Millares de colombianos en nuestras calles hacen lo que sea para ponerle la trampa al centavo.
¿Inventiva criolla? Sí, pero súmele otros dos ingredientes: malicia indígena y la necesidad de ponerle la trampa al centavo. Colombianos que han hecho lo que sea para no morirse de hambre, cansados de que las vísceras se revolvieran en su estómago con hambre.
Y pongo algunos ejemplos. Rafico, de quien soy amigo, llegó a Miami con una mano adelante y la otra atrás. Sin nada. Buscó aquí y allá, pero nada. Y montó un consultorio. Lo conocían como el hermano Osiris.
¿Cómo consiguió la clientela inicial? Con dos parroquianos a los que envolvió con el cuento. Y el “voz a voz” hizo el resto. Adivinaba la suerte, traía el ser amado, limpiaba de maldiciones, acababa con maleficios. De todo. Aunque él siempre me dice, entre risas, que era puro cuento. Y consiguió platica.
Me hizo recordar cuando los periodistas del otrora diario El Caleño nos turnábamos la elaboración del horóscopo y hasta incluíamos el número de la suerte para jugar el chance. Muchos lectores llamaron a la redacción para agradecernos porque se habían ganado sus chavos con esa cifra.
Millares de colombianos hacen lo que sea para ponerle la trampa al centavo.
Otro ejemplo: Humberto Sarria, un primo al que apodaban el Conde, pero no por su título nobiliario, sino porque era condenado, es decir, terrible. Llegó a Armenia, varado, sin un peso, pero con ganas de rebuscársela.
Compró varios libros de sicología de segunda mano, abrió un espacio en una emisora local y montó el programa: “Los consejos del Conde” ¿Y los temas? Leía un tema de los libros y lo exponía como un erudito. Leía cartas de sus “oyentes” y les daba consejos. Incluso, tuvo su consultorio. Ya murió.
Pero hay otros que se han rebuscado a la buena. Por ejemplo, el restaurante Doña Pepa, uno de los más famosos en Maracaibo, propiedad de una colombiana que logró fama con la bandeja paisa y, en el Estado Falcon, del vecino país, conocí un negocio grande que comenzó con un compatriota varado, vendiendo arepas de choclo.
Compatriotas que encontraron en el rebusque, una salida a la crisis.
Fernando Alexis Jiménez es periodista. Publica su columna Crónicas de Macondo en medios impresos y digitales. | @CrónicasdeMacondo
A las puertas de concluir el mes de enero, millares de trabajadores se aprestan a recibir el ajuste salarial del 23% Eleva la calidad de vida de millares de familias.
En un hecho sin precedentes históricos, el gobierno nacional reajustó los ingresos para la clase trabajadora, apuntándole a mejorar su condición de vida. El reciente ajuste del 23% al salario mínimo no es solo una cifra en un decreto; es un acto de justicia social que redefine el concepto de “mínimo” hacia uno de “vital”.
Una decisión que celebramos desde el Sindicato Unitario de la Gobernación del Valle—SUGOV–, convencidos que el curso de la historia debe cambiar para nuestra gente, para los obreros.
¿Qué está ocurriendo? Lo que estamos apreciando es algo que jamás se esperaba. Es el “Salto a la Dignidad” con un salario de $2.000.000 como Horizonte.
El acuerdo —u oficialización mediante los Decretos 1469 y 1470— establece un salario base de $1.750.905 que, sumado a un auxilio de transporte de $249.095, alcanza la cifra redonda y dignificante de $2.000.000.
LOS BENEFICIARIOS
El nuevo ajuste salarial no se queda en las oficinas; llega al corazón de la fuerza laboral que mueve al país: En 2,4 millones de trabajadores que devengan directamente el salario mínimo y verán un alivio inmediato en su bolsillo.
Son más de 6,8 millones de colombianos que ganan entre uno y dos salarios mínimos, cuyos ingresos suelen verse arrastrados positivamente por este efecto expansivo.
¿Y los pensionados con salario mínimo? Aquellos que entregaron su vida al trabajo y hoy reciben una mesada equivalente al básico, también verán ajustado su ingreso en el 23%.
Eche lápiz porque si usted es beneficiario del salario mínimo vital, se empieza una nueva era para su familia, mejorando la calidad de vida.
LAS TRABAJADORAS DOMÉSTICAS
Un sector históricamente invisibilizado que ahora cuenta con un piso salarial robusto, ya sea por mes completo o por días de forma proporcional.
Algo justo, sin duda. Aunque desde algunas organizaciones que las aglutinan, aseguran que les ha tocado “renegociar” con los empleadores.
MÁS QUE SUPERVIVENCIA
Este ajuste del 23% —que supera con creces la inflación proyectada— tiene un impacto multidimensional en la vida cotidiana. ¿Por qué motivo?
Con una inflación estimada a la baja (cerca del 5.3%), el incremento representa una ganancia real del poder adquisitivo. Las familias podrán acceder no solo a lo básico, sino a una mejor alimentación.
