Autor: Fernando Alexis Jiménez

  • Los gota-gota nos tienen azotados en Colombia

    Los gota-gota nos tienen azotados en Colombia

    Los gota-gota siguen vigentes en el panorama nacional. Pese a que los combaten, resurgen con múltiples presentaciones. Un asunto al que se le debe “meter diente”.

    Fernando Alexis Jiménez | Periodista y dirigente sugoviano.


    La escena es la misma, como si se tratara de un guion de una película. En uno de los parques de la ciudad se encuentran, generalmente, muy cerca del semáforo. No es uno, sino varios. Tienen centenares de volantes promocionando préstamos. Se lo extienden con rapidez, en cuanto usted pasa a su lado. “No necesita nada más que la fotocopia de la cédula y, en cuestión de minutos, le entregamos el dinero que necesita.”, dicen con amabilidad.

    Si pasa el filtro y cae en las redes, pronto estará en una oficina pequeña, de mala muerte, un ventilador viejo en la pared que suena como aspas de helicóptero, casi una madriguera clandestina. Lo reciben con una sonrisa: “Nos alegra verle. Estamos para servirle.”

    Ofrecen tinto, agua o gaseosa. Hasta allí. Tampoco exageran en las atenciones. De eso tan bueno no dan tanto…

    Tras conocer cuánto necesita, le reafirman que es un préstamo inmediato. En una libreta o un papel, suman, restan, multiplican. Como prestidigitadores. Le miran con detenimiento: “¿Se da cuenta? El asunto es sencillo. Usted pagará diariamente solo esta ínfima parte y, antes que se dé cuenta, habrá saldado la cuenta.”

    Usted sonríe. Realmente el asunto es fácil. Quizá no entiende mucho acerca de los intereses exponenciales, pero como dicen allá en la finca: “La necesidad tiene cara de marrano.”

    Tras salir de la oficina con los $350 mil que necesitaba con urgencia, llama a su familiar: “Con lo que me prestaron, pagué el recibo atrasado de servicios públicos. El señor que me prestó la plata, muy formal. Parecido a mi abuelo Jacinto, bonachón, amable, atento.”

    Ahí es donde comienza el Calvario. Si se atrasa en una cuota, le envían mensajes para presionarlo. Si son dos días, le advierten que la deuda se acrecentó, así, sin ton ni son. Y al tercer día, amenazan a sus familiares. Como mafiosos de vereda. Es hora de parar esta pesadilla. ¡Nos tienen azotados!

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  • Urge acondicionar la vía Magui Payán

    Urge acondicionar la vía Magui Payán

    Es urgente que el gobierno nacional asuma el compromiso de –literalmente—reconstruir esta vía, que en cierta medida es una columna vertebral para impulsar el desarrollo en un amplio sector de Nariño.

    Fernando Alexis Jiménez | Dirigente sugoviano


    Probablemente por el letargo que dejó el período decembrino y los ecos todavía frescos del Carnaval de Negros y Blancos, la muerte de una mujer cuando era trasladada en ambulancia en la vía Magui Payan, pasó desapercibido. Se perdió en la infinidad de titulares de los periódicos y los noticieros de radio y televisión.

    Quienes todavía tienen latente el dolor por su partida, son los familiares de Mary Luz Cabezas. No podían entender de qué manera todo se conjugó para que falleciera su ser querido. De un lado, el estado inconcluso del hospital de Magui–lo que obliga el traslado de pacientes a Barbacoas–y de otro, que el trayecto parece más una trocha que una carretera. Es pésimo.

    Cubrir la distancia que separa las dos localidades se convierte en una tortura.

    Por muchos años la vía Magui Payán – Barbacoas ha sido el caballito de batalla de aspirantes a cargos de elección pública, a nivel nacional, regional y local. Las ilusiones florecen, las sonrisas afloran en el rostro, pero conforme va pasando el tiempo, nuevamente a millares de personas en la región, las gobierna la desesperanza.

