelga de las bananeras en 1928, aun cuando también en ese momento histórico se presentaron divisiones al interior del movimiento, situación que pervive. Ese fue el caldo de cultivo para la masacre obrera del 5 y 6 de diciembre de ese año.
    ¿Cuándo se evidencia? Particularmente cuando nos encontramos inmersos en medio de un conflicto que bien puede ser un cese de actividades o una negociación colectiva. No faltan quienes se inclinan a manejar una postura moderada, renunciando a la defensa de los intereses de la mayoría para favorecer a la clase patronal,  y quienes deciden proseguir hasta llegar a un buen acuerdo. Los primeros son quienes fracturan el proceso y dejan expuestos a los del segundo grupo.
    Nadie puede olvidar la huelga de las bananeras que, infortunadamente, terminó en masacre de muchos hombres y mujeres, en Ciénaga-Magdalena.
    Nadie puede olvidar la huelga de las bananeras que, infortunadamente, terminó en masacre de muchos hombres y mujeres, en Ciénaga-Magdalena.
    Un fenómeno que se avivó en los últimos tres meses
    Frente a la inminencia de cambios de administración en los entes territoriales (Gobernaciones y Alcaldías), así como las convocatorias de la Comisión Nacional del Servicio Civil, surgieron sindicatos a diestra y siniestra. Los hay por todo el país.
    ¿Para luchar por la defensa de los afiliados? No. Para aforarse y retrasar la desvinculación laboral. Un artilugio del que se benefician unos pocos. De hecho, muchas de estas organizaciones emergentes no tienen más de 30 miembros. Los hechos hablan por sí solos.
    Incluso, se han feriado cargos en juntas directivas. Sencillamente se paga por formar parte de los cuadros principales y quedar cubiertos por el fuero sindical.
    No podemos olvidar que la lucha de los obreros ha pagado una alta cuota de sangre, sudor y lágrimas en toda la historia.
    No podemos olvidar que la lucha de los obreros ha pagado una alta cuota de sangre, sudor y lágrimas en toda la historia.
    Antes que solidarios, los peores contradictores
    Cuando llegan períodos de negociación bien sea de las Convenciones colectivas o de los Acuerdos laborales, ésta última figura para el caso de los estatales, quienes forman parte de los sindicatos recién creados se convierten en contradictores y, en muchos casos, se pasan a la otra orilla, a defender a los patronos o nominadores.
    Los sindicatos que históricamente han manejado una postura de defensa de la clase trabajadora, se encuentran allí con un escollo, representado en quienes se sientan a la misma mesa pero en cualquier momento terminan aliados con los empleadores. En mi lejana época de tirapiedra en el colegio Eustaquio Palacios de Cali, se les conocía como esquiroles. Ellos siguen vivos, no constituyen una especie en vía de extinción.
    También es necesario reconocer a quienes libran luchas comprometidas con la clase trabajadora.
    También es necesario reconocer a quienes libran luchas comprometidas con la clase trabajadora.
    La necesidad de depurar este tipo de sindicalismo
    El movimiento sindical histórico, el que tiene trayectoria y se ha posicionado por una postura beligerante, de lucha, debe promover una depuración de los sindicalistas que traicionan la causa, evidenciándolos. Es la única forma de evitar que sigan perjudicando la lucha obrera.
    Si no se hace, seguiremos experimentando cuestionamientos por parte de quienes no hacen diferencia de lo que viene ocurriendo con tanta corrupción y, juzgando a priori, han dejado de apoyar actividades como las movilizaciones.
    “Esos sindicalistas son unos vendidos”, me decía un taxista que me transportó hasta la Gobernación del Valle del Cauca donde laboro y soy dirigente o del Sindicato de empleados, Sugov.
    No solamente le argumenté por qué estaba equivocado en su apreciación, sino que, además, le expliqué que no podía medir a todos los dirigentes obreros con el mismo racero, que resulta un factor de estigmatización.

    Frente a la inminencia de cambios de administración en los entes territoriales (Gobernaciones y Alcaldías), así como las convocatorias de la Comisión Nacional del Servicio Civil, surgieron sindicatos a diestra y siniestra. Los hay por todo el país.


