Autor: Fernando Alexis Jiménez

  • Un largo camino hacia la libertad

    Un largo camino hacia la libertad

    La única vía para salir de la polarización que enfrenta a los colombianos, es un acuerdo nacional.

    A mediados de 1994 el expresidente Nélson Mandela publicó su autobiografía “Un largo camino hacia la libertad”. Fue por estas fechas. Un enorme tomo en el que recoge los mejores episodios de su vida, su militancia en el Consejo Nacional Africano, la rebeldía y la condena a 27 años, una de las más largas para un preso político.

    Con el régimen del apartheid Mandela era considerado como terrorista y fue encarcelado en la isla Robben. Los últimos capítulos del libro describen su ascenso político y su lucha continua contra el apartheid en Sudáfrica.

    ¿Deseos de venganza? ¿Resentimiento? ¿Frustración porque le robaron la mitad de su vida? Los interrogantes son muchos, como muchas las respuestas. Sin embargo, entendió que el único camino era el entendimiento y aun acuerdo nacional en el que convergieran todas las razas, sin distingos de clanes y, menos, de estratos sociales de los que se sentían orgullosos los bancos de ascendencia británica.

    Colombia hoy se encuentra polarizada. Hay inconformidad, es cierto. Un amplio segmento de la población ve con buenos ojos la oposición que ha llevado al gobierno Petro a ver torpedeadas sus iniciativas en el Congreso y donde quiera que se presentan.

    Pero también hay un margen significativo de aceptación. De aquellos que le apuestan a un cambio. Quieren consideran la actual como la oportunidad única e irrepetible para impulsar reformas sociales e imprimirle un nuevo curso a la historia.

    Sin embargo, la inclinación a uno u otro extremo, nos tiene enfrentados. Es doloroso. Es el catalizador para el estancamiento que vemos en diversos sectores.

    En esa dirección, lo que escribió Nélson Mandela en “Un largo camino hacia la libertad” deja claro un principio que aplica a los colombianos: “Los odios y la falta de respeto a la opinión ajena, nos destruyen. Solo avanzaremos, unidos en una misma dirección y con un clima de paz favorable.”

    Esa fue la esencia de su intervención en la televisión nacional el día que anunció su decisión de llegar al poder por la vía elecciones. Llamó a la unidad y a romper la polarización. Algo que necesitamos con urgencia en estos momentos.


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  • Colombia, el país de los escándalos

    Colombia, el país de los escándalos

    Cada día al encender el televisor nos encontramos con un nuevo escándalo. Por eso el país se encuentra estancado.


    Colombia no ha salido de un escándalo cuando ya se encuentra inmerso en otro.

    Como en un pueblo pequeño donde todavía se comenta del viejo camión de don Facundo que se quemó inexplicablemente y en cuestión de horas, ya se habla de que el alcalde se le apareció a la esposa con un hijo ilegítimo, a quien quiere llevar a casa. “Debe estudiar”, argumenta, mientras la esposa le arroja la ropa desde el segundo piso, ante infinidad de curiosos que no quieren perder detalle.

    Y, antes del mediodía, se comenta en las esquinas y en el parquecito, que a Doris la sorprendió el marido con el lechero. Que el hombre se devolvió del trabajo porque se le quedó la peinilla y cuando los encontró en tremenda y apasionada batalla amorosa, los agarró a plan, con la misma herramienta que terminó siendo la causa para que los descubrieran.

    Así nos encontramos en el país. Escándalo tras escándalo. Uno más truculento que otro. Y por la magia del voz a voz, los hechos terminan dimensionándose de tal manera, que al preguntarle a quien lustra el calzado en la plaza de Cayzedo de Cali, nos da una versión distinta de los últimos hechos que aparecieron en el periódico o el noticiario de televisión. Cada quien le añade un poquito de pimienta al comentario.

    Tan ingeniosa cada versión que, si se le pidiera a un parroquiano explicar el cuento de Caperucita Roja, del autor francés, Charles Perrault, diría que la abuelita acabó con el lobo a garrote, desesperada porque la nieta no traía nada para comer y que, en el colmo de su irracionalidad, se comió al animal en estofado con papas fritas.

    Ahora nos encontramos con las nuevas revelaciones sobre la corrupción en la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo (UNGRD) Y concluimos que tanto a Samper como a Petro, se les fue el gobierno saliendo en defensa de su gestión. Lamentable.