Dado que el valor de la Vivienda de Interés Social (VIS) se calcula en salarios mínimos, este aumento ajusta los topes, pero, más importante aún, eleva los subsidios de las cajas de compensación y del Gobierno, facilitando la cuota inicial para quienes ganan el mínimo.
Al situar a Colombia con uno de los salarios mínimos más altos de América del Sur (solo detrás de Uruguay y Chile), se está enviando un mensaje claro: la riqueza debe distribuirse entre quienes la producen.
Cifras Clave del Ajuste 2026
Concepto
Valor 2025
Valor 2026
Variación
Salario Base (SMMLV)
$1.423.500
$1.750.905
+23%
Auxilio de Transporte
$200.000
$249.095
+24.5%
Ingreso Total
$1.623.500
$2.000.000
Histórico
Los sugovianos consideramos que este es un triunfo de la persistencia y de una visión de país donde el crecimiento económico no se mide solo en el PIB, sino en el bienestar de la mesa de cada trabajador.
La lucha sigue, pero hoy, la clase obrera camina con la frente un poco más en alto.
Fernando Alexis Jiménez es periodista y publica las columnas “Crónicas de Macondo” en medios impresos y digitales. @CrónicasdeMacondo
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Dos cosas inevitables: que se acabaran los pañitos para limpiar las lágrimas de los Congresistas y que colapsaran los servicios médicos, porque el Decreto les produjo taquicardia.
Les ha dolido en el alma. Las clínicas de la clase alta, estaban colapsadas esta mañana. ¿Los enfermos? Congresistas y personas vinculadas como UTL. Tienen taquicardia. Y episodios de ira incontenible.
“Que se muera Petro”, murmuran entre dientes. Ofendidos.
Y una monita toda exuberante que trabaja conmigo y que es fiel a una congresista vallecaucana, muy cercana ella al tema de la salud, me dijo: “Lo peor que le pudo ocurrir a Colombia, fue ese ojbrotado”
Me quedé pensando y abordé de nuevo a la chamaca que me hace evocar a la Caponera, con su pelo largo y suelto. Sí, adivinó. La protagonista de la novela “El gallo de oro”, Juan Rulfo.
–¿Cuál ojibrotado, Claudita? De La Espriella…
–No, ese Petro.
–¿Y por qué lo dice, mi Clau?
–Por perjudicar a los Congresistas. Es un infame–, me respondió, con los ojos inyectados en sangre.
Furiosa. Ella que anda en el transporte masivo de Cali…
¿Y cuál es el motivo de su indignación? El más reciente Decreto de la Nación.
El Gobierno del presidente Gustavo Petro expidió el Decreto 0030 del 19 de enero de 2026 mediante el cual se deroga el Decreto 2170 de 2013 que estableció la prima especial de servicios para los congresistas (senadores y representantes a la Cámara) equivalente a $16’914.540 mensuales.
Este nuevo decreto deroga el que dio origen a esta prima de servicios, el Decreto 2170 del 4 de octubre de 2013, expedido durante el gobierno del expresidente Juan Manuel Santos, cuando el actual precandidato a la Presidencia, Mauricio Cárdenas, se desempeñaba como ministro de Hacienda.
¿Y qué argumenta Petro?
Ya le cuento…
El decreto concluyó que “la remuneración percibida por los congresistas resulta desproporcionada en relación con el ingreso promedio de la población y con la realidad económica del país”.
Congresistas colombianos están rabiosos. No comparten, como es natural, la decisión.
Por ejemplo, Claudia, la caponera criolla. Es PS (prestadora de servicios) y ese contratico lo tiene hace años. Muchos.
Debe conseguir cincuenta votos para cada proceso eleccionario.
Tras los votos, te renovamos el contrato.
Así de sencillo.
Gana casi $4 millones, menos los deducibles, la seguridad social y el “diezmo” que le paga a su político.
Y es ella e infinidad de parroquianos de a pie, que no entienden bien el asunto, los que andan indignados.
Los Congresistas, furiosos. Sin embargo, se muestran prudentes. Aplican aquello que solía repetir el filósofo de Vijes:“El que tenga rabo de paja, que no se arrime a la candela”
¿Y será que tumban ese Decreto?
Pues no. Al menos así apunta todo. Le cuento:
En anteriores ocasiones, el Gobierno manifestó que puede amparar esta medida en la interpretación jurídica de la Ley 4 de 1992 y de la Sentencia C-608 de 1999 de la Corte Constitucional, que señala que el Ejecutivo no está obligado a reconocer este tipo de primas, sino que puede hacerlo dependiendo de las circunstancias.
Así las cosas, ya se anticiparon a echar lápiz. Esa platica—los $16 millones—no volverán a percibirlos.
Aun así, insistirán en la teta del Senado y de la Cámara de Representantes. Una buena teta—ojo, que esto no es ofensivo, sino muy criollo, muy colombiano–. Una ubre que exprimirán al máximo.
