Autor: Fernando Alexis Jiménez

  • El problema entre Colombia y Estados Unidos parece que no terminó

    El problema entre Colombia y Estados Unidos parece que no terminó

    El congelamiento de los recursos que se habían asignado a la Justicia Especial para la Paz (JEP) resulta más que preocupante.

    Las diferencias surgidas entre Colombia y Estados Unidos a raíz de la deportación de decenas de connacionales, va para largo.  El presidente Petro hizo una reclamación a la que respondió Trump señalando que le estaba enviando “narcos y pandilleros”. Y aun cuando muchos alcanzaron a persignarse pensando que llegarían los modernos émulos de Pablo Escobar, de los Gacha o de los Rodríguez Orejuela, lo cierto es que los repatriados no tenían antecedentes.

    No eran criminales, sino colombianos que se fueron en busca del “sueño americano”, igual que lo hacen quienes emigran a Chile, España y la reciente ola de los que salieron con rumbo a Polonia, detrás de los “cantos de sirena” de empleadores que les prometían el cielo y la tierra, y está claro que terminan esclavizándolos.

    Superada la crisis diplomática—en apariencia—, y tras comprobar que quienes llegan no son los peores delincuentes de la historia, sino personas del común que iban a rebuscarse en esas tierras, ahora se anuncia el congelamiento de $15.000 millones que se iban a destinar para la JEP. Definitivamente. Trump busca la revancha y todo apunta a que no cesarán sus “sanciones soterradas” para los colombianos.

    Resulta lamentable que muchos latinos, entre ellos algunos de nuestros coterráneos, apoyaron electoralmente al mandatario norteamericano. El doble discurso. Anunciaba el endurecimiento para la migración ilegal, pero explicaba que tendría ciertas consideraciones para quienes llevaban un tiempo allá.

    Una vez en el poder, Trump inició su política de “tierra arrasada” contra nuestros compatriotas. Los que le creyeron, ahora están de camino a Colombia. Tremendo chasco. Y el problema no es que disminuyan las filas en las casas de cambio a donde enviaban los giros en dólares, sino que la actitud revanchista puede llevar a la toma de medidas orientadas al ahogamiento progresivo en la importación de los productos que les compran a Colombia, mientras nos siguen inundando en los almacenes con chucherías que dicen “Made in USA”

    El tema, pensaría uno, más que diplomático es de la actitud del gobernante estadounidense para con lo que le suene a Latinoamérica. Lo digo, sabiendo que lo más probable es que jamás llegaré a conocer al Pato Donald ni a Micky Mouse. Es cuestión de dignidad con nuestros compatriotas.


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  • Las “Voces Inocentes” del Catatumbo

    Las “Voces Inocentes” del Catatumbo

    El enfrentamiento armado en la región del Catatumbo deja decenas de muertos y sinnúmero de niños huérfanos, como ocurrió en Centroamérica. Esta guerra debe terminar.

    Por estos días se van a cumplir diez años desde que el mundo viera con asombro la película “Voces inocentes”. Casi dos horas describiendo el conflicto armado en El Salvador, el sufrimiento de la gente y las mil y una ideas ingeniosas para evitar que los niños fueran reclutados por las fuerzas militares.

    Era la época del Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN) en cuyas filas militaban campesinos, estudiantes de secundaria y universitarios, alimentando la utopía de acabar con gobiernos hegemónicos y algunos de corte dictatorial y militarista, que detentaron el poder por espacio de 47 años.

    El protagonista central es Chava, un niño de once años, desde cuya perspectiva la guerra es no solamente horrorosa, sino que acaba con familias enteras, sembrando muerte y miseria a su paso.

    Las ejecuciones sumarias de los militares contra quien sospechaban que era subversivo y los desplazamientos forzados que promovían, llevaron a que el pequeño viera en la insurgencia un camino de vida. Lo escuchaba no solo en las letras de la canción protesta, sino en las eventuales transmisiones de la clandestina Radio Venceremos.

    Colombia tiene muchos pequeños, así como Chava, víctimas de un conflicto que no entienden, pero del cual sufren las consecuencias como ocurre en El Catatumbo, epicentro de enfrentamientos del ELN, las disidencias de las FARC y otros actores armados.

    Con decenas de muertos, la situación de esa zona de Norte de Santander debe llamar la atención y motivar el pronunciamiento de un país entero, de cara a que se termine la guerra.

    Las confrontaciones entre los diferentes grupos no dejan más que vidas segadas, heridos y sinnúmero de huérfanos. Los protagonistas criollos de “Voces inocentes”.

