Categoría: Crónicas de Macondo

Artículos, análisis y crónicas del periodista y dirigente sindical, Fernando Alexis Jiménez, con una perspectiva crítica de lo que ocurre en Colombia y el mundo.

  • No quiero pensar en el regreso

    No quiero pensar en el regreso

    Ahora, cuesta abajo en mi rodada las ilusiones pasadas no las puedo arrancar. Sueño con el pasado que añoro, el tiempo viejo que lloro y que nunca volverá., Carlos Gardel, tango “Cuesta Abajo”


    La letra de la canción “Cuesta abajo”, de Carlos Gardel, me hace viajar en el tiempo, a la época en la que sonaba una y otra vez en la tienda de doña Dolores García, en el parque principal de Vijes. Imaginaba a ese hombre derrotado que volvía a su tierra.

    No olvido ese tango escrito en 1934, con autoría de Alfredo Le Pera, al pensar en el norteamericano cuando deba volver en avión a su tierra y el cuchicheo alrededor. Me refiero a quien protagonizó, por un cuento de una vecina desocupada, un incidente en el barrio Chicó Navarra, en Usaquén, en Bogotá.



    “Lo está abusando”, decía la mujer al ver al norteamericano mientras sacudía a un niño de 7 años en el balcón de un apartamento. “Mírenlo…”, gritaba. Y alguien grabó en su celular. Viralizaron el vídeo. Las autoridades llegaron al mejor estilo de las películas norteamericanas. “Abra la puerta, somos de la policía”, gritaron.

    En el lugar, tres menores. Dos de 4 y 7 años, y una adolescente de 15 años.

    Al hombre lo sacaron escoltado porque una turba quería lincharlo. “Mátenlo”, gritaban. A los pequeños los llevaron al Hospital Simón Bolívar. Tremendo escándalo. Y horas después, el diagnóstico: el hombre es inocente. No estaba abusando al niño, sino procurando desatorarlo porque se había tragado un juguete.

    El escándalo se ahogó con el triunfo arrasador de Colombia sobre Uzbekistán. Todavía se escuchan en la distancia los fuegos pirotécnicos, las vuvuzelas y la gritería de la gente, pero en el imaginario popular la idea de que el hombre, que vino a Colombia a adoptar a esos niños, es un abusador.

    Tremendo daño el que se le causa a una persona al destruir su honra por difundir informaciones sin confirmar, tanto en redes sociales como en radio, prensa y televisión. Un amarillismo que pensé, había quedado atrás, en esa época en la que yo cubría la crónica roja en el diario El Caleño, pero lamentablemente el afán de la chiva sin confirmar sigue vigente hoy.

    @CrónicasdeMacondo 


    Fernando Alexis Jiménez es periodista. Publica la columna “Crónicas de Macondo” en medios impresos y digitales.


    ANUNCIOS PARROQUIALES

    • 1.- Lea la última edición del Periódico SUGOV haciendo Clic Aquí
    • 2.- ¿Ya leyó la más reciente Crónica de Macondo? Léala Clic Aquí
    • 3.- Si desea afiliarse al SUGOV descargue el formulario Clic Aquí
  • El señor de las rosquillas

    El señor de las rosquillas

    Resulta lamentable el incierto futuro de decenas de adultos mayores que no alcanzaron la jubilación en Colombia.

    No es un personaje de John Ronald Reuel Tolkien, el célebre autor del Señor de los Anillos, la saga que escribió entre 1954 y 1955. Nada de eso. Es el señor de las rosquillas. Se llama Jaime y tiene 73 años.

    Tiene mucha vitalidad. Sube las escaleras de varios pisos en el edificio donde laboro. Ese esfuerzo no lo hago yo ni muchos otros con menos años, pero él sí. Y lo hace con una actitud que sorprende, sonriendo.

    El señor de las rosquillas ha diversificado su oferta. En la bolsa grande, de plástico, trae también otros productos.

    “A $3500 pesos. Aprovechen que no han subido de precio todavía”, dice mientras recorre todos los escritorios. “El que no ofrece, no vende”, asegura como si se tratara de un motivador de ventas.

    Lleva 12 años recorriendo los pasillos de entidades oficiales. No como funcionario, sino como vendedor. Le compran. Sale sin nada de su mercancía y con unos pesos en el bolsillo. “Todo se vende”, dice con satisfacción.