No sé por qué vino a la memoria la actriz, Dolly Parton, en sus mejores años, cuando debía mandar a fabricar los sostenes.
¿Y el “decreto de Llorente”? Como parroquianos, debemos apoyarlo, así a Otilio Tumbeleque le duela en el alma, sin ser congresista, pero es fiel seguidor de Uribe de quien dice, es el futuro salvador de Colombia.
Fernando Alexis Jiménez es periodista y publica las columnas “Crónicas de Macondo” en medios impresos y digitales. @CrónicasdeMacondo
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No faltan los críticos del gobierno del Cambio por ajustar el salario mínimo en un 23%. Y no estamos hablando solo de la ultraderecha del Centro Democrático. Los hay en todos lados.
Ajustar el salario vital en un 23% fue un paso agigantado en el camino de cerrar brechas sociales. Un anhelo de vieja data. Sin parangón histórico.
Sin duda, el punto en el que coincidimos.
Sin embargo, no han faltado los críticos. Que subieron los alquileres, que los precios de los productos básicos, que la canasta familiar por las nubles, que el precio de los pasajes.
El listado puede ser grande.
Pero hagamos un alto en el camino y admitámoslo: el problema no es el ajuste del 23% sino la especulación de quienes, aprovechando esa decisión gubernamental, decidieron disparar los precios todo.
Incluso, de los productos agrícolas.
“Es que ahora los campesinos cobran más, por aquello del aumento del mínimo”, dicen los sinvergüenzas en los centros de abastecimiento.
Mentira.
Los productores del campo siguen ofertando al mismo valor del 2025 y hasta menos.
El campesino, el más golpeado por los avivatos, especuladores e intermediarios.
Lo que no quieren es quedarse encartados con la producción.
Otro renglón que se disparó: el de los pasajes urbanos e intermunicipales. Irónico, ahora que avanza el proceso para disminuir el costo por galón de gasolina.
Los beneficiarios del ajuste en el salario vital son 2,4 millones de colombianos y sus familias.
Y con colocación informal, estamos hablando de XX colombianos.
En ese orden de ideas, no se justifica que se hayan disparado los precios en diversos ítems de consumo de los colombianos.
El asunto aquí es denunciar a los especuladores, intermediarios y avivatos que al amparo del 23% en el salario vital, quieren sacar ventaja.
No podemos desconocer que el impacto del ajuste salarial del 23% solo será en 2,4 millones de trabajadores y sus familias.
Vivos, abusivos, inmisericordes, salvajes.
Por supuesto, los cuestionamientos de quienes están lejos del contexto de la realidad, han sido aprovechados por los gremios y todos aquellos a los que un gobierno popular les produce urticaria.
Colombia debe seguir en la ruta del Cambio, que favorece amplios sectores de la población, vulnerables y desfavorecidos, y la mayoría de nosotros ser salvaguardas para que la transformación del país, prosiga su camino.
Volver atrás, ni por el berraco. La única salida es avanzar, siempre adelante, con la mira puesta en una Colombia más justa, equitativa e incluyente.
Fernando Alexis Jiménez es periodista y publica la columna “Crónicas de Macondo” en medios digitales e impresos. @CrónicasdeMacondo
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Rusia, Corea del Norte y China cuyos gobiernos se preciaban de ser amigos de Nicolás Maduro, lo dejaron solo. Las potenciales mundiales se “están haciendo pasito” para no afectar sus intereses expansionistas.
China y Estados Unidos están enfrascadas en una lucha por la supremacía global. Sus métodos son distintos, pero apuntan a lo mismo: tener control sobre los recursos de los países latinoamericanos.
El más reciente caso, la intromisión norteamericana en Venezuela.
El mandatario del gigante asiático, Xi Jinping, es cuidadoso, pero certero como las serpientes. Donald Trump es más reactivo, inmediatista y, además, mediático.
Vladimir Putin parece guardar prudente silencio, pero igual, le interesa el petróleo de los latinos y otros recursos.
Lo que está en juego es el poder en nuestros territorios. Por ese motivo ni China ni Rusia reaccionaron con mayor contundencia frente al secuestro de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, en un hecho que violentó la Carta de las Naciones Unidas y los principios más elementales del Derecho Internacional Humanitario (DIH).
UNA PARTIDA DE AJEDREZ
Lo que está ocurriendo es la reconfiguración del poder, de ahí que Donald Trump haya manifestado interés en intervenciones político-militares en Cuba, Colombia y México.
Su interés: las reservas minero-energéticas, al igual que en Groenlandia, a la que le metió muela.
En el caso venezolano no le preocupan unas eventuales elecciones, sino tener el control de la extracción y comercialización del petróleo a través de las multinacionales de su país.
La razón esencial para que desestimara a María Corina Machado y a Edmundo González, que en su momento fueron sus marionetas.
Utilitarista, nada más.
Colombia, como tantos otros en América Latina y el Caribe, está obligada a reconocer esa realidad y caminan con pasos de plomo en tanto trata de mantener su casa en orden.
Es como una partida de ajedrez, ni más ni menos.