    Hay quienes dicen, en el cementerio hay muchas cruces de hombres y mujeres que partieron a la eternidad esperando la materialización de se sueño..

    Ya es suficiente con el hecho de que las familias del lugar deban enfrentar los hostigamientos de grupos armados, el desplazamiento y la zozobra permanente, para que además deban morir como consecuencia del olvido estatal.

    Lo que sigue, ahora, es la urgencia de que el gobierno nacional asuma el compromiso de –literalmente—reconstruir esta vía, que en cierta medida es una columna vertebral para impulsar el desarrollo en un amplio sector de Nariño.

    Este Departamento como el Cauca y Putumayo, no pueden seguir siendo la Cenicienta del país, cuando históricamente han hecho aporte significativo para su desarrollo.


    NOTA IMPORTANTE: El presente artículo forma parte de la columna semanal que publica el autor cada domingo en el Diario del Sur, periódico con circulación impresa en el suroccidente colombiano y en formato digital. Le compromete únicamente como autor, porque lo expresado no necesariamente interpreta el pensamiento sugoviano.


     

  • A Miguel de Cervantes lo están feriando a $20 mil

    A Miguel de Cervantes lo están feriando a $20 mil

    En pleno centro de Cali, a escasos metros de la Plaza de Caycedo, está la “Librería del pueblo”, un espacio donde venden libros de segunda mano. A precios irrisorios, puede leer grandes obras de la literatura clásica.

    Fernando Alexis Jiménez | Dirigente Sugoviano


    Si la última vez que le preguntaron quién era Ángela Becerra, usted respondió dubitativo y con desparpajo que era una de las finalistas de “Yo me llamo”, el programa de televisión, entonces es hora de ir a la “Librería del pueblo”.

    Ángela es una escritora caleña ganadora de varios premios internacionales. Por eso, además de torturar las neuronas es esencial llenarlas de conocimiento. Hoy es posible gracias a que, en la venta de libros de Conrado Ramírez, se consiguen textos que van desde los $2000 hasta los $20.000, el más caro.

    “Comencé el negocio hace casi 30 años. Trabajaba con Vicente y doña Norha, que vendían ejemplares de segunda mano, detrás de los Cinemas. ¿Recuerda? Yo lo vi a usted allí, pidiendo rebaja. Luego, ayudaba en la venta a Jorge Ramírez, aunque no es primo mío, ni siquiera pariente. Mera coincidencia. Él estaba en la calle 11 con carrera cuarta. Un día empacó sus pocas pertenencias y se fue para Noruega. Quizá no vuelve. Después de un tiempo, decidí aventurarme con mi propio emprendimiento”, asegura mientras atiende público y responde a nuestras preguntas.

    Está ubicado frente a la DIAN, a media cuadra de la Plaza de Caycedo. Primero tendía una tela y encima los libros. Luego una tolda. Hoy su oferta de obras literarias es bastante amplia. Varios servidores de la Gobernación se dan cita a mediodía en el lugar, desafiando los calores intensos que azotan a Cali.

    LIBROS MUY BARATOS

    Una novela de Miguel de Cervantes Saavedra se consigue en $20 mil. Imagino que, si viviera hoy, se ofendería porque su creación artística está en la librería agáchese y más, por ese precio tan bajo. O quizá, se alegraría porque la cultura está al alcance de todos.

    “Aquí vienen a comprar de todos los estratos sociales. El ejecutivo, pero también el que anda paspado y no tiene sino monedas. Unos y otros se llevan su librito. Luego los ve uno en el paseo Bolívar disfrutando de la lectura”, explica Conrado quien, a punta de ejemplares usados, hoy cursa una formación universitaria. “Nunca es tarde para superarse”, dice este hombre con pinta de Quijote en tiempos de bonanza.

    ¿De dónde proviene la mercancía? Unos textos los compra a otros libreros, con quienes comparte la pasión y el oficio, y otros son regalados. “Una vez los leen, los traen como en las épocas en que había cuentos en formato de comic o novelas de pistoleros. Se cambiaban en el lugar donde los compraban.”