    Los disparos que van y vienen en el Catatumbo no procuran una transformación social ni el cambio de un gobierno, sino dirimir a balazos diferencias irracionales por diversos factores. No es el cuestionamiento a una ideología en particular, sino a una guerra que ya no tiene sentido…

    (c) Fernando Alexis Jiménez


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  • Levantar una familia a punta de hojaldras

    Levantar una familia a punta de hojaldras

    La de Manuel Enrique es la historia de un colombiano que le pone la “trampa al centavo”. Junto a una estación del MÍO, en Cali, libra la batalla diaria por conseguir lo de su sustento y de la familia.

    Manuel Enrique Chauza no es caleño, pero como si lo fuera. Le gusta la salsa y es un fanático del grupo Niche y de Guayacán. Incluso, baila en su pequeño espacio cuando desde el radio de pilas escucha un tema de las dos orquestas.  Su canción preferida, “Cuando hablan las miradas”, de Nino Caicedo.

    Es el que más vende hojaldras en el acceso del transporte masivo del Parque de las Banderas. La convirtió en su espacio de trabajo hace varios años. Y a punta de hojaldras, no solo se mantiene, sino que les dio estudio a sus hijos. “La harina es muy agradecida. Con este negocito vivo y ayudo a mis hijos y, ahora, hasta le doy estudio a un nieto”

    Su jornada comienza a las 4:30 am. A esa hora, emprende el recorrido en una bicicleta vieja, desde Normandía, pero no donde vive la “gente bien” de Cali, sino al lado, donde las casas humildes vencen las leyes de la física y no se van a tierra en los tiempos de fuertes aguaceros o de los esporádicos remezones.

    “Llego aquí pasadas las cinco de la mañana. Y en pocos minutos, hojaldras para todo el mundo. Los primeros pasajeros del MIO se llevan dos o tres. Imagínese, aquí es el único chuzo donde desayunan con $3 mil.”, dice con orgullo mientras le da vuelta a su producto en el caldero de gas. “Hay que cuidar que no se quemen. Y cuando el aceite se pone negro, cambiarlo. Los clientes se la pillan.”

    Las hojaldras son crujientes, con buen sabor. “Tienen mantequilla. ¿Quién le prepara la masa? ¿Su esposa?”, le digo. Admite que le echan mantequilla. “Se la compro a un proveedor que distribuye por muchos puestos en la ciudad. Mi esposa murió hace tres años. Se fue feliz porque vio a los hijos graduados.”

    Como veo que no se deja intimidar por ningún tema, le pregunto cómo ve el país. “¿Petro? Es bueno, pero tiene sus cositas”, responde con una sinceridad demoledora, aplastante. Le respeto su opinión, como debe ser.

    Sin que se lo pregunte, me cuenta que su jornada termina a las 10:00 am. “No me queda nada; además, comienza el calor fuerte. Uno fritando hojaldras y ese solazo, no aguanta…” Con lo que deriva de sus ingresos, paga alquiler y atiende las necesidades básicas de la familia.

    Aunque porfié con él para que no lo hiciera, me regaló la ñapa. Y no puedo negar que la disfruté hasta la última migaja, porque descubrí la historia de vida que encierra esa masa frita.

    (c) Fernando Alexis Jiménez

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  • La barbarie de las corralejas debe acabarse

    La barbarie de las corralejas debe acabarse

    Las corralejas que para muchos son una tradición cultural, han cobrado la vida de sinnúmero de parroquianos que se arrojaron al ruedo tras unos billetes.

    La más reciente demostración de barbarie en las corralejas, cuando a un toro le incrustaron en el lomo una banderilla encendida con pólvora, aviva la alarma para que los colombianos cerremos filas y acabemos con esta tradición.

    Ocurrió en Ciénaga de Oro, Córdoba. No tiene más de 60 mil habitantes, pero todos—desde los más pequeños hasta los ancianos– recuerdan las tragedias que ha dejado esta práctica rudimentaria de tauromaquia. Los más adultos perdieron la sensibilidad, acostumbrados a beber ron hasta embrutecerse al calor de la tarde en sus calles, con temperaturas de 40 grados.

    “Las fiestas de este año estuvieron muy buenas. Claro, una persona murió y otra quedará en silla de ruedas, pero es la fiesta”, justifican al hacer un balance de las tardes de jolgorio en las que los tendidos de tabla vibran y amenazan con caerse, mientras en el ambiente resuena la música de una papayera.   