Nicolás Maduro creyó, en su momento, contar con el apoyo de Vladimir Putin, pero todo apunta a que Rusia lo dejó solo.
LA AMENAZA ASIÁTICA
China resulta una peligrosa amenaza para Estados Unidos, no solo por la carrera encaminada a conquistar mercados, sino también, por el posicionamiento internacional de su divisa.
De despachar artículos baratos gracias a sus enormes economías de escala, los chinos dieron el paso de manera gradual a una oferta cada vez más sofisticada, capaz de competir con las grandes multinacionales.
Como solemos repetir los colombianos, se “dieron la pela” pero escalaron hasta ser competitivos en todo el mundo.
Cuentan con una infraestructura vial y de transporte que le lleva kilómetros a Estados Unidos, al tiempo que su engranaje industrial y tecnológico es cada vez mayor. No tienen competencia, ni siquiera de Rusia.
Su capacidad de generación energética está por encima de la de Norteamérica y Europa unidos, aparte de los niveles de conectividad digital que, entre otras, masificaron múltiples aplicaciones y llevaron a la casi desaparición del dinero físico.
Por eso Estados Unidos no se traga a los chinos, pero anda con cuidado.
LA BÚSQUEDA DE NUEVOS RECURSOS
China es líder mundial en la fabricación de vehículos eléctricos, robots, paneles solares y equipos de telecomunicaciones, entre otros segmentos.
Para expandir su producción requiere de las “tierras raras”, las que, sometidas a refinamiento, le traerían ventajas económicas.
En esencia es un conjunto de 17 elementos que se usa para elaborar imanes o catalizadores para la industria automotriz, entre otros destinos.
Por supuesto, no son unos angelitos. También tienen mentalidad imperialista.
Un ejemplo, los roces permanentes con vecinos como Filipinas o Japón. Y envían señalas claras de someter a corto plazo Taiwán con una intervención militar.
En su agenda también está quitarle espacio al dólar e impulsar el yuan.
Un coctel de ambiciones bastante peligroso. Y nos norteamericanos lo saben.
LA REACCIÓN NORTEMARICANA
Al encenderse las señales de alarma, el presidente Donald Trump no ha dado tregua. Inició sus reacciones con medidas arancelarias en el 2017.
En su retorno al poder, se agudizaron.
Aparte del alza de aranceles generalizada, la dinámica gringa se volvió mucho más agresiva, hasta que en octubre se firmó una especie de tregua por mutua conveniencia.
Lo más seguro es que Estados Unidos sabía que Nicolás Maduro se quedaría solo, sin el apoyo de los rusos y de los chinos.
Pese a ello, la economía china sigue creciendo. Siguen avanzando a pasos firmes en el mercado, particularmente con sus exportaciones a precios altamente competitivos.
Y algo más: tras la invasión a Ucrania fue evidente el acercamiento entre Pekín y Moscú, el cual incluyó la compra del petróleo ruso objeto de sanciones internacionales.
Y la mirada de los chinos se mueve en todo el globo. Aparte de Latinoamérica, han dirigido sus baterías a África.
Se disputan los territorios con los estadounidenses.
Los países que les interesan son Guinea, Zambia, la República Democrática del Congo o Zimbabue que albergan grandes proyectos mineros, fundamentales en el proceso de transición energética.
En Asia ambas potencias cortejan a India o Indonesia, mientras Corea del Sur o Vietnam tratan de irse por la línea media.
A MADURO LO DEJARON SOLO
Rusia, Corea del Norte y China cuyos gobiernos se preciaban de ser amigos de Nicolás Maduro, lo dejaron solo.
China es hoy el principal socio comercial de Venezuela y otros países, al igual que proveedor de recursos de crédito.
No hubo mayores reacciones para no “calentar la plaza” con los norteamericanos. A los chinos les interesa seguir con sus reales asentados en territorio venezolano.
El Tío Sam no quiere bajar la guardia y cada nueva ficha que mueva en el tablero del ajedrez mundial, estará mediado por las consecuencias que sus acciones tendrían a corto y mediano plazo.
Las grandes potencias mundiales de lo que se preocupan, es de defender sus intereses económicos, no la soberanía de los países.
En el corto plazo nadie querrá exponerse a la ira de un Trump envalentonado por el éxito de su operativo militar en Caracas.
Estados Unidos tendrá que hacer esfuerzos para recomponer sus relaciones y recuperar la confianza de tantos que se han sentido atropellados por la política del Make America Great Again (Maga).
No pasará nada. Lo anticipo, nada. El propósito de Trump es bajar el tono de las relaciones, que estuvieron tensas por mucho rato.
Igual, tiene interés en los negocios y la presencia de multinacionales en Colombia.
¿Ganaremos algo? Muy poco o casi nada, salvo que el propósito del gobernante gringo sea enviar recursos para fortalecer la guerra contra las drogas.
La estrategia de mantener un cerco en el caribe con sus embarcaciones y el bombardeo a las lanchas, no le ha traído más que animadversión de sus connacionales, especialmente en el Congreso.