    Jaime trabajó en varios oficios. Fue vigilante, tuvo una tienda que quebró porque fiaba y sus vecinos de El Pondaje, en el oriente de Cali, no le pagaban.

    Luego ensayó con cuidar carros junto al Estadio Pascual Guerrero y duró solo año y medio. Un miércoles, en un partido clásico de América y Cali, se robaron un vehículo que le dejaron a cuidar. Lo único que recuerda es que era un automóvil viejito, color rojo. Nada más.

    Abandonó el trapo de dulce abrigo rojo y salió corriendo de allí. Jamás volvió. Le contaron que el propietario se sentó a llorar desconsolado en el andén. Perdió su equipo del alma y, además, le robaron el vehículo con el que se rebuscaba llevando mercados desde la galería Santa Elena.

    Jaime no tiene mayor futuro porque no se jubiló, y lo único que tiene en mente es seguir vendiendo rosquillas hasta que el cuerpo resista.

    @CrónicasdeMacondo


    Fernando Alexis Jiménez es periodista y publica la columna “Crónicas de Macondo” en medios impresos y digitales.


    ANUNCIOS PARROQUIALES

    1.- Lea la última edición del Periódico SUGOV haciendo Clic Aquí

    2.- ¿Ya leyó la más reciente Crónica de Macondo? Léala Clic Aquí

    3.- Si desea afiliarse al SUGOV descargue el formulario Clic Aquí

  • Elecciones sí, pero en paz

    Elecciones sí, pero en paz

    Una contienda electoral no puede convertirse en patente de corso para avivar odios y atizar la polarización política.

    _________________

    Desconozco si era demócrata, buen amigo o algo apendejado. O una conjunción de las tres apreciaciones. Me refiero a mi abuelo Rogerio, durante la época de la violencia. Los tiempos aciagos en los que Cachimbal dejó de ser un corregimiento tranquilo de Vijes, para convertirse en epicentro de terror por cuenta de la chusma.

    Las instrucciones de sacar de sus tierras a los rojos, así fuera a sangre y fuego, provenían del pájaro tulueño, León María Lozano, y los godos de mi tierra, fieles a la doctrina conservadora de la época, cumplían la misión como si fuera un dogma del que dependiera su salvación eterna.

    Mi abuelo jugaba un papel importante. Les advertía a los liberales, sus amigos de siempre, que iban a atentar contra sus vidas. Y salían a tiempo. Y era él mismo quien, clandestinamente, les anunciaba que las aguas estaban tranquilas y que podían regresar.

    Por eso digo que algo tal vez apendejado, porque arriesgaba su vida; pero buen amigo porque lo hacía por los vecinos de siempre y, demócrata, porque estaba convencido que liberales y conservadores podían convivir en el mismo espacio.

    Pasado el tiempo, mi abuela Mélida lavaba con dedicación la camisa azul que el viejo lucía el día de las elecciones e, igual, doña Genoveva Prado ponía a secar la prenda roja de su marido.

    Los dos hombres se encontraban el día de las votaciones gritando, a su turno, viva el partido conservador, y el otro, viva el partido liberal. Pero después de las cinco de la tarde se sentaban juntos a beber aguardiente o cerveza en la fonda La Economía, propiedad de don Jacinto, el eterno masón del caserío cuyas lecturas muchos consideraban sacrílegas.

    Era otra época, en la que se respetaba la decisión del otro, así fuera contraria y los partidos eran doctrinarios, con una ideología específica que movía a los seguidores.

    Eran también los tiempos en los que las elecciones transcurrían en paz y nadie ofendía a quien pensara distinto.

    @CrónicasdeMacondo


    ANUNCIOS PARROQUIALES

    1.- Lea la última edición del Periódico SUGOV haciendo Clic Aquí

    2.- ¿Ya leyó la más reciente Crónica de Macondo? Léala Clic Aquí

    3.- Si desea afiliarse al SUGOV descargue el formulario Clic Aquí

  • Hospitales de guerra

    Hospitales de guerra

    Ante la crisis del sistema de salud, urge aplicar reformas. Debe ser un compromiso de quien resulte electo en la Presidencia de la República.