    Muchos de los arriesgados participantes en estos encierros, perdieron sus extremidades, un ojo o, al que mejor le ha ido, tiene una cicatriz que no podrá borrar ni con la pomada mágica que anuncian en la televisión.

    En Sahagún, también en Córdoba, las más recientes ferias dejaron como resultado siete heridos–uno con muerte cerebral–, 11 caballos muertos y 18 toretes maltrechos, en seis días de festejos.

    En Sampués, Sucre, la locura de los arriesgados toreros sin capote y de los espectadores que los azuzan para que se enfrenten al bovino, terminó con la muerte de un toro al que le prendieron fuego con las banderillas llenas de pólvora. El animal estaba enloquecido por el dolor y alcanzó, en medio de su desespero, a dañar una parte del tablado.

    El panorama es igual en todos los pueblos donde se realizan las corralejas. Los muertos y los heridos no faltan en el balance final de estos eventos carnavalescos.

    Así las cosas, ojalá tenga eco el proyecto de Ley presentado por la congresista, Andrea Padilla Villarraga. Una esperanza para acabar con la barbarie…

    (c) Fernando Alexis Jiménez | @CrónicasdeMacondo

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  • El triunfo de Marleyda

    El triunfo de Marleyda

    Una actriz con reconocimiento y cuya capacidad profesional quedó muy en alto con su interpretación de Úrsula Iguarán, en “Cien años de soledad”


    A Marleyda Soto Ríos el triunfo no le llegó por ósmosis, ni se lo ganó en una lotería y, menos, lo compró a cuotas en un supermercado. Es el producto de una concatenación de esfuerzos, privaciones y, de la mano con las carencias, la pasión por el arte. Le imprime el alma a todo lo que hace,

    No en vano es hoy una de las figuras más reconocidas por su papel protagónico central en “Cien años de soledad”, la serie que es sensación en Netflix y que están viendo en muchísimos países. Supo interpretar lo que, quizá, estuvo en la imaginación de Gabriel García Márquez cuando escribió la novela, también, en medio de privaciones. Es algo en lo que Marleyda y Gabo se podrían identificar.

    Su trasegar ha sido largo y tortuoso, en el que ha prevalecido la perseverancia, aunque las circunstancias son adversas.

    Marleyda formó parte de la Corporación Teatro del Valle, de Bellas Artes y de la carrera de artes escénicas en la Universidad del Valle. En esa época contribuyó a la puesta en escena de varias obras de teatro, todas generando conciencia social.

    En el 2007 comenzó su debut en el cine, en una película colombo-alemana. Luego en “Perro come perro” y otros filmes que han ganado premios en Cannes, México y Cuba. Hasta “Cien años de soledad”, hoy su representación cumbre.

    Marleyda tiene ascendencia en Vijes, mi tierra amada. El pueblito vallecaucano en el que me enamoré de la producción literaria de Gabriel García Márquez, cuyos libros devoraba con la avidez y el desespero de un náufrago que nada incesante, muy cerca de la playa.

    Marleyda es humilde, dueña de una risa desparpajada, un acento vallecaucano inconfundible como el pandebono y el champús, que no se siente estrella a pesar de su brillantez. Alguien de quien nos sentimos orgullosos. Mi humilde testimonio de admiración y gratitud…

    Ojalá todos los artistas, al triunfar, asumieran la misma sencillez que ella y no olvidaran su origen popular.


    (c) Fernando Alexis Jiménez | @CrónicasdeMacondo

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  • Teatro y transformación, un libro que rompe los esquemas

    Teatro y transformación, un libro que rompe los esquemas

    Junto con Luis Eduardo y Ana, están sus hijos Yuliana y Camilo, que se han sumado a este esfuerzo teatral en el que converge por lo menos, una docena de personas.

    Si hay algo que llama poderosamente la atención, es que Luis Eduardo Jiménez y su esposa Ana Rosario Grisales, llevan más de 30 años aportando a la dramaturgia regional y nacional y, sin embargo, tienen tiempo para atender invitaciones, enseñar artes escénicas a las nuevas generaciones, realizar el Festival Nacional de Teatro de Palmira y, ahora, escribir un libro.

    Dialogamos al calor de un cafecito y en el breve espacio de su agenda, como docente y director de la Fundación Casa Escénica El Teatro Vive.

    ¿Cómo nació el libro?