La única expectativa: ¿qué viene ahora? Porque es evidente que la reconfiguración del poder porque el interés de las potencias mundiales con los recursos minero-energéticos de América Latina, prosigue y cada día con mayores fuerzas.
Fernando Alexis Jiménez publica la columnaCrónicas de Macondoen medios impresos y digitales. @CrónicasdeMacondo
Millares de colombianos viven del rebusque y en un renglón muy particular, el reciclaje. Crónica real de un rebuscador, de nuestra gente.
En medio de la apoteósica manifestación en defensa de la soberanía nacional, Rómulo recogiendo botellas vacías de aluminio. Una historia detrás de una realidad que no podemos eludir.
Alrededor, la gritería. En apoyo a la soberanía nacional. Las banderas ondeaban majestuosas, las consignas, las sonrisas de amigos que se encuentran. Hace rato no te veía, dice uno y otro le responde: Vos siempre más joven. Sonrisas. Un nos vemos luego y toda algarabía en la Plazoleta de San Francisco.
Sí, fue el pasado 7 de enero. Melchor, Gaspar y Baltazár, los tres reyes magos no se habían devuelto a su tierra por miedo a que la ICE de Trump los deportara, si pasaban por territorio estadounidense, y la gente en Colombia, unida, decía un “Nunca” a las pretensiones intervencionistas del reyezuelo del Norte.
Es en ese contexto que entra la historia de Rómulo.
Sobre un costado de la Plazoleta, donde hay un tacho de basura, estaba buscando latas de cervezas vacías para reciclar.
Muchas.
Todos se habían bebido su birra y al tarro y él, sacándolas, aplastándolas con fuerza y a un costal.
Rómulo tiene 42 años, pero parece de 60. Es por el vicio, me dice alguien al lado.
Dejá eso para luego, le animo, pero él sin pensarlo dos veces: No, porque alcanzo a vender todo antes que anochezca.
La historia de Rómulo, el reciclador del centro de Cali.
Sonríe. Le faltan dientes. Pobreza, necesidad, un reflejo de la Colombia que todos debemos cambiar.
Terminada su tarea, en tanto todos gritan consignas y suena música de Mercedes Sosa y de Inti Ilimani por los parlantes, Rómulo levanta el costal de fibra.
Está por la mitad.
Calcula el paso. Sonríe. Con esto, como esta noche y pago la piecita.
Con eso no pagás nada, anota alguien. Y él: Claro, cerca de San Bosco, todavía alquilan la noche por diez mil pesos. Alcanza, asegura y de nuevo, su sonrisa, sin dientes.
Pobreza, miseria. Un problema que azota al país y por el que debemos seguir luchando.
La imagen la conservo. Me recuerda que falta mucho por hacer. Y si estuviera cerca Iván, el filósofo, le diría: Cuando llegués a la Presidencia, acordáte que los habitantes de calle son un problema que el Estado debe ayudar a resolver.
No sé, a ciencia cierta, cuándo se fue Rómulo. Me estaba llamando Luis Fernando: Venga hermano que va a intervenir en tarima.
A salir en búsqueda de espacio, para llegar. Y hablar. Y decir que somos del sindicato de empleados del Gobernación del Valle del Cauca y que nos identificamos con la lucha del pueblo colombiano, del que somos parte esencial.
Fernando Alexis Jiménez es periodista. Publica la columna «Crónicas de Macondo» en medios impresos y digitales. @CrónicasdeMacondo
Tras el anuncio del presidente Trump de que nuevos vientos de prosperidad soplarán en su país, millares de venezolanos emprendieron el retorno a su tierra, como caracoles, con sus pocas pertenencias a cuestas. Solo les acompañan las ilusiones y largas jornadas hasta llegar a su destino.
La noticia del secuestro de Nicolás Maduro y de su esposa, Cilia Flores, sorprendió a muchos venezolanos residentes en Colombia, muchos de ellos en tránsito hacia Suramérica. No daban crédito a las noticias y algunos especulaban que se trata de una “inocentada”, muy propia de los colombianos a las puertas de cerrar el mes de diciembre.
Lo comentaban una y otra vez y de tanto repetir la versión, comenzó a adquirir las características de un relato de Gabriel García Márquez, con todo y los ingredientes del realismo mágico.
—Venezuela volverá a sus viejos tiempos—decían unos.
—Gracias a Trump… –replicaba una doña que se rebusca vendiendo dulces en los buses del transporte masivo en Cali.
—No sea bruta, Caridad. Los norteamericanos van por el petróleo y de ese pastel grande, no nos quedarán sino las migajas.
Silencio. Tanto que se podía percibir un suspiro, por pequeño que fuera, con una estridencia ensordecedora.
Y fueron llegando a Sameco, en el norte de Cali. Uno, o dos o familias enteras.
Venían de Siloé, de algún barrio del Distrito de Aguablanca, de las inmediaciones de la terminal de transportes donde arman sus cambuches. De todas partes.