    (c) Fernando Alexis Jiménez


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  • Los circos pobres se están muriendo en Colombia

    Los circos pobres se están muriendo en Colombia

    En Colombia se estima que hay 300 circos pobres. Sobreviven de milagro. Hay noches de presentación en la que no entran más de 20 espectadores. Un oficio que se ejerce por amor al arte.

     

    Los circos de pueblo, aquellos cuya llegada se anunciaba con grandes parlantes en un carro viejo engalanado por los payasos que repartían hojas volantes invitando a las funciones, mientras que una decena de niños los seguían en una fiesta inacabable de risas, están muriendo. Es un sepelio con pocos dolientes que, en una era de alta tecnología, prefieren ver las películas en televisión por cable, antes que invertir los $5 mil pesos que cuesta asistir a una función nocturna.

    “Esto ya no da para vivir. Lo más que entra en una noche son ciento mil pesos que toca repartir entre los siete artistas: la contorsionista, el animador, tres payasos, el que amaestra los perritos que bailan música colombiana y la señora que vende las boletas y las crispetas de colores y manzanas almibaradas.”

    Jorge Enrique Sandoval es uno de los payasos del Circo de la Alegría, que encontré el fin de semana que pasé en el corregimiento de Potrerillo, comprensión de Palmira. Al mismo tiempo es el propietario, quien hace los contactos con las autoridades locales para que los dejen presentarse, consigue el terreno en alquiler, habla con el dueño de la tienda más cercana para que les fíen el mercado y gestiona una casa donde les alquilen un baño y el servicio sanitario.

    ¿Algo más? Sí, es el que revienta cabeza para saber cómo sobrevivir cuando no entran sino quince o veinte espectadores, generalmente de martes a jueves cuando la gente sale cansada del trabajo y lo único que quiere es verse un capítulo de los culebrones repetidos que transmite la televisión en la noche.

    “Hay días que nos toca comernos las crispetas que no se vendieron, y desayunar con maíz azucarado. Pero esto se hace por amor al arte, porque a uno le gusta el espectáculo y, también, porque no hay otra cosa que hacer.”

    La pobreza, infortunadamente, es una de las constantes que asisten a los circos que recorren nuestros poblados colombianos.
    La pobreza, infortunadamente, es una de las constantes que asisten a los circos que recorren nuestros poblados colombianos.

    LOS CIRCOS, CADA VEZ MÁS POBRES

    Los de otrora, aquellos circos con los que crecimos, eran distintos. Traían hasta leones, y no faltaban los trapecistas. Algunas de las contorsionistas eran jóvenes y bonitas, y recuerdo el caso de un espectador que asistió a cada función en Vijes, durante tres semanas, porque se enamoró de una de las artistas. Estaba dispuesto a renunciar a su familia y a su trabajo para seguirla hasta el fin del mundo. Afortunadamente, ella estaba comprometida con el domador del león viejo que cargaban para todas partes y que era la atracción de quienes estudiábamos en la Escuela Policarpa Salavarrieta.

    Los de hoy, aunque con todo el mérito del mundo que les asiste, son payasos arrugados por el paso del tiempo, con un repertorio de chistes y malabares que repiten en todas partes y que reflejan en sus ojos tristes la nostalgia de otros tiempos; de mujeres pasaditas de kilos con mallas remendadas, y carpas de colores llenas de parches de plástico. Se sostienen por puro milagro, desafiando las leyes de la física.


    Teníamos un camión Ford modelo 56 que servía para transportarnos. Lo vendimos en Cartago, porque se varó, y por las circunstancias, nos comimos esa plata rapidito.

    «Si le toma fotos al Circo la embarra porque no vamos a inspirar entusiasmo sino tristeza» me dijo Jorge Enrique, el frío sábado cuando hablamos, después de una función que tuvo lleno total. Se colmaron todas las tablas que hacen las veces de asientos en una suerte de gradería que tiembla cuando uno camina por ella, buscando dónde acomodarse

    “Hacemos funciones especiales para las escuelas, lo que nos ayuda mucho. Nos permiten compensar los días de pérdidas.”, me explicó y mencionó, además de la poca asistencia, una pérdida grave cuando un ventarrón que parecía un ciclón apocalíptico, les tumbó la carpa en Yotoco, Valle. “Nos tocó levantar todo y, de nuevo, remendar la lona. Son esas cicatrices que ve allí y allí…”

    Se estima que en Colombia hay 300 de estos circos, que cada vez son más pobres y amenazan con desaparecer.