    Salimos de ahí con nostalgia, ante la despedida emotiva y sincera de  Kafka, Cervantes Saavedra, García Márquez, Vargas Llosa, Sábato, Carlos Fuentes y tantos otros que seguirán ahí, esperando por un comprador… (Crónica de Fernando Alexis Jiménez)


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  • A la Paz Total de Petro, ¿le dieron un tiro a la mansalva?

    A la Paz Total de Petro, ¿le dieron un tiro a la mansalva?

    Todo apunta a que la propuesta de Paz Total enfrentará serios tropiezos para materializarse con todos los grupos armados.

    Fernando Alexis Jiménez | Periodista independiente y dirigente sugoviano


    Doña Bertha vive en Consaca, en la zona rural. Un día su hijo se fue. No sabe si como consecuencia del reclutamiento forzoso o porque él así lo quiso. Lo cierto es que pasaron seis meses antes de que le escribiera su primera carta, en los aciagos momentos de franquicia, allá en las montañas. Con la iniciativa de la Paz Total, ella aspiraba ver a su muchacho, que hoy debe tener algo más de veinte años, muy pronto, tal vez antes de la Navidad.

    Sin embargo, su sueño deberá esperar. ¿El motivo? La Corte Constitucional se pronunció sobre la Ley 2272 de 2022, que faculta al Gobierno Nacional para adelantar la Paz Total.

    El alto tribunal considera que la iniciativa es positiva, no obstante, traza unas fronteras según las cuales, en el proceso deben incluirse a grupos que tienen estatus político, a quienes, de acuerdo a la normatividad internacional, se les reconozca su condición de beligerancia.

    La Ley es una extensión de la Ley 418 de 1997 o de Orden Público, que le ha dado facultades a los distintos gobiernos para adelantar acercamientos y negociaciones de paz.

    En ese orden de ideas, solamente se podrá hablar de paz con las estructuras armadas organizadas de crimen de alto impacto (Eaocai), de cara a lograr su desmantelamiento y sometimiento a la justicia y frenar la violencia que causan en el país.

    Así las cosas, se podrá avanzar en acercamientos con las Autodefensas Gaitanistas de Colombia o Clan del Golfo, las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada y los grupos armados urbanos de Medellín y Valle de la Aburra, Quibdó y Buenaventura. Dialogar sí, pactar todavía no.

    En tanto se despejan dudas y el país se enfrasca en un nuevo debate jurídico por el tema, doña Bertha seguirá esperando a su hijo, temerosa de que a la Paz Total le den un tiro a la mansalva…

    Contacto@fernandoalexisjimenez.com


    NOTA IMPORTANTE: Los escritos publicados comprometen a su autor y son parte de su columna dominical en el Diario del Sur, que circula en formato impreso y digital. No comprometen en absoluto el pensamiento sugoviano.


     

  • No me gusta que llegue diciembre

    No me gusta que llegue diciembre

    Irónicamente el mes de diciembre, para algunos es sinónimo de alegría, para otros la semilla de la tristeza y la resignación.

    Fernando Alexis Jiménez | Periodista y dirigente sugoviano


    Las luces decembrinas comenzaron a encenderse. De todos los colores. Se ven por todas partes: centros comerciales, almacenes, en las casas, en los negocios. Todo anticipa que vendrá la noche buena y, una semana después, el año nuevo.

    Desde noviembre comenzaron a escucharse los villancicos, los melomerengues y los temas que anticipan la alegría de las familias.

    Junto a un semáforo donde habitualmente vende dulces, Luis Enrique me dijo ayer: “No me gusta diciembre”. Una frase que he escuchado otras veces, repetida por muchas personas. Cuatro palabras que ponen en evidencia el sinsabor de no tener con qué comprar lo que a otros les sobra: ropa, juguetes, comida.