    Bueno, el libro es una iniciativa de por recuperar la historia y la reseña de la compañía El Teatro Vive durante esos 32 años de vida artística. Recogemos muchos detalles que, nuestros seguidores, desconocen. Por ejemplo, cuál fue nuestra primera puesta en escena: “La mujer que llegaba a las seis”, de García Márquez.

    ¿En qué año nace el Teatro Vive?

    En la década de los años 90 nosotros. El libro recoge nuestro devenir histórico. La trayectoria en el Valle del Cauca, en Colombia y a nivel internacional, como nuestra reciente participación en un festival de teatro emblemático de Cuba. Nuestro punto de inicio, podríamos decir, es el año 1992.

    ¿Cómo se puede, desde El Teatro, generar conciencia social y aportar a la lucha por el cambio?

    Creo que precisamente a la vez de las puestas en escena se trata de inicialmente generar sensibilización con los espectadores, y luego enfatizamos el aspecto participativo de las comunidades.

    A través del teatro creamos conciencia en las comunidades, sobre su realidad y problemática, a la que están acostumbrados, que quizá no la ven. De ahí que buscamos que se articule el compromiso de las comunidades por el cambio. Que se sumen a la transformación de sus condiciones.

    ¿Cuántas obras escritas al momento en el caso de teatro?

    Originales, tengo 17 obras escritas y otras 3 performances que presentamos en escenarios abiertos. Un trabajo para la calle, digamos, son puestas en escena que rompen el esquema tradicional de la narrativa.

    ¿Cuántas personas han formado sea a través de El Teatro Vive?

    Uff, no podría decirles el número exacto, porque han sido muchas personas. Pero si hemos de redondear cifras, podría decir que más de 120 hombres, mujeres y adolescentes.

    ¿Y la participación en eventos nacionales internacionales?

    Entre nacionales, perdí la cuenta. En el exterior, también. Lo más reciente es nuestra intervención en Cuba, en un festival muy popular de La Habana, Cuba

    ¿Durante el estallido social, ustedes se presentaron en varios escenarios, trayendo esperanza y aliento?

    Sí, claro, uff, contundentemente. Ahí nosotros hicimos, recuerdo, “La cerdada”, que impactó bastante en Cali, Palmira, El Cerrito, Candelaria y Jamundí.

    ¿Y de las obras con carácter social?

    Hay varias. Abordamos temas del desplazamiento urbano y rural, la violencia, las desapariciones y puestas en escena que hablan de la pobreza que viven los colombianos.

    Junto con Luis Eduardo y Ana, están sus hijos Yuliana y Camilo, que se han sumado a este esfuerzo teatral en el que converge por lo menos, una docena de personas. De ahí que el lanzamiento de “Teatro y transformación” en el marco de la Feria Internacional del Libro de Cali, FilCali2024, haya marcado un hito histórico.

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  • La navidad de los pobres

    La navidad de los pobres

    Las diferencias sociales afloran con más fuerza durante la Navidad. Hay quienes compran mucho y, por supuesto, los que compran poco, porque no tiene con qué.

    En la década de los noventa se popularizó el tema “La navidad de los pobres”, de la Sonora Palacios.

    La primera estrofa de esta cumbia tropical, resulta conmovedora: “Junto a la mesa sentados están los cinco niños, papá y mamá. Humildemente van a esperar al Niño Santo que nacerá. Y si no hay turrón, hay un corazón; nada que tomar, mucho para amar. Una sonrisa para empezar, porque es muy pobre la Navidad.”

    Una realidad a la que no podemos ser ajenos. Los que tienen suficiente, compran la cena en el centro comercial. Los que tienen poco, un pollo asado en el negocio del barrio, con papas y maduro. Hacen rendir todo con arroz, por si algún vecino se aparece.

    Los juguetes de los pudientes, son electrónicos; los de los pobres, son de plástico. Se consiguen carritos y muñecas desde $35 mil. Hay muchos puestos en el centro de Cali donde venden jugueticos baratos. Incluso, a menor precio. Es para los que, definitivamente, tienen carencias. Los que viven de rebusque. Aquellos que no quieren que sus hijitos se queden sin regalo la “nochebuena”.

    En las casas de los que pueden, se bebe aguardiente, ron, wisky y tequila. En las de los pobres, cervecita. En lo que coinciden unos y otros, es en no dejar pasar la ocasión para reunirse. Y si no hay para cenar, ni siquiera presas de pollo, pues chocolate con pan, como me tocó junto con mi amada familia en una época aciaga de nuestras vidas.