    EMPRESAS FAMILIARES

    Muchos de los circos que recorren los caseríos, son empresas familiares. No de otra manera se explica que los artistas carezcan de seguridad social, prestaciones y a veces hasta de sueldo, y no terminen demandando a los dueños.

    “Teníamos un camión Ford modelo 56 que nos acompañó por muchos caminos de Colombia, pero se varó en Cartago y, como no teníamos para repararlo, terminamos vendiéndolo por $5 millones. Esa plata nos la comimos rápido, porque vino una época de lluvia prolongada y, con tanto aguacero en la noche, nadie venía a las presentaciones”. Jorge Enrique es realista. Ya dejó la época del romanticismo que lo llevó a involucrarse en el mundo circense, cuando un pequeño empresario pasó por Montenegro, Quindío, y a él le pareció encontrar la ocupación para el resto de su vida.


    Los circos pobres, generalmente, son microempresas. Sus integrantes a duras penas ganan un sueldo, carecen de prestaciones sociales y, por supuesto, de seguridad social. La terquedad por seguir viviendo del espectáculo.

    ¿Es cierto eso de que tienen un amor en cada puerto? “Puro cuento. Me enamoré de una quindiana de Circasia, pero, aunque me correspondía sentimentalmente, no se le midió a vivir en la incertidumbre de que no tuviéramos qué comer al otro día. Nos vimos tres veces después, pero no logré convencerla de que se viniera a vivir conmigo en el Circo”. Este payaso que lleva más de veinte años en el oficio, se aprendió las risotadas de memoria y las veces que ha sentido una tristeza profunda, la disimula con los múltiples colores con los que cada noche ilumina su rostro.

    Los circos de hoy, los de los pueblos, ya no tienen los leones de otrora.
    Los circos de hoy, los de los pueblos, ya no tienen los leones de otrora.

    HOY AQUÍ, Y MAÑANA ALLÁ…

    Aunque no pasan más de tres semanas en un caserío, nunca saben dónde estarán mañana. La ruta la determina una exploración al poblado más cercano. Lo visitan y averiguan cuánto tiempo hace que no ha venido un circo. Si las condiciones son favorables, entonces enfilan sus bártulos hasta ese lugar.

    Y la rutina comienza de nuevo: buscar el terreno dónde establecerse, una tienda donde les fíen el mercado, el poste de energía del cual se prenden habilidosamente, el dueño de una casa donde les alquilen un baño y un sanitario. Después, arrancan el recorrido por las calles con un parlante gangoso montado en un Renault 4 que se mueve de milagro: “Los esperamos esta noche en el maravilloso espectáculo del Circo de la Alegría…”

    Definitivamente y, hay que admitirlo con tristeza y nostalgia, los circos pobres de Colombia, amenazan con desaparecer…

    (c) Fernando Alexis Jiménez


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  • Julián Assange o el abanderado de la libertad de prensa

    Julián Assange o el abanderado de la libertad de prensa

    El australiano Assange encarna un periodismo comprometido con luchar contra la corrupción en todo el mundo.

    Fernando Alexis Jiménez | Periodista independiente y dirigente sindical


    Julián Assange no es únicamente el fruto de la inmediatez, de la noticia de última hora y, menos, la imagen de alguien que ha sido mitificado en todo el mundo. El australiano es el ícono de aquellos que, sin importar la magnitud del medio alternativo de que disponen, aprovechan cada espacio para denunciar la corrupción, la barbarie y la opresión de los pueblos.

    Salió del anonimato, al entrar ilegalmente en los archivos del FBI. Lo hizo con la complicidad de dos amigos, igual que él. apasionados por los sistemas, utilizando un computador básico con conexión a la Internet.

    En el 2006 fundó WikiLeaks. En el 2010, publicaron las imágenes de las acciones de militares estadounidenses en Irak. Compartieron más de 90.000 documentos secretos, que contenían reportes de EE.UU. de la guerra en Afganistán. Posteriormente se sumaron otras filtraciones, tales como cinco millones de correos electrónicos confidenciales de la empresa de inteligencia privada Stratfor.

    Assange pidió al presidente de Ecuador, Rafael Correa, asilo en la Embajada en Londres para evitar que lo extraditaran. Estuvo allí por espacio de 7 años. Leía, escribía y dirigía el portal, siempre con nuevas denuncias.