    La corrupción no nos puede ganar la partida
    Así como se han articulado cruzadas para erradicar la corrupción en diferentes esferas, es necesario promover una campaña orientada a acabar estas malas prácticas en el sindicalismo.
    Hacer mal uso del permiso sindical, recibir prebendas, terminar aliándose con el superior jerárquico para beneficio propio, desconocer la historia del sindicalismo y sus reivindicaciones, son entre otros, aspectos que deben cambiar y que comprometen la participación activa de quienes creemos que el idealismo en defensa de la clase trabajadora, sigue vigente. Y no podemos eludir la autocrítica que puede ayudarnos a superar esta profunda crisis.
    Concluyo diciendo que soy consciente que, como en otras de mis columnas, me lloverán críticas, cuestionamientos y hasta señalamientos estigmatizantes. Qué le vamos a hacer. Es el costo que se paga por decir la verdad y opinar sobre lo que se piensa.
  • Urge permanecer alerta contra las reformas laboral y pensional en Colombia

    Sólo la movilización popular impedirá que el gobierno nacional saque adelante reformas lesivas contra la clase trabajadora.

    Treinta y nueve días de huelga indefinida en Francia llevaron a que el gobierno reversara la propuesta fijar en 64 años la edad obligatoria para la jubilación. Las movilizaciones fueron permanentes, el ánimo no se doblegó, la lucha rindió sus frutos.
    No obstante la victoria de las organizaciones sindicales, se convocó a una nueva marcha en el país para el 16 de enero. No hay que bajar la guardia, coinciden en asegurar los dirigentes de las organizaciones obreras.
    Esa misma beligerancia es la que debe asistir a las diferentes expresiones organizativas en Colombia ahora que el ministro de Hacienda, Tomás Carrasquilla, considera que los dos asuntos deben abordarse mediante proyectos que hagan tránsito en el Congreso este año, como alternativa para hacer viable la generación de empleo y asegurar el funcionamiento del fondo público Colpensiones.
    Aun cuando se trata de una falacia que les hace juego a los empresarios y de la que no quiere ser partícipe la ministra del Trabajo, Alicia Arango porque sabe el costo político que implica, todo indica que estas dos iniciativas serán apuntaladas con el propósito de sacarlas adelante.
    El tema pensional
    Colpensiones es la joya de la corona. A este fondo están afiliados 6.791.854 colombianos de los cuales 1.367.596 son pensionados. Lo que argumenta el gobierno nacional es que se puede producir un desfinanciamiento, y su brillante salida, es aumentar la edad de jubilación.
    Por supuesto, esta propuesta no es fruto de un estudio serio sino más bien, la consecuencia de la recomendación que le hizo la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) al presidente Iván Duque.
    Esta disposición, en caso de que se apruebe, terminaría perjudicando a buena parte de los 3.362.492 cotizantes activos a Colpensiones. Un enorme volumen de trabajadores verá frustrados sus sueños de salir al menos con salud después de muchísimos años de laborar. Lo que espera el ministro Carrasquilla, es que el jubilado salga con un bastón a dedicar buena parte de su tiempo a practicarse exámenes en la EPS, sacar el perro al parque o, en el mejor de los casos, a hacer mandados en la tienda de la esquina mientras que, para todos, se convierte en un mueblo viejo dentro de la casa al que no se sabe dónde ubicarlo.
    Si no se aprueba la reforma pensional en el Congreso, el 30% de los afiliados activos a Colpensiones podrían jubilarse en el corto plazo. Una expectativa apenas justa. Y si hay algo que no podemos olvidar, es que durante su campaña, el hoy presidente Duque prometió no aumentar la edad de pensión.
    Lo único que puede poner freno a las reformas pensional y laboral, es la movilización popular.
    Lo único que puede poner freno a las reformas pensional y laboral, es la movilización popular.
    La reforma laboral, otra papa caliente
    En mi lejano Vijes solían repetir los veteranos: “El palo no está para cucharas”. Vigente hoy, ya que el panorama entre los colombianos es de alerta para evitar que el paquetazo de Duque, que tanto se empecinó en negar el gobierno nacional, no vaya a revivirse con nuevo nombre.  En otras palabras: “El mismo perro con diferente guasca”. Los áulicos de Duque y en particular el ministro Carrasquilla, son muy hábiles para eso.
    Los empresarios están alimentando esta idea bajo el argumento de que el sistema laboral obedece a una estructura con veinte años de atraso. Eso es cierto, pero en detrimento de la clase obrera y ahora pretenden precarizar aún más su situación. Desmejorar su calidad de vida.
    Lo que proponen los empresarios favorece sus propios intereses, como por ejemplo el tema de la flexibilización laboral o trabajo por horas, y va en contravía de lo que sugieren la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la Comisión de Empleo de la OCDE.