     

    El legendario escritor, Ernest Hemingway, escribió la novela “Adiós a las armas” con un impulso febril que le llevó a perder la noción del tiempo entre 1927 y 1928. La publicó un año después. El texto se convirtió en la semilla para ganar el Nobel de literatura. Pasó al salón de la fama.

    En sus páginas describe las vivencias de los hospitales de guerra en Italia, durante la segunda Guerra Mundial.

    Hospitales de guerra, escenarios de dolor y sufrimiento. Espacios donde se incuba la desesperanza y los pacientes antes que nombres en una carpeta, pasan a ser una mera estadística.

    En Colombia no enfrentamos una guerra de alcance intercontinental, sino un conflicto interno de casi sesenta años que no hemos podido superar. Y con ese antecedente, podemos afirmar que también tenemos hospitales de guerra. La condición a la que han derivado sinnúmero de instituciones tras el colapso del sistema de salud.

    Cualquier día, a cualquier hora, decenas de camillas en los pasillos de los puestos de salud, hospitales y clínicas. Médicos, enfermeras y auxiliares corriendo aquí y allá, haciendo mil malabares para salvar la vida de quienes terminan acudiendo a sus servicios.

    ¿Recuerda al dominicano Juan Luis Guerra cuando interpretaba el merengue “La bilirrubina”? La letra es una fiel radiografía de lo que ocurre no solo en el Caribe sino en Colombia: no hay suficiente instrumental, hace falta personal, no dispensan oportunamente los medicamos y el listado de anomalías es interminable.

    Por asuntos familiares he pasado los tres últimos fines de semana en esos hospitales de guerra, durmiendo junto a la camilla de mi paciente en una silla plástica. Dolor, tristeza, desolación por donde quiera que se mira.

    Aunque es duro admitirlo, es real: el sistema está colapsado. La salud hay que reformarla. Debe ser el compromiso del próximo Presidente y de los colombianos en general, para evitar que se sigan multiplicando los hospitales de guerra. La salud está en cuidado intensivos…

    @CrónicasdeMacondo


    Fernando Alexis Jiménez es periodista y publica la columna “Crónicas de Macondo” en medios impresos y digitales. @CrónicasdeMacondo


    ANUNCIOS PARROQUIALES

    1.- Lea la última edición del Periódico SUGOV haciendo Clic Aquí

    2.- ¿Ya leyó la más reciente Crónica de Macondo? Léala Clic Aquí

    3.- Si desea afiliarse al SUGOV descargue el formulario Clic Aquí

  • ¿Volverá Colombia a la época del paramilitarismo?

    ¿Volverá Colombia a la época del paramilitarismo?



    ANUNCIOS PARROQUIALES

    1.- Lea la última edición del Periódico SUGOV haciendo Clic Aquí

    2.- ¿Ya leyó la más reciente Crónica de Macondo? Léala Clic Aquí

    3.- Si desea afiliarse al SUGOV descargue el formulario Clic Aquí

  • Uribe: el pasado no se olvida

    Uribe: el pasado no se olvida

    Proponer al expresidente Uribe como ministro de Defensa es revivir páginas dolorosas de la historia en Colombia, por las acusaciones que tiene encima.

    Estamos de acuerdo, es esencial que aprendamos a perdonar. Pero en el caso de Álvaro Uribe, olvidar, jamás.

    ¿Por qué? Ya le explico.

    Durante el gobierno de Uribe en Antioquia se escribieron muchas historias de dolor que perviven en nuestra memoria: masacres, desaparecidos, torturados.

    Cuando llegó a la Presidencia, la escalada de violencia llegó a los picos más altos. No sólo masacres, desaparecidos y torturados, sino algo más macabro aún: los falsos positivos.

    Está comprobado. No fueron 6402 casos, sino 7837. Una cifra inconcebible en toda Latinoamérica. Y en el mundo entero.

    Las lágrimas de las madres y de los familiares de las víctimas, no se pueden cuantificar. Tampoco se pueden olvidar. Aún hoy siguen visitando las efigies que representan a los muertos o a quienes desaparecieron a la fuerza.

    En ese orden de ideas, resulta inconcebible que la aspirante presidencial, Paloma Valencia, proponga que– si llega a gobernar el país–, nombrará a Álvaro Uribe como ministro de Defensa.