    Fueron tiempos difíciles que no avergüenzan, sino de los que se aprende mucho. Sobre todo, que cuando vienen las épocas buenas no podemos perder la sencillez y la humildad. Eso sería tanto como traicionar nuestra clase, nuestro origen.

    Así las cosas, lamentable que se realizaran operativos en el centro de Cali, en los que “levantaron” la mercancía de los vendedores ambulantes. Buena parte de ella fiada para ganarle algo. Al fin y al cabo, ellos también tienen derecho a la Navidad…

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  • Prohibido olvidar la masacre de las bananeras

    Prohibido olvidar la masacre de las bananeras

    Los historiadores todavía no se han puesto de acuerdo sobre el número de víctimas de la masacre de las bananeras. Son 96 años de impunidad.


    Los fusiles de la época no dejaron de disparar por varias horas, en la noche y en la madrugada, en una sinfonía de muerte que se escuchaba varios kilómetros a la redonda el 5 y 6 de diciembre de 1928. Una fecha que quedó en el recuerdo de los colombianos y que se ha ido desdibujando con el paso del tiempo.

    “Por todas partes huele a muerto”, reza una de las líneas de la novela “La casa grande” del escritor, Álvaro Cepeda Samudio, publicada en 1962. Es la recreación literaria de la matanza.

    Por esa época Cepeda Samudio ejercía el periodismo y los datos de su narrativa estaban apuntados, con letra irregular y apretada, en varias libretas. Relataría tiempo después que no podía dormir, porque le parecía escuchar en la distancia el llanto de las viudas y de los huérfanos.

    Los empresarios inventaron el cuento de que los comunistas preparaban una asonada para tomarse poder. Con ese cuento alebrestaron al gobierno y a los mandos militares. La historia real, es otra. Eran decenas de obreros, la mayoría sindicalizados, que pedían mejores condiciones laborales. Ese fue su delito.

    Los corteros, jamás portaron armas. Eran coteros. Sus hombros estaban encallecidos por cargar racimos de banano que, días después y tras un largo viaje por mar, llegaban a la mesa de los norteamericanos con un sobreprecio.

    La United Fruit Company, hoy conocida como Chiquita Brands International, orquestó las ejecuciones sumarias de los trabajadores. Para hacerlo, se agenció con la complicidad de los conservadores en el poder. Los liberales, por su pensamiento progresista, se oponían.

    Las cifras de los muertos varían de acuerdo con el historiador. El nobel, Gabriel García Márquez, anotaba que fueron más de 1500. Lo cierto es que las tablas de otoba no alcanzaron para construir todos los ataúdes que se necesitaban, ni para las cruces que emergieron de la tierra, como por arte de magia, en la Ciénaga (Magdalena) y la región caribe.

    La masacre de las bananeras, es una historia que no podemos olvidar; mucho menos en un país en el que todavía los sindicalistas son víctimas de amenazas de muerte, mientras que otros son asesinados y pocas veces salen a la luz los autores intelectuales y materiales de esos crímenes…

    © Fernando Alexis Jiménez

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  • Comprar libros nuevos está por las nubes

    Comprar libros nuevos está por las nubes

    Los centenares de asistentes a FilCali 2024, se limitaron a visitar las carpas y alejarse, ante el elevado costo de los libros.

    La Feria del Libro de Cali—FilCali 2024—no tenía arrimadero. No tanto por la afluencia de público, sino porque comprar libros nuevos está por las nubes. Por donde quiera que preguntaba, el ejemplar más económico estaba por encima de los $40 mil.

    Comprensible el incremento por los costos de producción (tinta y papel), pero si se quiere afianzar la cultura de la lectura entre las nuevas generaciones, el valor de los textos debe ajustarse a la realidad económica de los colombianos.

    Comprendemos por qué viene tomando fuerza el consumo de libros electrónicos que se pueden descargar en el teléfono y en otros dispositivos electrónicos. Es fácil, rápido y, por supuesto, más económico.

    Por eso llama la atención que la compañía El Teatro Vive, presentara durante el evento, un libro de $20 mil. Se trata de “Teatro y transformación”, en el que su autor, Luis Eduardo Jiménez, describe la batalla titánica por generar conciencia social a través de diversas puestas en escena.

    Y como en la propaganda de los carritos de mazamorra, pregunté abriendo los ojos como ruedas de carretilla: “¿A cómo?”, y la respuesta: “A veinte mil pesos”. Sorprendente.