    Lo que se vienen son dos reformas aun cuando el presidente Duque se empecine en negarlo. En otras palabras: “El mismo perro con diferente guasca”. Los áulicos de Duque y en particular el ministro Carrasquilla, son muy hábiles para eso.


    La movilización popular, un muro de contención
    Lo que se avecina es altamente lesivo para la clase trabajadora. Y al igual que los obreros de Francia, no podemos bajar la guardia.
    El único muro de contención para frenar las pretensiones del gobierno nacional, de los empresarios, algunos académicos y congresistas afectos al presidente Iván Duque, es la movilización popular. Expresar la inconformidad. No permitir que, como ha ocurrido en otras ocasiones, terminen pisoteando a la base popular.
    Si se retoman las marchas, como es apenas previsible en Colombia, es necesario que evitar una reforma laboral y pensional constituyan de nuevo un estandarte de lucha. No de otra manera podremos evitar que se siga pauperizando a la clase trabajadora, históricamente golpeada por quienes tienen el poder político y económico.
    (C) Fernando Alexis Jiménez | @misnotasdeldia

  • Un perfomance para que el mundo no olvide las víctimas del conflicto en Colombia

    Un perfomance para que el mundo no olvide las víctimas del conflicto en Colombia


    Puede que al apreciar las imágenes, se revuelva el estómago y las lágrimas logren romper el cerco que siempre tratamos de imponer con el estoicismo al que nos constriñe la sociedad, pero sin duda le ayudará a tomar conciencia de algo que los colombianos seguimos denunciando: el gobierno nacional pretende invisibilizar los muertos del conflicto armado.

    Por Fernando Alexis Jiménez | @misnotasdeldia
    El anuncio sobre la existencia de doscientas mil víctimas del conflicto armado en fosas comunes despertó el asombro en muchos escenarios mundiales, salvo en Colombia, donde el presidente Iván Duque, la clase política y el empresariado, guardan silencio como si esa actitud borrara la realidad sobre su existencia.
    Como quien administra el país es ciego y sordo a la realidad, uno de los actos que trataron de invisibilizar los medios tradicionales fue el perfomance para reafirmarle al mundo: los muertos están allí, muchos de ellos enterrados en lugares desconocidos; gritar que el dolor de sus familiares no termina y que los responsables andan sueltos. ¿Duro? Por supuesto que sí. Pero fue la denuncia más creativa de los últimos años para evitar que los asesinados terminen siendo simplemente cifras en un informe estadístico.
    A la muestra artística se le dio el nombre de: ‘Un país que siembra cuerpos’. Se realizó durante el evento “Medellín resiste cantando” y tuvo como escenario uno de los puentes que atraviesa la avenida San Juan, cerca al Parque de las Luces. Cuatro personas desnudas se colgaron con telas y se maquillaron para simular que estaban ensangrentadas.
    Puede que al apreciar las imágenes, se revuelva el estómago y las lágrimas logren romper el cerco que siempre tratamos de imponer con el estoicismo al que nos constriñe la sociedad, pero sin duda le ayudará a tomar conciencia de algo que los colombianos seguimos denunciando: el gobierno nacional pretende invisibilizar los muertos del conflicto armado.
    También reprimió y sigue haciéndolo, las jornadas de protesta y sale a poner en primer plano, gracias al apoyo de la radio, televisión, prensa y medios digitales afectos a la administración, los miembros de las fuerzas del orden lesionados en las manifestaciones, cifra que es muchísimo menor que la de los civiles heridos, buena parte de los cuales tienen lesiones en la vista como consecuencia de los perdigones que usa el Esmad.
    Los dejamos con las fotografías difundidas en redes sociales…
    NOTA: Este artículo aparece publicado en portales alternativos de Colombia, Argentina, Chile y España.
    Los familiares de las víctimas del conflicto armado siguen esperando su regreso...
    Los familiares de las víctimas del conflicto armado siguen esperando su regreso…
    Hay víctimas desde todos los lados: de derecha, de izquierda y los indiferentes...
    Hay víctimas desde todos los lados: de derecha, de izquierda y los indiferentes…
    Para muchas de las víctimas, la despedida en casa fue la última. Jamás los vieron regresar.
    Para muchas de las víctimas, la despedida en casa fue la última. Jamás los vieron regresar.
    No podemos ignorar la realidad de las muertes que ha dejado el conflicto armado.
    No podemos ignorar la realidad de las muertes que ha dejado el conflicto armado.
  • El día que Dilian Francisca deje de ser una santa para los vallecaucanos