    El 11 de abril de 2019 lo sacaron fuera del edificio y fue arrestado por la policía británica. Tras permanecer 5 años recluido, siempre se resistió a ser extraditado a Estados Unidos. Este 24 de junio logró llegar al acuerdo con Washington para salir de prisión y declararse culpable de un cargo de espionaje.

    Sin duda, una vida apasionante. Compromiso con difundir lo que muchos desconocían y desenmascarar los horrores de la guerra. Economía de palabras, rigurosidad al suministrar documentos y una forma carismática de llegar a una audiencia mundial.

    Un ejemplo para quienes ejercemos el periodismo. Fidelidad a lo que se piensa, apego a las fuentes fidedignas y escribir para honrar la verdad.


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  • La educación, la cenicienta de Colombia

    La educación, la cenicienta de Colombia

    Se requiere una Ley estatutaria de educación que consulte la necesidad real del país.

    Fernando Alexis Jiménez | Periodista independiente y dirigente sindical




    La imagen que se desdibuja en el tiempo, es la de un maestro que llega al pueblo, atravesando sus calles polvorientas. Se limpia el sudor y pregunta a un parroquiano dónde queda la escuela. Horas después, está enseñando, en una época en la que el conocimiento estaba libre de la contaminación de la Internet.

    Ese tiempo cuando se leía, se escribía, en el que aprender era tanto como tener la posibilidad de viajar en el tiempo, conocer nuevos lugares y dejar volar la imaginación.

    La letra de la canción lo dice todo: “El cura cree que es ateo; y el alcalde, comunista, y el cabo jefe de puesto piensa que es un anarquista. Le deben 36 meses el cacareado aumento, y él piensa que no es tan malo enseñar toreando un sueldo.”

    Es el texto del tema: “El maestro”, del cantautor español, Patxi Andión, escrito en 1985.

    Describe la situación de los docentes de cualquier lugar de Latinoamérica.  Y de la mano con su problemática, el caótico panorama de la educación que buscaba ser resuelta con el proyecto de reforma presentado por el gobierno nacional y que se hundió, después de haber sido modificado hasta quedar convertido en un Frankenstein, como en la novela de la escritora británica, Mary Shelley.

    De no haber sucumbido por falta de tiempo en el Congreso, la formación de las nuevas generaciones habría quedado en manos del sector privado, al tiempo que habría naufragado el Sena.

    Los colombianos que valoran la educación pública, porque cursaron la primaria, la secundaria y el pregrado en una universidad estatal, no pueden permitir que se convierta en un servicio excluyente, por el que se deba pagar. Si lo permitimos, infinidad de jóvenes quedarían al margen de un futuro prometedor.

    Se requiere una Ley estatutaria de educación que consulte la necesidad real del país, y no el adefesio en el que quisieron convertirla en el Congreso.



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  • El SUGOV se solidariza con la lucha nacional del magisterio

    El SUGOV se solidariza con la lucha nacional del magisterio

    El Sindicato Unitario de la Gobernación del Valle del Cauca—SUGOV—expresa su solidaridad con la lucha del magisterio a nivel nacional y, une sus fuerzas hoy y mañana que son decisivos ya que se decidirá la suerte del proyecto de Ley Estatutaria Docente.

    La iniciativa presentada por el gobierno nacional era altamente beneficiosa para la educación en Colombia, garantizando la oportunidad de formación para todos, en todos lo niveles. Sin embargo, en el Senado terminó convertida en un Frankenstein, la magistral novela de Mary Shelley.

    A estas alturas, lo mejor que puede ocurrir, es que el proyecto de Ley se hunda, ya que como lo conciben Cabal y la Valencia, a quienes favorece es a las instituciones privadas, al tiempo que le da el puntillazo final al Sena.

    Como dirigencia sugoviana llamamos a todos los afiliados y simpatizantes a apoyar hoy y mañana la Carpa de la Resistencia ubicada en la plazoleta de San Francisco. Tenemos el compromiso de acompañar a los docentes en el paro. La lucha de los maestros es la lucha del pueblo colombiano por una educación digna.

    Junta Directiva – SUGOV


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  • El día que la montaña perdió sus colores

    El día que la montaña perdió sus colores

    Los campesinos colombianos siguen inmersos en un conflicto interno cuyas dimensiones desconocen y del que, por supuesto, no quieren tomar parte.