    Colombia no olvida las masacres que se produjeron durante los mandatos de Álvaro Uribe Vélez.

    Sospechoso, además, después de una curiosa escalada violenta en el país que se focalizó en cantones militares y carreteras de amplia afluencia.

    Como colombiano tengo derecho a decirlo: todo eso me resulta sorprendente y altamente sospechoso.

    Y que en medio del caos que “manos oscuras” quisieron sembrar, planteen a Uribe y la seguridad democrática como el salvavidas.

    Sospechoso, de verdad.

    Si hay un camino en el cual debe transitar Colombia es en el de la Paz Total propuesta por Petro. Dialogar para impactar el panorama nacional, poniendo freno a cualquier manifestación de violencia, pero con el diálogo como premisa fundamental.

    Uribe debe pasar a la historia.

    Retomar su desenvolvimiento en el devenir del país, sería nefasto. Algo en lo que Daniel Oviedo coincide, aunque por supuesto Paloma Valencia sale al paso–con actitud dictatorial–señalando que de ser presidenta, será ella quien nombre a los ministros.

    O sea, que, de gobernar a Colombia, volveríamos a sufrir un nuevo capítulo de violencia, que se dirigirá –sin duda– hacia los líderes sociales.


    Fernando Alexis Jiménez es periodista, Publica su columna Crónicas de Macondo en medios impresos y digitales. @CrónicasDeMacondo.


    ANUNCIOS PARROQUIALES


    1.- Lea la última edición del Periódico SUGOV haciendo Clic Aquí

    2.- ¿Ya leyó la más reciente Crónica de Macondo? Léala Clic Aquí

    3.- Si desea afiliarse al SUGOV descargue el formulario Clic Aquí

  • Historias de vida en una servilleta

    Historias de vida en una servilleta

    En una servilleta se pueden plasmar historias, sufrimientos, anhelos y expectativas de los colombianos.

    Puede parecer extraño, parte de un cuento tal vez, pero es verdad. Gran parte de mis columnas e historias nacieron en una servilleta mientras tomaba un cafecito tinto.

    Primero garabatos, luego ideas cortas, y después darles forma. Así nació el periódico del que soy editor, el blog de crónicas y relatos, la etiqueta @CrónicasdeMacondo, y muchas historias donde denuncio la violencia, las desigualdades sociales, y las aspiraciones por un nuevo y mejor país.

    Por ejemplo, se podría escribir: “Colombia no puede seguir enfrentando esta polarización política irracional“, “En la construcción de un nuevo país, más justo y equitativo, el terrorismo no tiene cabida“, “No es justo que muchos colombianos sigan muriendo a las puertas de un hospital porque el servicio de urgencias está saturado“

    También en una servilleta podríamos escribir: “No se justifica que, en una democracia, sigan asesinando a líderes sociales“. O tal vez, “Qué decir de Conrado, el vendedor de libros de segunda mano, que no se podrá jubilar porque la plata no le alcanzaba para cotizar a pensiones“

    Muchas historias, muchas servilletas: “Si Colombia es una potencial despensa agropecuaria, a los campesinos se les deben brindar mejores condiciones de vida” Y qué tal está:  “Es esencial reducir los porcentajes de quienes se rebuscan en las calles. Deben tener empleo digno y con garantías“

    A las afueras de la cafetería donde estoy escribiendo, dos habitantes de calle. Se asoman a los ventanales y a través de los vidrios, sus rostros con angustia. Hacen señas. Piden algo de comer.

    ¿En las drogas? Posiblemente, pero son colombianos, compatriotas. Y escribo en la servilleta: “Los habitantes de calle con todo y sus problemas, son una situación que el nuevo Presidente deberá resolver porque son un asunto de Estado”

    Piénselo. Una sola servilleta bastaría para escribir nuevas historias de vida: la suya, la mía, la de todos y la de la Colombia que amamos, con equidad y más oportunidades.

    Fernando Alexis Jiménez – @CrónicasDeMacondo


    ANUNCIOS PARROQUIALES


    1.- Lea la última edición del Periódico SUGOV haciendo Cluc Aquí

    2.- ¿Ya leyó la más reciente Crónica de Macondo? Léala Clic Aquí

    3.- Si desea afiliarse al SUGOV descargue el formulario Clic Aquí

  • De amor nadie se muere

    De amor nadie se muere

    La historia parece tomada de un argumento de Macondo, con todo y el realismo mágico. Pero ocurrió y vive en la memoria de muchos pobladores de Ginebra.