    Fue de lo poco que alcancé a comprar, junto con unos cuantos separadores de libros (a $4 mil cada uno), una libreta de notas estampada con la cara del Guasón sonriendo (a $25 mil), unos cuantos tintos y una carta que escribió el autor del “Piano de Letras”. Es el poeta que se ubica estratégicamente entre las carpas, para escribir a pedido del cliente, una esquela para el ser amado. Tal como hacía Florentino Ariza, el protagonista de “El amor en los tiempos del cólera”, la novela de Gabriel García Márquez.

    Pero no todo fue el vil billete. Los conferencistas, muy buenos. Todos. No me arriesgo a mencionar uno en particular. Además, muy valientes. No se amilanaban cuando el auditorio no pasaba de diez parroquianos.

    Tocará esperar la próxima Feria del Libro y que ocurra un milagro: que los precios de los libros sean asequibles.

    (c) Fernando Alexis Jiménez


  • Alerta por un posible sobreendeudamiento de Cali

    Alerta por un posible sobreendeudamiento de Cali

    La situación es delicada. Podría reventar las finanzas de la capital vallecaucana y frenar la inversión pública. Le ponemos la lupa.

    Por Guillermo Sánchez | Dirigente sugoviano


    Ante el Concejo Distrital de Santiago de Cali la administración del alcalde Alejandro Eder radicó un proyecto de acuerdo para endeudar a la ciudad en 3,5 billones de pesos; empréstito que según el ex alcalde Jorge Iván Ospina, pondría en riesgo la estabilidad de las finanzas locales, pues la ciudad no tendría capacidad para pagar un monto que ascendería a los 800 millones de dólares.

    Eder ha sustentado su propuesta de financiación de obras a partir de la experiencia de Barranquilla donde, según el mandatario, se han podido realizar importantes transformaciones urbanas gracias a los préstamos que esa ciudad, de menos habitantes y con un presupuesto ligeramente inferior al de Cali, ha realizado en las últimas administraciones.

    A través de una extensa exposición en redes sociales, Ospina Gómez sostuvo que si los concejales de la ciudad aprueban el crédito tal y como está planteado, estarían frente a un yerro con implicaciones de tipo penal, fiscal y disciplinario.

    EL REFERENTE DE BARRANQUILLA QUE NO CONVENCE

    Aunque para muchos ciudadanos el controvertido ex mandatario no tiene autoridad moral para pronunciarse sobre estos temas, Ospina pide a la opinión pública revisar lo que viene ocurriendo en Barranquilla con el sobreendeudamiento de esa capital, cuyos efectos se hallan ampliamente documentados por diarios como El Tiempo, La República, El Heraldo y la página de la calificadora de riesgo Fitch Rating, que en mayo de este año rebajo la calificación de ese distrito.

    Según Ospina, la actual administración estaría comprometiendo recursos del Sistema General de Participaciones (SGP) en las proyecciones para pagar la eventual deuda, y no los de libre destinación, corrientes o de capital que serían los llamados a proyectarse como garantía de nuevos préstamos.

    El ex mandatario dice que la capital del Atlántico experimenta un sobreendeudamiento que la tiene adportas de un Default Financiero, a lo que se suma un presupuesto castigado recientemente, que hace prever que en el corto plazo Barranquilla podría entrar en una especie de concordato como el que vivió Cali en el año 2000, y que le significó a esta última restringir de forma severa la inversión durante 15 años.

    FUENTES DE INGRESOS AGOTADAS

    El proyecto de endeudamiento de Eder es calificado como irresponsable y caprichoso por Ospina Gómez, quien manifestó que una de las fuentes de ingresos (impuesto predial) está a tope en los estratos 4, 5 y 6. Adicionalmente, lo responsabiliza de someter a la ciudad al pago de intereses onerosos sobre la deuda actual, debido a que no acogió la renegociación realizada en la administración pasada con el Banco Agrario que ofrecía una tasa más liviana.

    Sugiere que hay improvisación en la formulación del proyecto de crédito, pues la aprobación de empréstitos billonarios como el propuesto por Eder, demandan, entre otras, la presentación de diseños fase 3 de los proyectos a financiar, así como adquisiciones prediales, que, al no estar listas, supondrían un rechazo de las entidades financieras.

    Ospina concluye que durante su administración y la de Armitage, la ciudad se endeudó en 1,1 billones de pesos, ajustados a la realidad fiscal del momento. Según su análisis, esa realidad ha variado ligeramente en los últimos meses, por lo cual considera que la alcaldía de Cali, para mantener saludables sus finanzas, podría endeudarse por un monto similar al que él y su antecesor tomaron con el sector financiero.


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