    Fernando Alexis Jiménez | Periodista independiente


    Resulta irónico que en menos de 20 meses el gobierno nacional haya entregado más de 70 mil hectáreas de tierra a los campesinos, y que hoy sean los propios campesinos de piel curtida y manos encallecidas por una toda vida dedicada a los cultivos, quienes no quieran permanecer en las zonas rurales por temor a los enfrentamientos de los grupos armados.

    El silencio de los atardeceres o la tranquilidad de las noches, como si el tiempo se hubiese detenido, se ve interrumpido por el tableteo de fusiles de las organizaciones que se disputan territorios. Son víctimas de un conflicto que no alcanzan a entender.

    Al sinnúmero de venezolanos que recorren las autopistas con los pocos bártulos a cuestas, como los caracoles, se suman hoy nuestros connacionales que huyen de sus fincas por temor a verse inmersos en las confrontaciones, que ya perdieron su matiz ideológico y rayan en lo demencial, porque se desconoce cuándo comienzan, en qué momento terminan, y las razones de fondo que las alimentan.

    Los parques de algunos poblados en el sur del Valle, en el Cauca y buena parte de Nariño y Putumayo, permanecen solitarios. Sin duda, como consecuencia del temor de que en cualquier momento explote un vehículo.

    En estas circunstancias toma vigencia la temática que aborda “Los colores de la montaña”, la película magistral estrenada en el 2011, bajo la dirección de Carlos César Arbeláez.

    Muchos campesinos no saben qué hacer en medio de la conflictividad. Por eso terminan muertos. A decir verdad, lo que más les preocupa es cosechar, no inmiscuirse en otros asuntos. Y a su crítica situación se suma el que, nuevamente, los campos siguen siendo blanco del minado.

    Junto con ellos anhelamos que más pronto que tarde, cantemos juntos la estrofa del himno nacional: “Cesó la horrible noche”, porque—por ahora—las montañas perdieron sus colores.


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  • La corrupción en el sector público debe terminar

    La corrupción en el sector público debe terminar

    La Contraloría General dejó al descubierto lo que venía ocurriendo en la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo, con múltiples irregularidades en el manejo presupuestal. Inconcebible.

    Fernando Alexis Jiménez | Periodista independiente y dirigente sugoviano


    Eloísa Erazo Rojas arribó a Cali huyendo de las borracheras de su marido, Edison, quien se embriagaba cada fin de semana, después de salir de una finca en Samaniego, y llegaba a casa a acabar con todo y con todos.

    Le temía a la mirada encendida de odio, a la contundencia de los golpes y a las múltiples incoherencias que decía, preso de un delirio interminable, como si el aguardiente que se bebía en la fonda estuviera mezclado con veneno de escorpiones.

    La mujer venía con dos maletas grandes y tres niños pequeños.

    “Dormimos tres noches en la terminal de transportes y, finalmente, cuando me vieron pidiendo sobras en un restaurante, alguien me habló de una vivienda barata de alquiler.” A vuelta de pocas horas estaba asentada en la ladera, en el barrio Siloé, ese conglomerado de casas que parece un pesebre, sobre todo en las noches cuando se ven luces aquí y allá y, en lo alto, una estrella multicolor.

    Eloísa junto con sus hijos fue una de las víctimas del deslizamiento de tierra, a finales de noviembre del 2016, que dejó seis personas muertas, una decena de heridas y a sinnúmero de familias en la calle.

    Dio su nombre en un censo y quedó esperando la ayuda que, le dijeron, vendría de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo. Nunca llegó.

    Sí, la misma entidad que desde hace poco más de cuatro años, anidaba un entramado de saqueadores que sustrajeron alrededor de 5 billones de pesos, de forma taimada, mientras informaban que hacían su mejor esfuerzo por ayudar a las víctimas de los desastres.

    Eloísa vende empanadas y papas aborrajadas, junto a la plaza de Cayzedo. Jamás volvió a Nariño, como tampoco oyó más de la ayuda de la Unidad del Riesgo. 

    Como ella, infinidad de colombianos no comprenden que haya quienes aspiran a ocupar cargos públicos en diversas entidades, para esquilmar y no para servir…


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  • La tecnología está acabando con los tipógrafos de barrio

    La tecnología está acabando con los tipógrafos de barrio

    Se estima que en Colombia hay más de doce mil tipógrafos que están viendo arrasados sus negocios por cuenta de la tecnología.