    Para comenzar, diré que ocurrió en Ginebra, Valle del Cauca, un pueblo idílico en el que uno corre el riesgo de encontrarse con algún símbolo del pentagrama flotando en el ambiente, en una tierra donde la música vernácula se lleva en las venas.

    Tierra de gente buena, que aún saluda con un alegre “Buenos días” y si atraviesa la acera, le ceden el paso.

    ¿Cuándo ocurrió? Unos dicen que hace más de veinte años. Otros, que en mitad del siglo pasado. No se ponen de acuerdo, pero en lo que sí coinciden es que Margoth sigue esperando a su prometido, como una Penélope de la modernidad, mirando en la distancia a través de la ventana.

    Cuando escuché la historia, en una mesa larga de la plaza de mercado donde se disfruta el mejor sancocho de gallina o atollado de la región, unos decían una cosa y otros otra. Pero cada uno le añadía un nuevo ingrediente al relato.

    Lo cierto es que el hombre llegó en un bus intermunicipal, un viernes hacia el mediodía, preguntó por una buena pensión para hospedarse, aunque fuera costosa y, a partir de entonces, comenzó a cultivar a su alrededor un halo de misterio y el mito de que era un ricachón en busca de oportunidades de negocio.

    Pronto todos sabían del forastero, joven, buen mozo y acaudalado, al que le gustaba lo mejor de lo mejor. Por eso nadie sospechó cuando comenzó a preguntar por las jóvenes casamenteras, averiguado sutilmente por su dote económica. Eran muchas, pero sus ojos se posaron en Margoth.

    Ella fue la elegida o la víctima, todo depende del cristal con el que se mire. El forastero no ahorró esfuerzos para conquistarla, con flores, serenatas y chocolates traídos de Buga, del negocio de las hermanitas Miranda.

    Y ella se enamoró perdidamente. No de otra manera se explica que le haya aceptado al extraño, no solo casarse con él, sino transferirle parte de sus propiedades y acordar con él, mudarse a Pereira.

    Y un día, cualquiera, el forastero cargó en un camión rumbo a la capital del Risaralda, con todo lo que tenía la mujer de valor, incluso sus joyas. “Es mejor que vivamos allá para evitarnos las murmuraciones de la gente lenguaraz”, le dijo.

    El vehículo jamás llegó a Pereira, pero Margoth sí. Lo sigue esperando, en un hotelito modesto. Lleva muchos años aguardándolo, sin desesperarse, porque confía que su amado aparecerá cualquier día al atardecer y le explicará que se extravió y que lleva todo este tiempo buscándola…

    “No pierdo la esperanza, aquí lo espero”, les responde a quiénes le preguntan qué sigue haciendo detrás de esa ventana, mirando al horizonte sin parpadear.

    Fernando Alexis Jiménez – @CrónicasdeMacondo


    ANUNCIOS PARROQUIALES


    1.- Lea la última edición del Periódico SUGOV haciendo Clic Aquí

    2.- ¿Ya leyó la más reciente Crónica de Macondo? Léala Clic Aquí

    3.- Si desea afiliarse al SUGOV descargue el formulario Clic Aquí

  • Los vientos de agosto

    Los vientos de agosto

    En algunas regiones pasó sin pena ni gloria la conmemoración del Día Nacional de las Víctimas del Conflicto Armado.

    Lo que más le gustaba a José Orlando Macías eran los vientos de agosto cuando le imprimía ingenio a la construcción de cometas, con papelillos de múltiples colores que elevaba en las cercanías del pueblo.

    Segovia era por entonces un municipio tranquilo de casas viejas que serpenteaban en las calles zigzagueantes, propias de los terrenos desiguales de una región montañosa, y una iglesia antigua en el centro de un parque adoquinado que reunía los fines de semana a infinidad de parroquianos.

    Los estudiantes de bachillerato comenzaban a hablar de revolución y de cambios sociales cuya magnitud no alcanzaban a dimensionar, pero que les atraían y, en particular, a José Orlando.