Un enjambre humano, con acento costeño propio de algunos caraqueños o de quienes habitan los Estados de Zulia y Falcon.
EN LA DISYUNTIVA
Para algunos es como estar en un cruce de caminos. Una disyuntiva. En alguna de las ciudades de Colombia y, particularmente en Cali, donde han establecido sus reales, es decir, emprendieron una nueva vida.
Se agencian ingresos vendiendo chucherías, ayudando en el servicio doméstico y los hombres—al menos una buena cantidad—en la construcción. Son muy buenos, particularmente en la obra blanca. Son pulidos.
Otros sobreviven de la caridad.
Doloroso decirlo, pero es verdad.
“Cada día me gano entre treinta y cincuenta mil pesos. Me alcanza para sobrevivir con mi mujer y dos hijos. Incluso, pagamos una pequeña habitación en el barrio El Piloto”, nos dijo Arnoldo.
Lleva doce años por estas tierras. Y está contento.
Primero llegó él. Luego se trajo a Lucía, su esposa y, por último, a los dos niños que se habían quedado con la abuela.
Regresar a Venezuela es tanto como tirar por la borda lo que han conseguido en Colombia.
Decenas de venezolanos en todas las ciudades de Colombia, emprendieron el regreso a su país.
OPINIONES ENCONTRADAS
En las afueras de la iglesia La Ermita se hicieron decenas de migrantes y en el Bulevar del Río, enfrente del lote donde otrora funcionaban los Cinemas.
Unos oran a Dios, agradecidos por que sacaron a Maduro de su patria. Otros, por el contrario, más sosegados, saben que el asunto puede complicarse.
Incluso, alguien se aventuró a decir, con sobradas razones, que una agudización en el proceso intervencionista en su país, podría desembocar en una guerra civil.
—Unos y otros terminaremos enfrentados. Temprano o tarde, así será la cosa—sentenció.
—La suerte está echada. Me voy para Sameco, donde está la otra gente.
—Y yo me les uno, sin mente mi hermano. Venezuela es Venezuela, es nuestra tierra–acotó otro que, dijo, iba para el barrio 20 de julio a sacar unas mudas de ropa y empacarlas en un maletín.–Lo peor que nos puede ocurrir es que debamos volver. Y lo haremos. Ya conocemos la plaza–argumentó.
Se reaviva el drama de los hermanos venezolanos en las calles.
LOS CARACOLES EN LA AUTOPISTA
Sobre las nueve de la noche del domingo 4 de enero del 2o26, estaban más de treinta venezolanos reunidos. Fueron llegando desde los diferentes puntos cardinales de la Sultana del Valle.
Los acompañé, hasta las 10:40 pm, que tomaron la autopista hacia Yumbo.
Mientras los veía partir sentí esa extraña sensación que amalgama la nostalgia, el dolor y la tristeza. «Quien se preña de ilusiones, termina pariendo desengaños«, me enseñó alguna vez el filósofo de Vijes.
Con toda razón. Probablemente al regresar, encuentren un país en confrontación interna y decidan, como caracoles con su casa al hombro, emprender el retorno a Colombia.
Fernando Alexis Jiménez es periodista. Publica la columna «Crónicas de Macondo» en medios impresos y digitales. @CrónicasdeMacondo
Las corridas de toros en Colombia terminan completamente el 22 de julio de 2027, debido a la Ley 2385 de 2024 (No más olé), que prohibirá estas prácticas barbáricas.
Samuel Herrera tenía en mente viajar a mediados de enero donde unos familiares que lo esperaban para celebrar el año nuevo. “Puede ser para la fiesta de Reyes”, les prometió en una llamada que sostuvo con varios primos y un hermano. “Allá nos tomamos unos rones; por ahora, voy a disfrutar de las corralejas”, les dijo con entusiasmo.
Fue su última llamada.
En San Juan Nepomuceno el aire festivo se percibía en todas partes. Los poco más de cuarenta mil habitantes esperaban los encierros, las corralejas y la gritería en los tablados.
Una tradición que se pierde en el tiempo.
Cuentan que a mediados de los setenta no pudieron celebrar esas festividades de comienzo de año, y la tristeza invadió de tal manera el pueblo, que ni siquiera los dueños de estanco querían abrir y les quedaron arrumes de cerveza, ron y aguardiente. Sin toros y hombres descamisados desafiándolos tan solo con un trapo rojo, enero no era el mismo, comentaban por todas partes.
El calor insoportable. De esos que tienen la contundencia para derretir los calderos donde hacen el dulce manjarblanco. Pero con todo y eso, Samuel se puso un pantalón color caqui, una camisa de colores y los tenis blancos, los mismos que usaba para pasear en el parque los domingos con su familia. Terciado en el hombro, el trapo de dulceabrigo rojo.
Dicen los testigos que estuvo media hora esperando el turno hasta que, al redoble de un tema de la papayera, se lanzó a la arena y retó al toro.
El bovino fue certero.