    Fernando Alexis Jiménez | Periodista independiente y dirigente sindical


    Su agonía comenzó hace doce años, aproximadamente. Las casi doce mil víctimas que se estima, hay en Colombia, no alcanzaron a advertirlo con antelación. Fue un proceso tan lento, que apenas sí pudieron advertir los cambios. Una muerte progresiva y, cuando abrieron los ojos, además de los letreros que pendían encima de la puerta principal de los negocios, el obituario invitando al sepelio.

    “La llegada de la tecnología me pareció un avance significativo; lo que jamás imaginé, es que iba a terminar en la calle.” Edison Olarte, se crio entre las imprentas, impregnado con el olor a tinta y el tas-tas-tas de las máquinas encarrando papel o cartulinas impresas. Sí, ya se dio cuenta. Me estoy refiriendo a la progresiva muerte de las tipografías de barrio.

    Olmedo Franco es uno de los fundadores de carteles La Linterna, en el barrio San Antonio, de la Sultana del Valle. Con este oficio ha sobrevivido por décadas. Ahora el panorama luce sombrío. Alrededor, el ambiente con olor a pintura y décadas de una aventura quijotesca que, es tan intensa, que hasta puede respirarse.

    “Hemos batallado a brazo partido para no cerrar. Este es un patrimonio de Cali”, nos dice mientras muestra las paredes adornadas con múltiples afiches, a uno o más colores que anuncian desde corridas de toros, pasando por manifestaciones obreras, hasta las presentaciones apoteósicas que hacían el Grupo Niche y Guayacán.

    Es la misma sensación de incertidumbre que sienten en el barrio Ricaurte, de Bogotá; San Nicolás, en Cali; Pino Pardo, en Popayán o la avenida Santander, en Pasto.

    Las tarjetas de invitación a matrimonios, bautizos, a diversos eventos o las de negocios, fueron reemplazadas por piezas gráficas que se elaboran fácilmente y sin costo alguno, en Internet. Luego se comparten en redes sociales.

    “La tecnología nos acabó”, me dijo Carvajalito, que tiene un emprendimiento litográfico y el viernes, cuando tomábamos tinto, acababa de feriar una de sus máquinas.


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  • ¿A quién favorece un golpe de Estado en Colombia?

    ¿A quién favorece un golpe de Estado en Colombia?

    En medio de un país polarizado, en el que las sensibilidades políticas afloran fácilmente, promover un golpe de Estado es desatinado.

    Fernando Alexis Jiménez | Periodista independiente y dirigente sindical


    La propuesta del ex presidente, Álvaro Uribe Vélez, de generar insubordinación de las fuerzas militares, no hace otra cosa que alimentar el caldo de cultivo para un golpe de Estado, sea de facto o de carácter blando, en contra del mandatario Gustavo Petro.

    Es un país democrático es apenas natural que haya quienes no compartan las políticas gubernamentales. Pero de ahí a proponer un cambio en el orden institucional, a la fuerza o mediante triquiñuelas, hay una brecha enorme. Es desconocer la tradición democrática que ha acompañado a Colombia, salvo en el período del general Rojas Pinilla.

    El militarismo en el poder en América Latina no ha dejado buenas experiencias. Desaparecidos, torturados, asesinados y centenares de familias llorando a sus seres queridos que, en medio de un proceso golpista, salen y jamás regresan.

    El mejor retrato que podemos tener, se describe en la película “La noche de los lápices” que describe el drama de los líderes sociales tras el arribo de Augusto Pinochet al poder, en Chile.

    Vamos ahora al escenario de un golpe blando. Ya se vivió la experiencia con el maestro Pedro Castillo, en el Perú. El mandato de Dina Boluarte ha sido inestable, en materia social, política y económica. Están viviendo uno de sus peores momentos, ni siquiera comparable a cuando gobernaba el funesto Alberto Fujimori.

    En la época de Uribe los niveles de inconformidad eran muy altos. Pero jamás se habló de un movimiento golpista. No obstante, el ex mandatario que nos evoca las mejores escenas del “Otoño del patriarca”, de Gabriel García Márquez, sí contempla pasar por alto la democracia, aun cuando él mismo se proclama demócrata. Las contradicciones que le asisten siempre.

    Una dictadura no es buena, ni de derecha ni de izquierda. Y, por supuesto, un golpe de Estado no favorece a nadie en el país. Por el contrario, alimentaría los vientos de la desgracia, afectando a los más vulnerables.


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