    Ese fue el único delito que lo llevó a convertirse en el primer desaparecido de ese pueblito antioqueño y la primera víctima que apareció con signos de tortura y un tiro de gracia, abandonado en la zona rural.

    Fue la antesala de lo que ocurría días después, el 11 de septiembre de 1988, a las 11:00 pm, cuando cuatro vehículos cruzaron el casco urbano de Segovia.

    Sus ocupantes accionaron rápido. Pasada la medianoche dejaron una estela de muerte: 46 personas a las que acusaban de colaborar con la guerrilla. Uno de los episodios más violentos y dolorosos del conflicto armado que se le atribuyó al paramilitarismo.

    La mayoría de los muertos, gente del común: campesinos, comerciantes y el dueño de la tienda “La fortuna”, acusado de ser el proveedor de víveres para la insurgencia.

    No fueron los únicos. El mapa nacional está manchado de sangre, con historia de hombres y mujeres muertos en un conflicto interno de magnitudes irracionales que persiste en algunas regiones.

    De ahí la importancia del 9 de abril como fecha para conmemorar en Colombia el Día Nacional de la Memoria y la Solidaridad con las Víctimas del Conflicto Armado.

    Una forma de decirles, con dolor en el corazón, que no los hemos olvidado…

    Fernando Alexis Jiménez – @CrónicasdeMacondo


    ANUNCIOS PARROQUIALES


    1.- Lea la última edición del Periódico SUGOV haciendo Clic Aquí

    2.- ¿Ya leyó la más reciente Crónica de Macondo? Léala Clic Aquí

    3.- Si desea afiliarse al SUGOV descargue el formulario Clic Aquí

  • Mi alma se la dejo al diablo

    Mi alma se la dejo al diablo

    Publicada en 1982, la novela de Germán Castro Caycedo cobra hoy más vigencia que nunca, particularmente en regiones donde persisten el olvido y la explotación humana.

    De Germán Castro Caycedo tengo los mejores recuerdos: como conferencista, como periodista, como cronista y, por supuesto, como escritor. Y una de sus narrativas sin parangón literario en Latinoamérica es “Mi alma se la dejo al diablo”. Por muchas razones. Una de ellas, porque denuncia las condiciones de esclavitud y explotación social que perviven en el tiempo. Sí, aquí, en nuestra Colombia.

    Son dos historias paralelas que convergen en un final sorprendente. Sobre las travesías del aserrador Óscar Rivera y del campesino Benjamín Cubillos.

    Describe paisajes selváticos extraordinarios e inverosímiles en los ríos Apaporis y del Yari y el Araracuara donde hubo un penal de los más inhumanos del mundo. Denuncia entre líneas a quienes se enriquecen a partir del sufrimiento de los más vulnerables.

    Los hechos ocurrieron en 1971 pero la novela, como tal, se publicó en 1982 después de un dispendioso proceso de reconstrucción de los hechos.

    Hay historias de dolor, sufrimiento y muertes que se pudieron evitar. Y en medio de todo esto, las caucherías y la explotación humana a partir de generar ilusiones entre los desempleados. La otra Colombia que necesita un desarrollo sostenible.

    Si no ha leído esta novela, se la recomiendo. “Mi alma se la dejo al diablo” es cruda, real e inolvidable. No es solo el relato de una expedición fallida; es la crónica de un choque brutal entre la ambición humana y la soberanía de una naturaleza que no perdona errores.

    La novela nos recuerda que el “progreso” y el ego se desintegran rápidamente bajo la cortina de la selva.  

    La búsqueda de una riqueza esquiva (el oro, las tierras) suele ser el espejo de un vacío interno. El título mismo de la novela es una sentencia: cuando el hombre entrega su voluntad a la obsesión, el desenlace es la deshumanización. Una novela para leer y releer. Y para recordar que no puede pervivir la explotación del hombre por el hombre.

    Fernando Alexis Jiménez – @CrónicasdeMacondo


    ANUNCIOS PARROQUIALES


    1.- Lea la última edición del Periódico SUGOV haciendo Clic Aquí

    2.- ¿Ya leyó la más reciente Crónica de Macondo? Léala Clic Aquí

    3.- Si desea afiliarse al SUGOV descargue el formulario Clic Aquí