    “¿Por qué no te gusta diciembre?”, me aventuré a preguntarle al muchacho, de unos ocho años. Pequeño sí, pero habilidoso para contar los billetes y dar el cambio. “Porque le escribí varias cartas al niño Dios pidiéndole regalos, y nada…”

    Una respuesta contundente, demoledora, que reaviva las diferencias sociales que afloran por esta época.  Están quienes disfrutan comprando y regalando, y los que se resignan a mirar las vitrinas y a soñar.

    Luis Enrique encarna a millares de niños que se trasnochan el 24 de diciembre, esperando que lleguen los regalos, para despertar, horas después, con la desolación de una cama vacía. ¡No hay nada! Afuera, otros menores jugando y riendo, como si el que regala en navidad, se hubiese equivocado de dirección o, sencillamente, decidiera seguir de largo.

    La inequidad social que pervive en el tiempo. El desbalance que hace a un grupo grande, muy pobre y precario, y a un menguado segmento de la población, con capacidad para sobrevivir en medio de la escasez.

    Me alejé hasta que la imagen de Luis Enrique se desdibujó en la distancia. Imaginé que en algún lugar indeterminado deben estar miles de cartas sin abrir, de niños que pidieron regalos en navidad, pero nunca llegaron. ¡Este diciembre la solución está en sus manos!


    NOTA IMPORTANTE: El presente escrito forma parte de la columna semanal del autor en el Diario del Sur que se publica en formato escrito y digital, así como otros medios. No interpreta necesariamente el pensamiento sugoviano.


     

  • A la mujer, ni con el pétalo de una rosa

    A la mujer, ni con el pétalo de una rosa

    Un país como Colombia debe superar estadísticas tal dolorosas, como el aumento en la violencia
    contra la mujer.

    Fernando Alexis Jiménez | Periodista y dirigente sugoviano


    En el cuento “En este pueblo no hay ladrones”, el nobel, Gabriel García Márquez, describe una escena demoledora: Dámaso, el ladrón de tres bolas del billar de Macondo, agrede a su compañera, Ana, cuando ella procura impedir que cometa nuevas locuras.

    Gabo describe la contundencia de los golpes y el dolor que siente la mujer, mayor que su marido y que, pese a la brutalidad, lo sigue amando y no desea verlo en la cárcel.

    Alguna vez, en el Calvario, un barrio deprimente del centro de Cali donde se vendían y consumían drogas, escuché a una mujer llorando. “Mi mayor error fue enamorarme de un adicto”, se lamentaba, mientras amamantaba a un bebecito. A su lado, dos hijos más que lloraban con hambre. El hombre se consumía cualquier peso en bazuco y heroína. Estaba realizando un trabajo periodístico en la zona y salí con el corazón destrozado.

    Colombia es uno de los países latinoamericanos donde pervive un machismo tal, que se estima, una de cada tres mujeres es víctima de violencia física o verbal. De acuerdo con la ONU, las acciones agresivas se tornan recurrentes en los hogares.

    El asunto no es cultural ni de estratos. Igual puede verse a una mujer con evidentes golpes en su cuerpo, en zonas privilegiadas de la ciudad, como a una madre de familia proveniente de un barrio popular, tratando de evitar que se descubra que ha sido golpeada.

    Es un asunto de actitud y de falta de respeto por la mujer, a quienes el apóstol Pedro llama “un vaso más frágil” (1 Pedro 3: 7)

    En ese orden de ideas, el Día de la No Violencia contra la Mujer, cada 25 de noviembre, no debe pasar inadvertido. No se concibe que sigan ocurriendo feminicidios ni hechos de violencia intrafamiliar, por actitudes machistas, de celos o de intolerancia. A la mujer, ni con el pétalo de una rosa.

    contacto@fernandoalexisjimenez.com


    NOTA IMPORTANTE: La presente nota forma parte de la columna semanal del autor en el Diario del Sur, tanto en formato digital como impreso. No interpreta al SUGOV y compromete únicamente a quienes escribe las líneas.


     

  • Las tortugas también vuelan

    Las tortugas también vuelan

    El Cauca y Nariño, son dos de los Departamentos con mayor afectación por minas antipersonal en Colombia.