    Progresivamente los vallecaucanos han comenzado a conocer la verdad: La Gobernadora es buena conversadora, dicharachera, pero no cumple lo que promete.
    Por Fernando Alexis Jiménz
    Doña Gertrudis tiene 75 años y vive en el corregimiento de Ricaurte, zona rural de Bolívar. Además de gustarle el café tinto con almojábana a las 3 de la tarde, cuando el sol comienza a menguar entre las montañas, tiene un distintivo: en un rincón de su habitación guarda un retrato de la gobernadora Dilian Francisca Toro. Le enciende una veladora para que ella reciba sabiduría en todas sus decisiones. La renueva día y noche. No permite que se apague.
    “Esa mujer es una santa”, repite cuando se refiere a ella, con esa sonrisa inocente de esperanza que quizá sólo se borrará el día que parta a la eternidad. “Llegó a la Gobernación y le ha tocado muy duro. La habían dejado en ruinas y ella, con esa bondad que le caracteriza, ha hecho muchos  cambios”.
    Doña Gertrudis es uno de los tantos vallecaucanos que le creyeron a la sonrisa fotográfica de la médica guacaricense, y a sus discursos floridos, propios de alguien como ella que es una cajita de música.
    Nadie puede negar que es buena conversadora, que no abandona el típico acento vallecaucano, que es hábil, que tiene agallas y que piensa abrirse paso—a codazos si es necesario—para llegar a la Presidencia de la República; pero tampoco se puede desconocer que no es la redentora de los vallecaucanos. Prometió, pero no ha cumplido.
    Es cierto, trajo cambios a la Gobernación. Si el bárbaro de Ubeimar arrastraba una nómina paralela de casi dos mil contratos, ella  duplicó el número. Montó unos conversatorios rimbombantes en los municipios, pero de lo acordado con las comunidades, el porcentaje de cumplimiento es mínimo. Su nivel de popularidad, medido en encuestas que creeríamos tienen un margen de verdad, es más bajo que el de los tres últimos gobernadores. Se enfurece si la llaman politiquera, pero los hechos parecen corroborarlo. Mucho tilín-tilín, y nada de paletas.
    Lo que temo, y lo digo con sinceridad, es que cuando doña Gertrudis descubra quién es Dilian Francisca, no solo retirará la veladora, limpiará la cera acumulada en el altarcito sino que, además, demandará al Departamento por publicidad engañosa. Comprensible. Una cosa es lo que publica la página Web de la gobernadora y otra, muy distinta, la realidad. El papel, y en este caso la Internet, pueden con todo.
    Le expliqué a la buena señora que la gobernadora no cumple ni años. Entre sorbo y sorbo de tinto, al caer la tarde, ella me miró con ojos agigantados, como ruedas de carretilla. “¿No será que usted está equivocado?”, preguntó. Debí absolverle sus dudas y, tras explicarle por qué no creemos en ella, sustentar por qué el SUGOV no firmó el Acuerdo Colectivo. “Sencillamente, no creemos en ella”, le dije.
    Lo último que supe es que doña Getrudis ya no renueva con la misma frecuencia la veladora frente a la fotografía sonriente de la médica Dilian. Que cada vez que compra una nueva en la tienda de don Jacinto, a cuadra y media de su casa, se pregunta: “¿Acaso ella también le hará conejo a los vallecaucanos?”…

    NOTA IMPORTANTE: La presente columna aun cuando refleja el pensamiento del autor, no interpreta necesariamente la posición que respecto al tema tiene el SUGOV.