Lo embistió en el rostro y lo arrinconó contra las tablas. El animal empujó una y otra y otra vez.
En el hospital local le brindaron la atención primaria, pero ante la gravedad de las heridas, lo remitieron al Carmen de Bolívar. Allí murió.
La familia está desconsolada, pero su llanto fue acallado por la gritería de los asistentes a las corralejas, que dejaron este año nueve heridos, cuatro de ellos de gravedad.
Cuánto anhelamos que llegue el 27 de julio del 2027 cuando quedarán prohibidas, de una vez y para siempre, estas prácticas barbáricas. @CrónicasdeMacondo
Fernando Alexis Jiménez publica la columna Crónicas de Macondo en medios digitales e impresos.
La réplica de año viejo que más se vendió en Colombia, fue la de Uribe. Tenía un vistoso uniforme a rayas. Le prendieron totes, culebras y tumbarranchos.
Sobra decir que Otilio Tumbeleque estaba furioso cuando, en la cuadra, sacamos el año viejo para prenderle fuego.
Unos cuantos totes, velitas estrellita y cosas inofensivas.
Lo colocamos en una banquita de madera. A las afueras.
Otilio repetía: “No a la pólvora” Claro, si el año viejo hubiese sido una réplica de Petro, saca hasta dinamita para celebrar. Pero como era Uribe, se oponía fuertemente.
“Hay niños. No se puede promover la violencia”, decía.
Pero la imagen del Ubérrimo despertó entusiasmo.
Alguien apareció con un tumbarranchos y doña Marina Ruíz se trajo una culebra, de esas que suenan duro.
Los minutos corrieron con rapidez y, cuando menos pensamos, la canción de “Faltan cinco para las doce” de Néstor Zarvace.
Los abrazos, los buenos deseos para el año entrante.
Y alguien por allá: “Hay que quemar a Uribe… perdón, al año viejo”
Doña María Zárate, la vecina de enfrente que tiene una clínica de reparación de ropa, le cosió un uniforme vistoso a rayas. Era su regalo para Uribe… es decir, para el año viejo.
Volaban trapos por todo lado. Pum, pum, la pólvora. El letrero de Uribe quedó al lado del chiquero, donde los Peláez crían chanchos. Dicen que salpicado de bosta.
Entretanto, el llanto. La buenona de Carmencita con sus cucos amarillos, aunque las malas lenguas del barrio dicen que es lo que menos usa. Lenguas viperinas, por supuesto. Decir que Carmencita, en lo que menos gasta plata es en calzones. Misóginos infames.
Y doña Matilde con sus doce uvas, para la buena suerte.
Ah, y allá en la distancia, don Juan Carlos. Tiene casi setenta años, pero cada año da una vuelta a la manzana con una maleta grande, de cuero, color café.
Dizque para permanecer viajando todo el año.
¿Y el año viejo de Uribe? Quedó reducido a cenizas.
A mi lado, el filósofo Iván, el que es y al que apoyo, me preguntó con esa sonrisa picarona:
—¿Cómo evitar que Uribe siga reinando?
Mi respuesta contundente:
—Hay que seguir apoyando el Cambio.
En la distancia, en la cochera donde los chanchos se revolvían asustados por la pólvora, uno de los más regordetes se poposió con ganas en un letrero… que decía Uribe.
En una pieza, llorando a grito herido, Otilio Tumbeleque repetía con insistencia: “Llegó el apocalipsis, el final de los tiempos…”
La Columna “Crónicas de Macondo” se publica en medios impresos y digitales.
La de Luis Bolívar es la historia de un caleño que soñó recorrer los ruedos de las principales plazas del mundo. Y lo ha logrado. Siente nostalgia porque a vuelta de unos meses, en la Plaza Cañaveralejo no estará “jugando de local”.
Una de las grandes batallas que libra el torero Luis Bolívar es con la nueva realidad que vive Colombia: las corridas de toros están en vía de extinción. Pronto serán parte del pasado. De un ayer que pervive únicamente en los álbumes y viejas fotografías color sepia.
Su presencia en Cali es quizá la última, al menos como torero y ahora empresario. La Plaza de Cañaveralejo a vuelta de unos meses será un escenario distinto a lo que será este fin de año: un ruedo en el que la barbarie humana se materializa.
Uno no sabe si lo que esperan es ver morir al toro o que el animal, adolorido por las banderillas, termine hiriendo a su verdugo.
Es joven, con sueños, y tiene claro que pronto deberá dirigir su mirada a otras ciudades de países donde la tauromaquia no esté prohibida.
El instante en el que Luis Bolívar fue embestido por un toro, en Valencia (España) y estuvo a las puertas de morir.
EL CAMINO DE UN SOÑADOR
Tomó la alternativa hace once años, en Valencia (España). El 24 de julio de 2004. Una tarde soleada en la que los toros eran especialmente bravos. Todo pudo terminar en tragedia. Pero no fue así.
¿Por qué?
Porque Navideño, un bovino gigantesco de la casa Montalvo, lo agredió. Reaccionó cuando hacía uno de los pases.