    Fernando Alexis Jiménez | Periodista independiente y dirigente sugoviano


    En el 2004 se estrenó una película descarnada sobre la guerra. Despertó todo tipo de reacciones. Me refiero a “Las tortugas también vuelan”, del director, guionista y productor, Bahman Ghobadi. Avivó una polémica internacional. ¿El motivo? La producción cinematográfica cuestionaba a los actores de la guerra, quienes sembraban minas antipersonal con el propósito de frenar el avance de aquellos a quienes consideraban los adversarios.

    El problema, como ocurre hoy, es que los afectados eran civiles en un remoto pueblecito oriental, habitado por kurdos. Volaban en mil pedazos en los accidentes que se tornaron recurrentes una vez terminaron los enfrentamientos.

    Es un drama que no tiene focalización geográfica, es universal. A la fecha, en Colombia, son más de 100 las víctimas de estos artefactos, regados en diferentes regiones por las otrora Farc, las disidencias, los elenos, las autodefensas y otros grupos irregulares.

    Un acto irresponsable y de barbarie, aunque, como me dijo alguna vez un guerrillero: “Son cuestiones normales de la guerra”. Pero como población civil, creemos que los colombianos no nos acostumbramos a ese tipo de “normalidad”.

    Si construir un nuevo país tiene como costo destrozar vidas humanas, quedémonos con el país que tenemos, así en más de 50 años no nos hayamos podido poner de acuerdo.

    La víctima más reciente, el líder indígena Awa, Cristóbal Nastacuas. Era un reconocido dinamizador de procesos comunitarios en el resguardo Nulpe Medio,  río San Juan. Una vez más, Cauca y Nariño ha puesto una cuota alta de mártires inocentes en esa guerra sin cuartel, que sigue vigente en tanto no se desminen los campos.

    Por fortuna, su esposa e hijita resultaron ilesas cuando se produjo la explosión. Pero sabemos que estos hechos seguirán ocurriendo. No sabemos cuántos hombres, mujeres y niños caerán muertos o gravemente heridos en zonas que no se desminan aún.

    No podemos eludir una realidad: las minas son una demostración de la barbarie humana.

    Contacto@fernandoalexisjimenez.com


    NOTA IMPORTANTE: El presente artículo forma parte de las notas semanales que se publican en el Diario del Sur, en formato impreso y digital, así como en portales de Internet de Colombia y varios países. El contenido compromete únicamente a su autor y no interpreta el pensamiento sugoviano.


     

  • Los fotógrafos están desapareciendo

    Los fotógrafos están desapareciendo

    Una de las tradiciones de nuestros pueblos y ciudades, los fotógrafos, están desapareciendo como una vieja imagen de color sepia.

    Fernando Alexis Jiménez | Periodista y dirigente sugoviano


    Los fotógrafos están desapareciendo. Al menos en nuestra ciudad. Quizá en los municipios todavía siguen vigentes. Pero aquí, definitivamente no. Se pueden contar con los dedos de las manos. Unos quijotes que sobreviven por necesidad. “Hoy lo que se utilizan son los teléfonos celulares con buenos pixeles”, les dicen. Pero ellos insisten con una terquedad indeclinable: “No hay nada como la foto tradicional que se revela en laboratorio”. El problema es que tampoco abundan los laboratorios.

    “Con este oficio eduqué a mis hijos, compramos una casa para hacerle mejoras y pagamos la salud. Sirvió mucho, porque a mi esposa tuvieron que operarla y hacerle un tratamiento; tenía cáncer. De otra manera, hubiera sido imposible.” Jaime Luis Moriones tuvo por décadas su centro de operaciones en el parque Bolívar.

    En ese escenario, que fue oficina desde que comenzaba a calentar el sol, hasta que caía la noche, vio de todo: el enamorado que se tomó fotografías con cinco mujeres distintas, y les decía: “Para que guardes un recuerdo mío”. Y luego regresaba: “Desaparezca los negativos. No quiero problemas.” Acompañaba su recomendación con un billetico envuelto cuidadosamente.