Cuestión de segundos. Y estaba en el suelo. Sangre y arena.
Terminó en cirugía, pensando si era tiempo de volver al ruedo o retirarse, una vez lo dieran de alta.
De hecho, le prometió a su familia retirarse. Y lo hizo por espacio de varios meses, pero volvió a Cali, a la Cañaveralejo, en la que quizá será su última corrida o dos. En fin. Los registros gráficos le recordarán, con el paso de los años, que se debatió con una bestia en la arena, en la ciudad que lo vio crecer.
Hoy vive a las afueras de Madrid, pero no desperdicia la oportunidad de estar de paso en la Sultana del Valle para recorrer el Bulevar del Río. En la mañana, sol intenso; en la tarde, una brisa indescriptible acompasada con el rumor del río tutelar.
LOS RECUERDOS DE LA ANTESALA A LA MUERTE
Un paseíllo rápido en la plaza de toros de Valencia, conocida también como Plaça de Bous, escenario de grandes faenas.
Ese día su vida cambió en cuestión de segundos. Se enfrentó a la muerte y, por eso, comenzó a amar la vida.
“Tengo en mi mente, cómo no, las dificultades de un toro que apretaba para las tablas e impedía cualquier lucimiento. Entré por derecho a matar y me cazó Han pasado diez años que, frente a los toros bravos, son muchos. Muchas horas, semanas, meses, años de recorrido. De jugarse la vida, porque aquí se muere de verdad. Años de trabajo y de buscar madurar. Sin duda, hay un abismo entre ese muchacho de 19 años que toma la alternativa y quien ahora habla desde el oficio que dan las tardes.”, anota Luis Bolívar. Tranquilo, midiendo cada una de sus palabras.
¿Qué va a hacer ahora, si el toreo no vuelve a ser una opción en Colombia?
El torero caleño, Luis Bolívar
Unos minutos de silencio, pero la certeza de quien tiene claro qué hacer en la vida. Sencillamente, seguirá adelante. La tauromaquia fue su sueño y es el norte hacia el cual apunta su brújula.
“No es fácil, en medio de altas y bajas, una década de vigencia, menos en estos tiempos. El toreo se parece mucho a la vida. Es bonito sentir que muchos de los propósitos se van cumpliendo. Además, soy un privilegiado. Estoy activo, vivo de mi profesión y vivo como soñé vivir. Pero eso mismo estimula a seguir adelante, a no desfallecer.”, anota.
DE CALI HACIA LOS GRANDES RUEDOS DEL MUNDO
Luis Bolívar no ha tenido fácil su paso hacia el profesionalismo en su ejercicio. Arrancó en Cali con el sueño de llegar a los grandes ruedos del mundo.
“Tuve la inmensa fortuna de vivir una gran etapa como novillero. En 2003 había triunfado en casi todas las plazas importantes de España. Desde Madrid hasta Pamplona, pasando por Sevilla, Bilbao, Málaga, Valencia, y en esa Francia tan taurina y tan especial. Usted tiene un sello aparte del de Cali, el de Victorino, esa ganadería fundamental en su formación y, ahora mismo, en su presente. La casa Victorino es, como Cali, mi casa. No me alcanzan las palabras para agradecerle a Victorino Martín, y todos los suyos, lo que han hecho por mí.”, precisa este soñador que no ve en el toreo una demostración de crueldad, sino arte.
Como él, muchos profesionales de la tauromaquia. Ven su labor, más que como un trabajo para ganarse el sustento, como un arte.
Tal como Pablo Picasso quizá podía ver cada cuadro en el que invertía muchas horas o tal vez días.
Victorino Martín fue y sigue siendo un amigo. Alguien que lo acompañó en el proceso de convalecencia tras ser corneado en Valencia. De esos amigos que no salen corriendo cuando estás atravesando un desierto o, sencillamente, un mal momento.
Hasta finales del 2024 había enfrentado a cincuenta toros. Terminará esta vigencia con, por lo menos, cincuenta y cinco.
¿El toro más bravo? La respuesta no tarda: Bombero. Lo lidió en Bilbao, España. Una jornada inigualable que lo acompaña a todas partes, incluso en las más de diez horas que pasa en un avión cubriendo la distancia entre España y Colombia.
DESPEDIRSE DE CALI
Las corridas de toros en Colombia terminan definitivamente el 22 de julio de 2027, según lo establecido por la Ley 2385 de 2024 (conocida como ‘No más olé’), que implementa un periodo de transición de tres años desde su sanción en julio de 2024 para la prohibición total de actividades taurinas como corridas, rejoneos y novilladas.
Luis Bolívar lo sabe. Ha repasado la nueva realidad que se avecina, una y otra vez. Por eso, valora estar en Cali un diciembre del 2025 que, irónicamente, fue una amalgama de lluvias y un sol demoledor.
Quizá no volverá como torero o empresario, pero sí como un caleño que soñó con los grandes ruedos y no se detuvo jamás, hasta alcanzar su meta.