    También a la abuela que llevó trece nietos y los acomodó para que todos salieran en el registro. Luego se fue feliz. “Si me muero, me llevo a la tumba su recuerdo”, dijo mientras se alejaba, admirando la estampa.

    Jaime Luis recuerda las fiestas familiares. Todos esperaban que llegara. Se acomodaban tal como él les sugería. Sonreían y mostraban su mejor imagen después que el gritaba: “A la cuenta de tres…” Acompañaba su anuncio con el flash y todos comentando: “¿Cómo habré quedado?”.

    Les brindaban pastel, comida y recuerda que muchas veces salió del jolgorio con unos aguardientes entre pecho y espalda. “Uno la pasaba sabroso. No se concebía fiesta sin fotógrafo”, recuerda con nostalgia, apurándose un tinto junto al parque Bolívar. Sabe que pronto serán parte del recuerdo, como una vieja foto de color sepia.

    Contacto@fernandoalexisjimenez.com


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    Descargue la Edición Nro. 19 del Periódico del SUGOV >> PERIODICO SUGOV No.10 OCTUBRE 27 DE 2023 (1)

  • Continuismo, Candidote y Quemadito en tiempo de elecciones

    Continuismo, Candidote y Quemadito en tiempo de elecciones


    La jornada transcurrió tranquila, salvo el borrachito que gritó vivas y abajos, y terminó en la cárcel. Lo encerraron acusado de asonada y de subvertir la tranquilidad de Pueblo Pequeño.

    Pedro, Juan y Álvaro se levantaron muy de mañana, tomaron café con un vivo entusiasmo que se reflejaba en sus rostros, mientras hacían cuentas mentales sobre el caudal electoral que los acompañaría en las urnas. Coincidían en algo: consideraban que aquel domingo, seria el mejor de sus días.

    —Mijo, están reclamando que los huevos salieron pichos, la leche agria y las lentejas con gorgojo. Que si les puede cambiar el mercado–, gritó la esposa de Pedro, desde la cocina, pegada del teléfono.

    —Claro, pero después de las elecciones–, respondió mientras salía de casa dando un portazo que escucharon hasta en el último rincón de Pueblo Pequeño.

    “Desagradecidos. Uno les calma el hambre y exigiendo por un voto. Definitivamente, así paga el diablo a quien bien le sirve”, murmuró mientras se alejaba.

    Juan iba de camino a la plaza principal de Pueblo Pequeño. Pensaba en muchas cosas. Entre otras, que vendió el carro e hipotecó la casa para financiar la publicidad de la campaña.

    —Yo creo en el voto de opinión–, se repetía en voz alta, mientras saludaba con una sonrisa a todos cuanto veía en la calle. —La gente quiere una renovación… —

    Álvaro, por su parte, se levantó tarde. Confiaba en que, como siempre, la gente lo acompañaría masivamente. “Ellos saben por quién deben sufragar. Para qué insistirles. Sería tanto como llover sobre mojado.”

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    La jornada transcurrió tranquila, salvo el borrachito que gritó vivas y abajos, y terminó en la cárcel. Lo encerraron acusado de asonada y de subvertir la tranquilidad de Pueblo Pequeño.

    Mientras avanzaban las votaciones, los mercados iban y venían, por encima de las narices de Juan, quien ignoró esa realidad o, como solía repetir: “Lo más maravilloso de este remanso de paz, es la solidaridad de las personas unas con otras. Hasta en domingo ayudan al necesitado.”

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    Los escrutinios iban bien hasta que un sorpresivo corte de energía eléctrica, dejó todo en penumbra. Y en menos de quince minutos, cambió el curso del conteo.

    —En política nada está escrito—justificó Pedro Continuismo.

    Juan Candidote perdió por tercera vez en una contienda. En adelante le tocará andar a pie o montar en bus intermunicipal, al tiempo que debe apropiar un presupuesto para pagar arriendo. Sin embargo, con una sonrisa, repite:

    —La quinta es la vencida. Voy a ganar en la próxima. Será mi revancha…–se consuela.

    Álvaro Quemadito se encerró desde el lunes en su casa. Perdió hasta la sonrisa. Dicen las lenguas viperinas de Pueblo Pequeño que el culpable de su derrota fue Pedro Continuismo. Le sedujo hasta el último votante. De paso, le desbarato la maquinaria política. “En política todo se vale”, fue su argumento para tumbarlo.

    Álvaro le dijo a su esposa, quien le estaba curando las heridas de las quemaduras:

    —Tranquila, mija, de esta nos levantamos. Volveremos a la contienda y, le aseguro, le juro por mi madrecita linda, que no dejo títere con cabeza cuando vuelva al poder—A renglón seguido le anunció que montaría un puesto de quesos en la galería, para sobrevivir.

    Ella lo miró, le sonrió y le dijo: “No se mueva, que se arranca la gasa”.

    La calma reina en los hogares de Pueblo Pequeño. Comenzaron a bajar las vallas y quitar los cartelones, que habían pegado hasta en la casa cural para sacarle la paciencia al sacerdote, de quien dicen las malas lenguas, tiene tendencia izquierdosa.

    Todos están contentos, aunque los huevos hayan salido pichos, la leche agria y las lentejas con gorgojos. A menos este día tendrán algo en la mesa…

     

  • La urgencia de renovar los liderazgos

    La urgencia de renovar los liderazgos

    El voto en blanco en muchas ciudades y municipios, resultó sorprendente. Es una señal de alerta acerca de renovar los liderazgos.

    Fernando Alexis Jiménez | Periodista y dirigente sugoviano


    La prevalencia del voto en blanco en muchas regiones del país, además de llamar poderosamente la atención porque se impuso y rompió récords históricos, pone en evidencia la desconfianza de los electores sobre quienes desean atornillarse en el poder y, de otro lado, la urgencia de renovar los liderazgos en las diferentes vertientes políticas.

    En un pueblo lejano de cuyo nombre no quiero acordarme, por años gobernó una familia. Los que pretendían ser contrincantes, semanas antes sabían que enfrentarían una estruendosa derrota. Y se resignaban. A duras penas salían a votar y esperaban que el radionoticiero de la tarde, confirmara su vaticinio.

    Pero un día cualquiera la historia cambió. Alguien se arriesgó, persistió y no desistió, a pesar de que le auguraron que terminaría en la sala de quemados del hospital regional. Quizá por la terquedad propia de su juventud no se dejó amilanar. Y ganó.

    Lo que vemos en el panorama nacional, es una fuerza irrefrenable de nuevos líderes que se están abriendo paso. Es necesario que así sea. Muchos políticos deben considerar seriamente la posibilidad de jubilarse y abrirle las puertas a nuevas figuras que descollan en su aspiración de ejercer cargos de elección popular. Es lo más digno.

    El cacique del pueblo aquél que mencionaba, terminó enfermo, frustrado, con rencores hacia sus electores a quienes llamaba la nueva encarnación de Judas y pensando que, quizá en cuatro años, recobraría el poder. “Te vas a morir y nada de eso va a ocurrir”, le repetía don Eleuterio, el boticario, hasta que un día lo echó de la casa y dejó de hablarle. “Ese también se vende por 30 monedas”, repetía con rabia el gamonal.

    El tiempo intermedio antes de nuevas elecciones, debe servir para reevaluarnos, identificar en qué errores se ha incurrido y permitir, sin mezquindades, que otros tomen la posta en esta carrera de largo alcance que se llama gobernar. Es por todos, por una nueva Colombia.

    Contacto@fernandoalexisjimenez.com


    NOTA IMPORTANTE: El presente artículo forma parte de las columnas semanales que el autor publica en el Diario del Sur así como en portales digitales de Colombia y varios países. El contenido del escrito compromete únicamente a su autor y no necesariamente interpreta el pensamiento sugoviano.